Solemos prodigarnos de tal forma con las lamentaciones y los chismorreos que erradicarlos del día a día puede convertirse en un auténtico reto personal. Esto es lo que propuso a sus alumnos Xabier Satrústegui “Soma”, director de la escuela de yoga Witryh. Lo hizo en 2009 y, según señala, muchos de ellos continúan hoy intentándolo. “Todo el mundo creía que lo superaría fácilmente, pero no fue así. Lo consiguieron muy pocos y al cabo de varios meses. Es muy divertido y nos permite percatarnos de muchas cosas de las que no éramos conscientes”, dice.

La idea original nació de la mano de Will Bowen, un pastor estadounidense que, en sus sermones, proponía a sus protestones feligreses permanecer 21 días sin quejarse.Para facilitarles la cosa, repartió una pulsera morada que debían cambiarse de muñeca cada vez que se lamentasen de algo, para poner el contador a cero y empezar otra vez. De la iniciativa surgió un super-ventas y un movimiento con miles de seguidores en todo el mundo.

Quejarse está a la orden del día entre todos los sectores de la sociedad, y no sólo en tiempos de crisis como los que vivimos. La costumbre nacional de criticar y descalificar en la sobremesa o en el bar, en lugar de actuar y pasar a la acción contribuye a crear un ambiente de negatividad en el que es fácil sentirse una víctima impotente ante todo lo que acontece.

La realidad es que con cada queja hacemos que el problema crezca. Satrústegui lo expresa poéticamente: “Lo mismo que la nieve sólo se derrite cuando el sol aparece, sólo evolucionas cuando, ante lo que odias, hagas que el amor esté presente”.

¿Por qué 21 días? Dicen los psicólogos que un hábito se forma en este periodo de tiempo. Pero lo más probable es que deshacer el hábito del chismorreo y la queja te lleve bastante más. A los alumnos más veloces les llevó cinco meses, pero quizá tú puedas batir ese récord. Eso sí, ya que no hay nadie espiándote por encima del hombro, debes ser muy sincero contigo mismo. Como apunta Satrústegui, es más efectivo alcanzar la meta en cinco años de forma sincera que en cinco meses con mentirijillas.

Antes de subir al carro, dos apuntes que hacen el reto factible: si pasa por tu cabeza pero no llegas a expresarlo, no cuenta. Sólo sirven las quejas exteriorizadas; de otra forma, ni Santa Teresa pasaría la prueba. Esta es una buena oportunidad para frenar y no dejar que la lengua vaya por delante del pensamiento. La idea es que, al cabo de tres semanas sin criticar ni quejarte, también dejarás de hacerlo mentalmente.

En segundo lugar, aunque el movimiento de Bowen recomienda utilizar las pulseras que venden en su propia web, no son para nada imprescindibles. Cualquier cosa servirá: un anillo, una piedra en el bolsillo o incluso una cinta en el pelo.

“La vida se transforma a tu alrededor cuando adquieres el hábito de no quejarte, criticar, chismorrear o victimizarte. El paraíso comienza a crearse en tu entorno, el entusiasmo florece, el sufrimiento desaparece, la autoestima crece y la felicidad amanece”, dice Satrústegui. Ahí es nada.

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