Por Macarena Achurra

El actual rostro del programa Mi Lado Dulce de Canal 13 Cable, nos cuenta cómo pasó de ser una joven bulímica a una activista de la comida saludable, nos comparte claves para enseñar a los niños a comer bien y nos entrega sus recetas favoritas.

Connie Achurra creció en una familia reconocida y talentosa. Es hija de Patricio Achurra y hermana de Ignacio, también actor, a quien describe como “el mino del curso”. Esto a ella le afectó en su adolescencia, porque se sentía inferior, una inseguridad que se desencadenó en una bulimia aguda que la afectó entre los 13 y los 22 años.

Una enfermedad silenciosa y terrible que la mantuvo atrapada por nueve años y con entre 6 y 10 kilos de sobrepeso por su adicción al azúcar, que saciaba con atracones incontrolables de helados, galletas y otros dulces, los que luego vomitaba a escondidas. Connie vivió un verdadero infierno, hasta que su hermano la descubrió y decidió pedir ayuda.

Después de intensos tratamientos de todo tipo: sicológicos, alternativos y psiquiátricos; Connie logró salir de esta enfermedad, cambiando radicalmente su alimentación, convirtiéndose hoy en una fiel activista de la comida saludable, eliminando por completo de su despensa y de su vida a sus principales enemigos: el azúcar y los refinados.

Hoy Connie está sana y en su mejor momento. Es madre Julieta y Luciana dos niñas de 8 y 7 años, tiene dos emprendimientos propios, uno de talleres de comida saludable y otro de decoración de muebles; y es conductora del programa Mi Lado Dulce de Canal 13 Cable, donde todos los domingos a las 13:00 hrs. entrega recetas de repostería y recomienda lugares para comer en Santiago en su “Ruta saludable”. En El Definido conversamos con ella y esto fue lo que nos contó.

¿De dónde nace tu pasión por la comida natural y saludable?

“Yo tuve trastornos alimenticios y una relación muy tóxica con la comida desde los 13 a los 22 años. El tema del peso y la comida ha sido el tema de mi vida, y cuando nacieron mis hijas sentí que era el momento de hacer un cambio profundo y empecé a sanarme a través de un gran cambio en la alimentación. Fue ahí donde me encontré con estos nuevos ingredientes nobles y frescos que me hicieron cambiar el paradigma de las calorías por los nutrientes. Así me puse a cocinar y me di cuenta que me resultaba fácil y que además me encantaba y tenía buena mano. El resto han sido años de investigar, probar, conocer y aprender”.

“A mi de verdad me cambió la vida y por eso me interesa tanto difundirlo y compartir recetas para que todos se contagien y hagan este cambio que hace bien para el cuerpo y el alma, porque lograr la paz, el goce y el bienestar me debiesen ser los objetivos fundamentales al comer, y eso se logra haciendo cambios simples en la cocina”.

¿Cómo logras inculcarles ese amor por la comida sana a tus hijas?

“La verdad es que con ellas me resulta muy fácil, están súper acostumbradas a todos los sabores y además no tienen prejuicios con los ingredientes. Si les doy un brownie de garbanzos o galletas con base de porotos no se espantan y prueban, y son muy pocas las veces que algo no les gusta”.

“Ellas empezaron a comer así desde muy chicas, pero yo soy de la idea de que los niños comen a partir del ejemplo de los papás. Hacer el cambio es tarea de los adultos y no de los niños, y las frases como ‘es que mi hijo solo come hamburguesas y no quiere probar las verduras’ me parece que hablan principalmente de flojera de los papás”.

“A los niños hay que educarles el paladar, hay que enseñarles que su salud está relacionada con lo que comen, inculcarles el amor por las frutas, verduras, legumbres, frutos secos, etc. y jamás premiarlos ni castigarlos con la comida. El azúcar y los refinados son altamente adictivos y si así alimentamos a nuestros hijos, no podemos pretender que no sea eso mismo lo que pide su organismo. Hay que cortar ese círculo adictivo y darles comida de verdad, que lo otro quede para los cumpleaños y algunas ocasiones especiales y que ellos lo entiendan así”.

¿Cuál crees tú que es la clave para que los niños aprendan a comer bien?

“Creo que la clave es tener en la despensa y el refrigerador comida de verdad. Si un niño tiene hambre y la únicas opciones son en la línea saludable, va a terminar comiendo eso, pero si entre medio tengo galletitas procesadas, helados llenos de azúcar y papas fritas, es una tarea prácticamente imposible. Y la otra clave es el ejemplo. Que vean a sus papas comiendo rico y sano, que vean el goce que hay en eso, que vayan a la feria, que toquen las verduras, que huelan las frutas… Es necesario sacar ese prejuicio de que lo verde es malo e incentivarlos a probar sabores nuevos. Yo a mis hijas siempre les digo ‘pruébalo y si no te gusta tienes permiso para escupirlo y no te lo comes’, y así prueban todo, me funciona perfecto”.

¿Es necesario tener mucho tiempo para preparar platos saludables?

“No es necesario mucho tiempo, lo que es necesario es cambiar la despensa. Yo he desarrollado un tipo de cocina donde lo fundamental es que las recetas tengan pocos ingredientes y poco proceso, eso las hace muy rápidas y fáciles de hacer. Con un par de horas que le dediques el fin de semana puedes dejar hechas colaciones y cosas ricas para toda la semana. Creo que el tema del tiempo muchas veces se convierte en una excusa, pero obviamente hacer un cambio, del tipo que sea, es un trabajo al que hay que dedicarle energía y amor”.

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