Por Fernanda Espinosa (Emol)

Quienes lo practican afirman que sobre los 40°C los alimentos pierden sus nutrientes. Los expertos sostienen que si bien es bueno consumir ciertos alimentos crudos, en otros casos es inviable y puede ser nocivo para el organismo.

SANTIAGO.- Desde pequeña, Catalina Urriola (20), quien hoy cursa segundo año de enfermería en la Universidad Andrés Bello, se empezó a obsesionar con su peso. Dice que llegó a tener una visión tan negativa de sí misma que no tenía ganas de salir y “sentía vergüenza de andar en la calle pensando que estaba gorda”. Esto la llevó a buscar información sobre estilos de alimentación alternativos que la ayudaran a mejorar su imagen, hasta que, navegando por Internet, se encontró con el “crudismo”. Al poco tiempo, lo comenzó a practicar. Más extremo que el veganismo, el crudismo o “raw food”, consiste en ingerir todos los alimentos crudos, eliminando completamente de la dieta los platos cocidos, horneados o fritos.

Quienes lo practican, sostienen que al cocinar los alimentos sobre los 40°C éstos pierden sus nutrientes y enzimas, liberando sustancias tóxicas para el organismo. Por esa razón, su dieta se basa fundamentalmente en frutas, verduras, nueces y semillas, dejando completamente de lado la carne, pescados y huevos. Tampoco incluyen ningún alimento pasteurizado ni azúcar normal, ya que es cocida, la que reemplazan por miel extraída sin calor. Pese a que no pueden cocinar los alimentos, los crudistas igualmente consumen productos que parecerían imposibles de comer crudos, como por ejemplo los porotos, que dejan remojando durante varias horas en agua para que se ablanden; o el pan, que lo preparan de una manera diferente: remojan el trigo un par de días, luego lo muelen y forman bolitas que dejan secar al sol o ponen en un deshidratador. También pueden hacer pasta, pero preparándola de una forma diferente, utilizando coco tierno y deshidratado. Y no se privan de la pizza, pero en vez de masa horneada utilizan una base de semillas. Los crudistas aseguran que alimentarse de esa forma favorece enormemente al organismo, ya que se consumen alimentos que no son tóxicos y que tienen bajos niveles de grasas saturadas.

Luego de practicar por tres meses ese estilo de alimentación, Catalina asegura que pudo notar efectos concretos en su estado físico y en su ánimo. “Es increíble cómo cambia el cuerpo con los alimentos que consumimos. Me cambió la piel, las uñas, incluso los ojos se vuelven más brillantes y más limpios, y hasta dejé de usar lentes”, asegura. Afirma que “más allá de lo que nos pide la sociedad, cuidar tu cuerpo y darle prioridad a alimentos de calidad, como frutas y verduras, es fundamental para tener una vida íntegra” y contribuye a “tener la energía para cumplir tus sueños y proyectos y no estar con diabetes, presión arterial alta y problemas cardíacos a los 50 años”.

Expertos advierten riesgos de esta tendencia

Si bien esta tendencia –que desde hace algunos años se está expandiendo en Chile– promueve el consumo de alimentos saludables, como los vegetales, los nutricionistas advierten que también podría acarrear algunos problemas nutricionales y de salud. Los especialistas reconocen que hay ciertos alimentos que conviene consumir crudos, como la fruta, ya que así se aprovecha toda su fibra. Sin embargo, afirman que en otros casos esto es completamente inviable, ya que hay productos que requieren ser cocinados para que el cuerpo los digiera adecuadamente.

La nutricionista Daniela Ghiardo, de la Clínica Las Condes, explica que “hay ciertas sustancias que contienen las cosas crudas que dificultan la absorción de algunos nutrientes”. A esto se suma que debido al tipo de alimentos que ingieren los crudistas hay nutrientes no alcanzan a consumir en las cantidades diarias que se requieren, como las proteínas y los minerales, entre éstos el calcio, fierro y zinc. “Una mujer crudista que pesa 55 kilos necesita por lo menos cubrir 55 gramos de proteína diarias y, con esa dieta, la verdad es que no la alcanza a cubrir, porque si bien las semillas tienen presencia de aminoácidos, la cantidad que tienen por 100 gramos está muy lejos de lo que tienen 100 gramos de carne”, señala. Respecto de la creencia crudista, de que los alimentos calentados sobre los 40ºC pierden sus nutrientes y se vuelven tóxicos, la especialista aclara que a esa temperatura las vitaminas pueden cambiar su estructura, pero no es cierto que se transformen en “tóxicas”. Con todo, la nutricionista dice que es posible llevar una dieta de este tipo, pero bajo la estricta supervisión de un especialista, que esté monitoreando cómo se suplementan los alimentos que se dejan de consumir.

La cruda realidad

Francisca Avendaño (33), ingeniera comercial que trabaja en Recoleta, conoció hace algunos años el crudismo a través de una compañera de universidad que había viajado a Estados Unidos. Aunque asegura que en un comienzo todo funcionaba de maravillas, luego de dos años de practicar ese estilo de alimentación comenzó a sentir mareos y fatiga. “Los dos primeros años era otra persona. Me veía más joven, mi pelo brillaba y anímicamente andaba muy bien. Pero de un día para otro me empecé a desmayar y a marearme continuamente, por lo que el doctor me sugirió que lo dejara”, cuenta. No obstante, dice que eran tantos los beneficios que le entregaba el crudismo que insistió en continuar por dos años más, “hasta que llegó un punto que el médico me dijo que necesitaba mayor cantidad de proteínas”. Así que finalmente lo tuvo que abandonar. Mientras que Catalina, al cabo de un tiempo, decidió someterse a una práctica menos radical del crudismo y optó por realizarlo sólo hasta las 16:00 horas –modalidad conocida como “RAW TILL4″– y, en la cena, comenzó a consumir alimentos igualmente naturales, pero cocidos.

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