Por «Todos juntos»

“La sociabilidad es tanto una ley de la naturaleza como lo es la lucha mutua. ¿Quiénes son más aptos, aquellos que constantemente luchan entre sí o, por el contrario, aquellos que se apoyan entre sí?»
P. Kropotkin

A través de la historia de la humanidad hubo distintas posiciones científicas sobre la teoría de la evolución. Los descubrimientos de Charles Darwin sostuvieron que la lucha por la supervivencia constituyó el principio dominante de la naturaleza en general y de las sociedades humanas en particular. Las posteriores investigaciones no descartaron el enfoque darwiniano sino que lo completaron. Peter Kropotkin observó que la naturaleza mostraba la lucha entre diferentes especies y entre grupos de una misma especie, pero en términos generales se llegó a la conclusión que la convivencia pacífica y el apoyo mutuo prevalecían dentro del grupo y la especie.
Actualmente vemos que en las especies en las que está más desarrollada la solidaridad y la ayuda recíproca entre los individuos, son mayores las posibilidades de supervivencia y evolución. Para citar un ejemplo podemos observar el comportamiento de las hormigas, entre ellas no existe la lucha ni la competencia por el alimento entre los miembros de un mismo hormiguero o de una colonia de hormigueros. La ayuda mutua dentro de la comunidad, la abnegación en beneficio común se ha transformado en costumbre, y el sacrificio en bien común; es la regla general.
Lo mismo tendría que suceder en la sociedad humana, tomar conciencia que sin la ayuda mutua no podríamos mantenernos más allá de una generación.
Reconocer la importancia que tiene la cooperación y la ayuda mutua en la adaptación social no contradice de ninguna manera la teoría de la selección natural de Darwin. El apoyo mutuo es un factor biológico de evolución, tal es así, que podemos afirmar que el principal papel en la evolución ética de la humanidad fue desempeñado por la ayuda mutua y no por la lucha mutua. En la amplia difusión de los principios de ayuda mutua -aun en medio de una crisis global- lo vemos también como la mejor garantía de una evolución más elevada del género humano y aquí entra en juego el instinto de sociabilidad. Este instinto enseñó por igual a hombres y animales a tener conciencia del placer que se puede hallar en la vida social.
Si observamos la psicología de los animales y la ética humana -el amor, la simpatía y el sacrificio- naturalmente desempeñan un papel enorme en el desarrollo progresivo de nuestros sentimientos morales. Además, se ha creado sobre la conciencia -aunque sea instintiva- la solidaridad humana y de la dependencia recíproca de los hombres. El apoyo mutuo se construye entonces sobre el reconocimiento inconsciente de la fuerza de la práctica común de dependencia estrecha entre los seres vivos. Son los sentimientos de justicia o equidad que obligan al individuo a considerar los derechos del grupo por encima de los individuales. Por lo tanto si nos preguntamos: ¿Quiénes son más aptos, aquellos que constantemente luchan entre sí o, por el contrario, aquellos que se apoyan entre sí? Enseguida vemos que los animales que adquirieron las costumbres de ayuda mutua resultan -sin duda alguna- los más aptos. Tienen más posibilidades de sobrevivir como individuos y como especie, y alcanzan en sus correspondientes niveles el más alto desarrollo mental y organización física.
A manera de síntesis podemos mencionar que la adaptación de los seres vivientes a su medio ambiente, su desarrollo progresivo, anatómico y fisiológico, el progreso intelectual y aun el perfeccionamiento moral, son fenómenos que empezaron a presentársenos como parte de un proceso común. Comenzamos a comprenderlos como una serie de esfuerzos ininterrumpidos, como una lucha contra diferentes condiciones desfavorables, pasando por varias crisis -desde el inicio de la historia- en una lucha que condujo al desarrollo de individuos, razas, especies y sociedades tales que hoy nos definen. Es entonces en esta época de crisis global que debemos tomar el ejemplo de las leyes de la naturaleza para saltar al próximo peldaño de la evolución humana: apoyarnos mutuamente para construir una nueva sociedad en concordancia con la naturaleza.

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