Por Sara Espejo

La envidia es uno de los sentimientos más corrientes, pero menos sanos que puede existir en el ser humano. La envidia no permite alegrarse por el logro de los demás, dificulta el poder reconocer el esfuerzo y los méritos de otro, limita el deseo de que otros vivan cosas interesantes y de que la felicidad toque una puerta distinta a la propia.

No sabemos con certeza quienes a nuestro alrededor pueden sentir envidia hacia nuestras vidas, algunas personas dejan ver sus costuras y hacen evidente su incomodidad ante nuestros logros, mientras que otros desde el autocontrol, celebran y sonríen mientras que por dentro se lamentan de lo bueno que nos pueda ocurrir.

No vamos a ir por la vida descifrando a quienes nos rodean, mientras no nos afecte, nosotros debemos seguir con nuestras vidas, si se alegran de corazón, nos apoyan y disfrutan, perfecto, pero en caso contrario, son ellos los que llevarán su lamento y su frustración. Aunque algunos toman acciones para sabotear, tienden a fracasar en sus intentos.

Lo que sí resulta de utilidad es tomar acciones en caso de percibir algo extraño, sin ser demasiado radicales, es positivo rodearnos de personas que al menos creamos quieren y procuran lo mejor para nosotros.

La envidia puede estar tan cerca que lleve nuestra sangre, o inclusive puede provenir de quien nos juró amor en las buenas y en las malas. Muchas veces quien la siente lo hace de forma involuntaria e incluso ante determinados estímulos, es decir pueden envidiar en un momento determinado algo puntual, esto no los coloca del lado de la mejor compañía, sin embargo, los suma a la gran mayoría, que tiene un punto sensible en donde siente algún tipo de incapacidad para desarrollarse o para alcanzar una posición deseada.

La envidia no determina que una persona sea buena o mala, definitivamente no es una virtud, pero es lo que la persona haga con ese sentimiento lo que marcará la diferencia. Una mujer intentando quedar embarazada puede sentir envidia de cada madre, de cada mujer en gestación que se cruce en su camino, ella siente una limitación, le cuesta alegrarse porque otra persona tenga lo que ella añora, pero no por ello hará algo en contra (normalmente).

Lo que no entiende la gente envidiosa es que la vida nos da desde nuestra vibración, cuando envidiamos, estamos dando una declaración de que no lo conseguiremos, de que otros pueden y nosotros no y eso es lo que normalmente seguiremos manifestando en nuestras vidas, por ver desde la escasez, desde la limitación. Mientras que si vemos con admiración lo que deseamos en nuestras vidas, en la de alguien más, esteremos vibrando desde la prosperidad, dándole cabida en nuestros espacios y cuando menos lo pensemos, estaremos viviendo la experiencia de aquello que deseamos.

Por ello cuando mires en otro lo que te gustaría en tu vida, observa tus emociones,¿te sientes cómodo o por el contrario, te sientes a disgusto? Usa esa guía emocional para potencia o modificar tus pensamientos al respecto, acostúmbrate a sentir positivo, a pensar positivo, a reconocer, a aplaudir y a celebrar todo lo bueno que a otro le ocurra. De esa manera estarás abriendo el canal para que tú también lo vivas.

Vibra alto, admira y ama más… Las demás cosas positivas vendrán solas.

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