La conciencia sistémica es un paradigma derivado de la Terapia Familiar, que surge en los años 1950 para comprender la repetición en familias de enfermedades mentales  como la Esquizofrenia. Desde esa época muchos cambios han ido ocurriendo en el planeta, y la psicoterapia también está invitada a evolucionar en la comprensión de los procesos psíquicos de los individuos y sus comunidades.

Un sistema es una red de interrelaciones de comunicación a diferentes niveles, donde interactúan el cuerpo, la mente, las emociones, la conducta y el espíritu de cada individuo. Cuando un sistema se mantiene en equilibrio dinámico, los movimientos de sus miembros favorecen la comunicación y el intercambio de experiencias dentro una conciencia delimitada por las experiencias de esa red. En este equilibrio es que los sistemas tienen operadores que funcionan como reguladores de la lealtad a ciertos patrones, esquemas, paradigmas que han ayudado a la existencia del sistema.

En una familia por ejemplo, de generación a generación, se han tejido diferentes historias que han contribuido a dar lugar a perspectivas que mantienen un orden en torno al poder, la sumisión, la libertad, la crianza, las relaciones de pareja, el trabajo y el dinero, entre otros. En este sentido, experiencias clave como la muerte de un ser querido, los accidentes, las pérdidas materiales, las separaciones, los cambios de ciudad o país, las enfermedades, introducen feedback negativo a las órdenes establecidas en los sistemas, incidiendo hacia cambios de conciencia.

Desde la perspectiva de la Terapia Transgeneracional, la conciencia de sus miembros se mantiene unida a una trama que tiene desenlaces diferentes dependiente de la capacidad del sistema de re-significar las experiencias llamadas “dolorosas”. Desde donde he ido profundizando en mi trabajo como terapeuta,  la conciencia sistémica de la familia mantiene en “secreto” estas experiencias como una forma de evadir vivencias que no han podido ser procesadas en generaciones previas. Cuando un miembro introduce un movimiento, ayudando a elaborar estas experiencias, llevándolas a la conciencia, se produce una experiencia emocional correctiva, desde donde la apertura emocional hacia esta “nueva realidad familiar”, permite re-significar la narración que  se tiene acerca determinados eventos. Así es factible que el sistema movilice recursos afectivos nuevos que favorezcan a un nuevo orden, para el amor y el crecimiento de sus miembros.

Cuando llega un consultante a terapia desde este enfoque, él/ella lleva una conciencia de buscador, que ayuda a todo su sistema hacia el cambio. En este sentido, abrir el espacio terapéutico al estudio y comprensión de la conciencia familiar, es una instancia enriquecedora para que las personas puedan observar sus propios procesos de individuación de la familia de origen, descubriendo potenciales de transformación a través de la integración de las experiencias de sus ancestros.

Camila Muriel Aguayo Fuentes, Psicóloga Clínica, Mag. En Psicología Clínica, Terapeuta Transgeneracional, Consteladora Akáshica.
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