Por Coral Herrera Gómez

Todo mi trabajo se mueve en torno a la idea de cómo con mucho amor del bueno se puede transformar el mundo. No hablo sólo del amor de pareja, sino más bien de un amor colectivo que nos permita querernos bien, querernos más y mejor. Con mucho amor del bueno podríamos acabar con las guerras, con el patriarcado, con el capitalismo salvaje, con la violencia y las enfermedades de transmisión social (racismo, clasismo, xenofobia, homofobia, homofobia, lesbofobia, transfobia, islamofobia, etc).

Necesitamos más romanticismo social, porque para trabajar por un mundo mejor necesitamos toneladas de empatía, generosidad, solidaridad, apoyo mutuo, cooperación, trabajo en equipo, autocrítica. Y para eso hay que acabar con las jerarquías y la explotación, y poner de moda el buen trato y las relaciones basadas en el respeto y la ternura social. El amor del bueno ha de ser colectivo: vamos a juntarnos a luchar por la igualdad, la diversidad, las libertades y los derechos humanos.
Podemos empezar aquí mismo, en las redes sociales, este campo de batalla donde todo el mundo quiere ganar. Vamos a tratar de recuperar el placer de la conversa incluso ante diferencias ideológicas abismales, intentemos escucharnos sin insultarnos y sin descalificar a las demás. Podemos seguir con nuestras redes afectivas, nuestro vecindario, nuestros compañeros y compañeras del trabajo, y extender ésta energía brutal al conjunto de la Humanidad, los animales, los seres vivos y la naturaleza. Así podríamos caminar acompañandonos los unos a otros hacia la utopía individual y la colectiva, que al final son la misma cosa: no podemos ser felices en un mundo tan violento como el que habitamos ahora, por mucho que tratemos de cerrar los ojos ante el dolor de los demás.
Vamos a querernos más y mejor, que la vida es muy bonita y muy corta.