Por Bienestar y Salud

Alma, espíritu, esencia…palabras que encierran una sola realidad, para la cual solo podemos entregarnos a la intuición. Podemos ver, tocar, oler y pensar en lo que percibimos e incluso creer en lo que no vemos, en lo inmanifiesto. Pero podemos confiar en que eso que percibimos o en lo que por algún motivo hemos decidido o hemos sido llevados a creer, es real?, que eso o ello realmente “ES”…?.

Mi experiencia, mi proceso, mi desarrollo en el tratar de ser profundamente consciente, de experimentar, de tener reiteradamente la vivencia acerca de lo desconocido, sobre todo si ello tiene relación con lo más Elevado, lo más Alto, me ha llevado a confiar en la intuición, en esa cualidad de la que tampoco sabemos, a ciencia cierta lo suficiente, tanto como la atención, la consciencia, la voluntad, la comprensión, salvo que tengamos de ellas, una experiencia, ojalá una reiterada experiencia.

Acaso Buddha no llegó a descubrir, en meditación, o sea más allá de la mente, fuera de la mente, el origen del sufrimiento humano y como superarlo?, acaso Jesús el Cristo, no tuvo que vivenciar una y otra vez la fuerza oscura de la tentación, para tener radicada en Sí Mismo la certeza de lo que debía ser hecho para superarla?.

Infinitamente alejado de tan excelsos ejemplos siento la certeza de que lo que no forma parte de lo que la mente acumula o sabe, de lo que no es tangible ni reconocible, de lo que una y otra vez no tiene explicación racional, de lo que no nos da cuenta ni la percepción ni el conocimiento más alto pero siempre surgido de la mente, solo es abordable desde la vivencia del estar aquí y ahora presente, atento pero sereno confiado a mi intuición, algo que por lo demás puede surgir, pero que debe ser alimentado y desarrollado.

Pero, que es la intuición?, según el diccionario es una verdad que penetra en nuestro espíritu independientemente de la razón. Haciendo analogías que considero útiles, he podido constatar a lo largo de mi vida que la sociedad ha ido transformando – por no decir , deformando – el significado de muchos términos, lo que es particularmente serio en los que, su correcta interpretación, es fundamental para el desarrollo humano.

Como es el caso de la deformación (o limitación aberrante) del significado de “consciencia”, lo que ha traído consecuencias catastróficas para nuestra cultura occidental, porque para nuestra gente “tener consciencia” es simplemente saber que existe, reconocerse por su nombre o imagen, saber lo que le gusta o necesita o lo que no le conviene. Y podríamos seguir abundando con el término: “comprender”, lamentablemente confundido con “entender”, o con “tener voluntad”, lo que para nuestros congéneres quiere decir el tener la capacidad de hacer lo que le conviene o le que resulta imprescindible o vital y no lo que le es esencial y en la gran mayoría de los casos, imposible de hacer, o sea “hacer lo que no le gusta o le duele”, vale decir “realizar un esfuerzo consciente, (o sea: visto o asumido en un estado de “estar aquí y ahora presente”), a sabiendas que con ello tendrá que enfrentar un sufrimiento, pero en este caso: voluntario”, dejamos para más adelante significados de palabras como “amor”, consideración y compasión (como es sabido, esta última no tiene como sinónimo: “pena”).

Pero de la definición del diccionario, por cierto muy clara, simple y certera, me quedo con “independientemente de la razón”.

Porque justamente así como “comprender” se contrapone a “entender”, “razón” se contrapone a “espíritu”, pues así como para comprender a prójimo no puedo hacer otra cosa que ponerme en su lugar, o sea, de alguna manera estar o entrar en o con él, en su intimidad profunda y no mental, la razón funciona y resulta de la mente (sea cuan excelsa ella sea) y por lo tanto viene de lo conocido, de lo que es sabido, de los archivos que la mente contiene, mientras que lo espiritual, intangible, desconocido, inmanifiesto, se vive desde otra realidad o nivel de existencia.

Insisto que para acercarse al alma, a Dios, a lo inmanifiesto, a lo espiritual, es menester hacerlo desde “la vivencia”, desde una relación en la que la mente ha sido solo el prólogo, el cuerpo el continente y la emoción (prefiero el término; sentimiento) el desencadenante. Con la atención (otro término incompletamente conocido y/o de significado deformado), como herramienta y la intuición como único medio, es posible el acercamiento, sin la contaminación del pensar y del saber, sin la limitación del sentir (a través de los sentidos) y porqué no, más allá de la emoción (nuevamente ello no es sinónimo de “sentimiento”), la que siempre es iniciada en la mente, como resultado de algo que es “percibido”, a la experiencia de lo que supera en entendimiento o la razón, lo necesario o conveniente, lo agradable o desagradable, lo tangible, lo conocido, lo posible, lo aparente, lo formal, lo causal, lo consecuente.

www.bienestarysalud.cl