Por Verónica Freire (Coach de Relacionamiento)   

En mi trabajo como coach de relacionamiento, me he dado cuenta de que una de las tareas que más le cuesta a mis clientas, cuando estamos trabajando en cultivar habilidades para formar relaciones de correspondencia y reciprocidad, es el equilibrar un sano dar y recibir.

Crecimos escuchando afirmaciones como “es mejor dar que recibir”, o “la modestia es una gran virtud”, una serie de afirmaciones que sobrevaloran al dar y restan valor al recibir, y terminamos incorporando estas creencias sin saber que el equilibrio entre ambos es lo que crea relaciones sanas de correspondencia y reciprocidad.

Esto hace que a muchas personas les cueste recibir atenciones, cuidados, favores e incluso un simple cumplido, por no parecer arrogantes, engreídas o superiores. Se sienten incómodas, avergonzadas e impelidas a justificarlo automáticamente, a quitarle valor, o a responder ofreciendo dar algo a cambio, en vez de simplemente aceptar y agradecer.

No entender que se trata de un circuito energético que debe fluir en ambas direcciones, para que la conexión entre dos personas crezca y se fortalezca, puede traernos costos en la vida.

Me gusta promover la idea de enseñar a todos nuestros niños desde su temprana infancia, la importancia de este equilibrio en las relaciones. Enseñarles a dar y a esperar a que el otro dé, de la forma que pueda. Y si el otro no da, regular nuestro dar. Es lo que enseño también a mis clientas adultas.

Si no somos conscientes de esto y no aprendemos a equilibrar la balanza, podemos terminar desilusionados no entendiendo por qué se producen los quiebres en las relaciones. Y es que a la larga, nadie aprecia a un “dador nato” y nadie soporta darle perpetuamente a un “recibidor nato”.

A continuación, algunas preguntas para reflexionar sobre el tema.

  1. ¿Cuál es el patrón predominante en tus relaciones?: ¿Dar o recibir? ¿Con cuál te sientes más cómoda(o)?
  2. ¿Qué ha estado motivando tu dar?: ¿miedo a estar sola(o)? ¿necesidad de controlar la dinámica de la relación? ¿el evitar ser abandonada(o)? ¿una manera de probar tu valor a otros? ¿necesidad de ser indispensable?
  3. ¿Qué ha estado motivando tu recibir?: ¿comodidad? ¿ensimismamiento? O ¿vergüenza? ¿timidez? ¿un sentido de falta de merecimiento?

En base a las respuestas, te sugiero algunas prácticas para buscar el equilibrio.

Para los “Dadores”

  1. Controla tus impulsos y espera lo que “sale del otro” antes de hacer algo por otra persona.
  2. Practica el “pedir” conscientemente dos veces al día durante 30 días. Puede ser algo simple como pedir una información, pedir que te ayuden a cargar algo, que te inviten a un café, que te lleven a alguna parte. La idea es atreverte a pedir cosas que normalmente no pedirías y de manera repetitiva, para que tu cuerpo aprenda.
  3. Pon atención a las oportunidades para “recibir” que surgen, cuando te ofrecen algo que normalmente rehusarías y donde normalmente te convertirías en dadora(or), y practica recibir: que te abran una puerta, que te ofrezcan pagar el café o el almuerzo, que te den un cumplido.

Para los “Recibidores”

  1. Trata de entender lo que el otro necesita y conscientemente toma la delantera en el dar.
  2. Pon atención a lo que sucede a tu alrededor y a las oportunidades que hay para ayudar y/o dar a alguien. Pueden ser cosas muy simples como: ceder tu asiento, llamar a alguien por teléfono que sabes tiene una necesidad, y preguntarle si hay algo que tu puedas hacer para ayudar.

Con estas prácticas no estarás yendo en contra de tu naturaleza, sino que estarás practicando el aprendizaje adulto, creciendo, desarrollándote, para un mayor bienestar en tu vida. Vas a darte cuenta de que dar y recibir no son energías opuestas, sino polos de una misma energía de intercambio que al estar en equilibrio, fortalece todas tus relaciones.

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