Por Arturo Berger Maturana

Vivimos cotidianamente en un mundo donde se nos enseña a estar siempre alertas, adelantándonos y controlando lo más posible todo lo que ocurre o “podría ocurrir”. Un mundo donde se tiende a enfatizar en los problemas, las tragedias y las falencias de cada país o nación, por ejemplo a través de los medios de prensa habitual. Se nos enseña, además, a temer o estar con el “switch paranoico” en cuanto a nuestro entorno y las personas pues cualquiera de estas podría querer hacernos mal o aprovecharse de nosotros. Y todo esto viene desde pequeños, desde la educación formal hasta la informal, pasando por la social.

Hoy en día, tenemos altas tasas de estrés, depresión, ansiedad, desórdenes alimenticios y del ánimo, suicidios, etc. Hoy en día es común que nos veamos (o escuchemos a otros) muy contracturados y tensos. Y lo paradójico es que nos preguntamos el “por qué”, sin darnos cuenta de cómo esa dinámica y ambiente en que nos encontramos es en gran parte causal y potenciador de esa sintomatología y estados. Incluso más: se hace mucho más común verlo en las grandes ciudades y urbes,  de grandes construcciones, tránsito y ruido, y no tanto así en las zonas más rurales o más conectadas y cercanas a la naturaleza, el silencio y ritmos más tranquilos, lo que también “llama la atención”. De la misma forma, cada vez más se encuentran personas que quieren y buscan cambios en su vida que les permitan soltar esa tensión, estrés, malestar e infelicidad que ahoga o agobia.

Esto vengo observando desde que inicié mi formación profesional. Eso he notado en los diversos ámbitos en que me he desempeñado, y también en el día a día en cualquier calle o recinto. Y a la par, he observado cómo las miradas de las personas y sus actitudes cambian cuando sueltan muchas de esas cargas y comienzan a observar y participar de aquello positivo, nutritivo y maravilloso que también se encuentra a su alrededor. Como al soltar excesos de pensamientos o controles las cosas se facilitan y se hacen más llevaderas. Cómo, al estar más presentes y conectados son capaces de disfrutar y saborear la vida de formas que antes ni siquiera se habían dado cuenta que podían hacer.

Desde toda esta observación y perspectiva, nace una idea y un proyecto: Felicidadores, cuyo objetivo esencial es el desarrollar, potenciar, entrenar y contagiar la felicidad y bienestar, a través de las personas que quieran trabajar en estas para sí mismas y para compartir y contagiar esto con sus entornos directos (familia, amigos, compañeros de trabajo, barrio, comunidades, organizaciones, etc.). Nace un deseo de acompañar y ayudar en el redescubrimiento de medios y formas de disfrutar del día a día y de saborear los pequeños detalles de la vida, a través de distintos ámbitos tales como la atención psicológica, talleres, charlas y relatorías, así como la difusión web de artículos, tips, herramientas y pequeños juegos que incentiven la práctica de estos factores potenciadores de felicidad. El proyecto ya abrió alas e inicia su vuelo y aventura junto a todos quienes quieran sumarse y participar, esperando integrar nuevas perspectivas y enfoques a este gran y bello objetivo que es desarrollar personas que compartan y den felicidad: felicidadores.

¡Bienvenidos a esta aventura!

arturo@felicidadores.cl / contacto@felicidadores.cl

www.felicidadores.cl – Facebook, Instagram y Twitter: Felicidadores