Por Paulina Ellahueñe
(Escultora).

«En la medida en que lograba traducir mis emociones en imágenes, es decir, hallar aquellas imágenes que se ocultaban tras las emociones, sentía una tranquilidad interna. […] Mi experimento me afirmó en la convicción de lo valioso que es, desde el punto de vista terapéutico, hacer conscientes las imágenes que se hallan detrás de las emociones.»

-Carl G. Jung 1964-

Hablar de barro, arcilla, cerámica, es remontarnos a tiempos inmemorables donde el hombre busco y encontró casi por azar una manera de conservar mejor sus alimentos y agua, hasta ocupar utensilios en ceremonias y ritos de transición funerarios, o representara a los Dioses, en muchos casos alrededor del mundo, el plasmar su realidad en verdaderas obras de arte, la cual le ayudan a comprender su presente, y a generaciones nuevas a comprender el pasado, entonces crea un puente sin tiempo ni espacio, puesto que ya no es ni pasado, ni futuro, sino un presente continuo.

Trabajar con el barro nos permite conectarnos, no solo con nuestro pasado mas primitivo, sino también nos permite poder experimentar, reflexionar y vernos reflejado en el, tanto en el proceso como al termino de una pieza de cerámica.

Muchos estudios comprueban que cuando el arte es trasladado hacia caminos terapéuticos, podemos descubrirnos,  comprendernos, aceptarnos, enfrentarnos a los miedos, ver nuevas posibilidades, darnos cuenta, encontrar relaciones y respuestas a situaciones determinadas, trabajar con los sueños, conectarnos y liberarnos emocionalmente, entre muchos otros beneficios que nos otorga esta noble experiencia.

Reconocernos como seres humanos, nos permite construir mejores y nuevas realidades, en la cual aprendemos juntos. El trabajo con la arcilla, y posterior cerámica nos ayuda a vernos desde un plano tridimensional, desde la forma y el color, pues descubrimos nuestras propias formas y colores. Es un trabajo que requiere tiempo, concentración, en muchos casos meditación, comprendemos mejor las estaciones, las etapas de la vida, los inicios, finales e inicios, lo impermamente.

Trabajamos con los cuatro elementos, tierra, agua, aire y fuego, de ellos depende los resultados de nuestras obras al terminar el proceso. La podemos trabajar de manera personal o grupal, en ambas aprendemos y comprendemos situaciones valiosas de la vida misma.

Es una experiencia que todos podemos vivir, a cualquier edad, en cualquier ocasión.

“No soy lo que soy, soy lo que hago con mis manos”

-Louise Bourgeois-

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