Por Raimundo Silva

Es probable que más de alguna vez te hayas sentido muy desbordado o sobrepasado con las eventualidades externas de tu vida, momentos en que se te cerraron las puertas y te hayas sentido como en una balsa a la deriva en un océano tan vasto, que sólo olas amenazantes podías observar. Podríamos llamarlo depresión, pero no nos vamos a aventurar con términos clínicos porque esta reflexión va para otro lado.

A modo de ejercicio mental – siguiendo con la metáfora de la balsa – el camino que yo tomaría en ese contexto sería respirar muy profundo hasta alcanzar un estado meditativo que me permita bajar las revoluciones, la ansiedad y conectarme con mi paz interior, que no puede afectarse con nada, ni siquiera estando a la deriva, porque mi paz trasciende incluso mi propio cuerpo.

Sin tratar de resistirme a la situación actual, la acepto tal cual es en su tiempo presente, y permito que el dolor fluya libremente a través mío sin juzgarlo ni interpretarlo. Doy la bienvenida a la pena, al miedo y a la incertidumbre de un nuevo escenario poco deseable, donde a primera vista creo no tener el control de nada, y en el que no sé cuánto tiempo estaré.

Recién entonces vería cuáles son mis oportunidades. Es obvio que son pocas, pero puedo moverme, puedo respirar, pensar, recordar, sentir; llorar, puedo soñar, meditar, rezar; y sobre todo PUEDO APRENDER.

Yo exploraría los equipos de emergencia de la balsa, leería cuidadosamente las instrucciones, tomaría los elementos de pesca y aprendería a usarlos, luego vería cómo desmenuzar un pez para comérmelo imaginando que tengo salsa de soja a mano. Tomaría el dispositivo para purificar el agua salada y en 30 minutos ya lo estaría usando. Con esa actitud valoraría y agradecería enormemente cada pequeño paso que voy dando en el proceso de mi propia supervivencia. Lo importante es no permitir que la desesperación me gobierne, ni que el ego consiga que yo me identifique con el rol de víctima.

Finalmente ahí está la clave de la superación: APROVECHAR LAS POCAS HERRAMIENTAS DISPONIBLES Y EL ESCASO METRO CUADRADO PARA HACER DE MI VIDA LA MEJOR EXPERIENCIA POSIBLE, SIN IMPORTAR LO ADVERSAS QUE PUEDAN PARECER LAS CIRCUNSTANCIAS.

No olvidar que lo que solemos llamar “problemas”, no son más que interpretaciones personales de lo que hay, o bien son asignaturas pendientes para superarnos. Pues si tomamos las decisiones correctas sin dejarnos llevar por el pánico, seremos capaces de llegar a tierra firme mucho más fortalecidos, resilientes y con nuestro espíritu elevado en un nuevo estado de conciencia y gratificación personal.

Raimundo Silva