Por Claudio Naranjo

El recientemente fallecido psiquiatra y pionero de la psicología transpersonal, Claudio Naranjo, comentaba que a pesar de todo lo que estamos viviendo actualmente, y las dificultades que encuentra el ser humano para su desarrollo personal, existe una esperanza, que llega mediante una voluntad global de cambio de consciencia. La crisis de valores grave que está dándose lugar, se plasma a su vez a través de la inteligencia que estamos ejercitando y a lo que más importancia se le está dando, la ciencia y la tecnología, lo cual nos hace esclavos de la producción y el trabajo. Aprendemos a poner nuestra felicidad a disposición del éxito, haciéndola dependiente de algo que está fuera de nosotros, que no forma parte de nuestra naturaleza, de nuestro control, y de nuestra verdadera satisfacción personal. Al perder los valores perdemos la perspectiva, pretendiendo llenar nuestro vacío con todo aquello que nos acaba causando sufrimiento.

El trabajo hacia la felicidad, decía Naranjo, se consigue a través de la búsqueda de una serie de dimensiones: 
La primera parte del camino es aprender a no hacer nada, a desprenderse de la codicia, del poder y la adicción a los resultados. La calma y el no hacer son curativos, y un aspecto del camino.

El otro factor importante es el autoconocimiento, entender lo que a uno mismo no le sirve, conocer lo que genera dolor, tanto para uno mismo como para la relación que mantenemos con los demás.

 Entregarnos a la vida, buscar el propio camino, dejar de vivir la vida programada en la que nos encontramos, y atrevernos a preguntarnos qué es lo que quiere el universo de mí, cuál es el sentido o misión que tengo. Algo que pasa a través de la intuición y no del intelecto, y hay que permanecer abierto y alerta para darse cuenta de ello.

 Estas son algunas de las orientaciones que nos aportaba Naranjo para encontrar nuestra felicidad. Como podemos comprobar, la clave está en tomar consciencia de los valores que estamos adquiriendo, si la búsqueda que estamos realizando consiste en fortalecer nuestro ego, y por lo tanto depender de todo aquello material que nos hace esclavos y nos convierte en seres vacíos, o nos desprendemos de él, para asumir nuestra experiencia de vida con humildad, con humanidad, en un proceso en el que nos dejemos guiar por nuestra intuición y propia naturaleza. Nosotros elegimos el camino y sus consecuencias.

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