La incorporación al trabajo tras las vacaciones y la adaptación a un nuevo ritmo de vida puede derivar en estrés. En general, este proceso no es muy intenso para la gran mayoría de las personas, pero en algunos casos se precisa de un abordaje profesional, ya sea médico o psicológico. Aun así, Unipresalud ha elaborado una serie de consejos para superar o prevenir alguno de estos trastornos.

El estrés es un proceso normal de adaptación a las demandas del contexto pero si es muy intenso o se le suman otros problemas pueden desarrollarse los siguientes síntomas: cansancio generalizado, fatiga, falta de sueño, dolores musculares, falta de apetito o de concentración, irritabilidad, tristeza, falta de interés o nerviosismo, etc. Para superar o prevenir este periodo de adaptación de una forma más rápida y llevadera el Especialista en Disciplina Ergonomía y Psicosociología de la Dirección Actividad Técnica de Unipresalud, Pablo Miralles, recomienda las siguientes pautas conductuales:

1. Descanso antes de volver a la rutina. Se aconseja no alargar las vacaciones hasta el día anterior de empezar a trabajar. Es mejor volver un par de días antes para que la adaptación a la rutina y a los ritmos de sueño y comidas sean más paulatinos.

2. Horas de sueño y saber relajarse. Dormir lo suficiente, una media de ocho horas y practicar la relajación con cierta asiduidad en los momentos en los que el cuerpo y la mente puedan necesitar un respiro.

3. Conocer los límites. Saber seleccionar las actividades prioritarias cuando no se puede hacer todo.

4. No analizar continuamente los problemas o las alternativas: esto produce ansiedad. El estrés que produce un problema o situación depende de las consecuencias que se prevén, pero a veces se exageran las consecuencias negativas.

5. Dejar el trabajo en la oficina (tanto los papeles, como las preocupaciones). Saber desconectar proporciona bienestar durante los ratos libres de los que se dispone.

6. Exponerse poco a poco a las situaciones a las que se tiene pánico. Aprender a decir no, ser sociable, delegar, pedir ayuda, etc.

7. Pequeña pausa para la comida. Conviene usar el tiempo de comer como momento de descanso y aprovecharlo para hacer vida social o familiar.

8. Deporte y entretención. La práctica moderada de algún deporte o ejercicio físico ayuda a la relajación. También es conveniente desarrollar alguna actividad de ocio que sea compatible con el trabajo.

9. La agenda. Comenzar el trabajo poco a poco y a ser posible por lo más grato. Al llegar al trabajo, no empezar la actividad de modo brusco e intenso, sino que es beneficioso permitirse un tiempo para compartir las experiencias vacacionales. La organización del tiempo y de todas las actividades, estableciendo horarios es fundamental para poder descansar, no estar preocupado, no sufrir continuos sobresaltos o olvidos importantes.

10. Una actitud optimista y positiva. Reforzar las conductas positivas de las personas de nuestro entorno, con aprobación, halagos, sonrisas o pequeños detalles. Y, a su vez, corregir las conductas negativas dándoles la información a tiempo pero sin culpas ni otros castigos.

Colectivos más vulnerables

Algunos grupos son algo más proclives a sufrir ansiedad. En cuanto a carreras profesionales, los profesores son una de las profesiones consideras más vulnerables, ya que casi la mitad de estos profesionales padecen altos niveles de estrés (por ejemplo, porque tienen serios problemas para controlar la conducta de sus alumnos en el aula, o han sufrido amenazas, tendrán una vuelta al nuevo curso mucho más complicada). Por otro lado, las personas que no han descansado porque no pueden tener vacaciones, a las que personas que no les gusta su trabajo o las que consumen tranquilizantes desde hace años el estrés postvacacional puede suponerles un esfuerzo mayor y conllevarles consecuencias más importantes.

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