Por Juan Pablo Uribe

Un día llego un sera mi consulta. Como todo paciente me cuenta de sus desventuras y pesares. Me habla de una profunda falta de sentido, de una crisis existencial, de un automatismo en la forma de vivir su presente que le hace sobrevivir ausente de la realidad. Me cuenta que tiene episodios de su historia personal de los cuales no se acuerda. No sabe quién es realmente, de dónde viene y hacia dónde va. Su nombre: Chile.

Chile no es sólo un país, es una entidad física, energética y espiritual y por eso es imperativo que lo observemos como si fuera una persona pasando por una crisis evolutiva. Nuestro pasado histórico visto desde una visión integral bio/energética, encierra hitos significativos que ayudan a re significar nuestro pasado, presente y futuro.

Somos hijos de esta entidad energética llamada Chile. Observarlo desde todos los puntos de vista es imperativo para reorganizar nuestro porvenir y sanar nuestro pasado. Mucho se ha hecho desde la antropología, desde la historia, desde la psicología e incluso desde el arte. Pero nos falta descubrir nuestro país como un ente energético.

Al igual que las personas, los países tienen chakras, meridianos de energía, puntos nodales donde se procesa la información y la conciencia. Poseemos arquetipos simbólicos propios, sincretismos históricos, una conformación astrológica peculiar, un biotipo, arquetipo y prototipo que nos gobierna. Mitos y leyendas que procesan nuestra vida social inconsciente y que a veces nos hacen repetir una y otra vez las mismas lecciones de vida. Hasta que no podamos ver globalmente todos estos aspectos, estaremos destinados a repetir una y otra vez las lecciones hasta aprender y soltar nuestros destinos sociales al poder del alma real del país.

¿Para qué conocer estos aspectos de nuestro país? Pues para vivir mejor, conocer nuestras heridas y observarlas como posibilidades. Para dejar de criticar y comenzar a relacionarme desde un corazón relajado con la sociedad y el territorio en el cual mi propio ser eligió estar.

Somos conciencias nutriendo y siendo nutridas por esta unidad energética llamada país. Hay una misión energética secreta, una historia secreta por descubrir. Hilos invisibles que conforman un solo hilo conductor que lo explica todo. Una corriente de conciencia a la cual es necesario acceder para comprender y relajarse en este «habitar» esta conciencia llamada Chile.

Así como un paciente, cuando Chile comprenda su pasado, podrá dejarlo en paz. Cuando deje el pasado en paz, podrá vivir conscientemente su presente y desde ahí relacionarse significativamente con lo que está viviendo. Podremos ver el campo cuántico de sincronicidades en las cuales estamos metidos cada uno de sus participantes. Y lo más importante, podremos ver el sentido de todo nuestro transcurrir.

Nuestras heridas son nuestras lecciones del pasado, nuestras carencias son nuestras áreas de «expertice». Desde estos espacios problemáticos nacen nuestros talentos como país, sólo si los observamos ya no como problemas a solucionar, sino como «temas existenciales» por los cuales tenemos que transitar para «re/ cordar» en nuestro corazón el sentido de haber nacido aquí.

Para conocer más sobre nuestro Chile desde esta mirada, te invito al curso La Herida Bioenergética de Chile que realizaré el sábado 30 de agosto en Fundación Pindal.

Encuentra más información en www.fundacionpindal.cl