Por Ximena Torres Cautivo

Roberto Rosenzvaig, sicólogo y sicoterapeuta de parejas, argentino avecindado en Chile hace una porrada de años, escribe “Demasiado sexo” (Aguilar, 2014), libro sobre un mal que en estos tiempos que corren de estrés y deseo sexual hipoactivo, parece un bien.

Pero no, no festinemos. Hay gente a la que la adicción al sexo le friega la vida. Pensemos en Tiger Woods, Michael Douglas y Charlie Sheen, por mencionar a algunos famosos, famosos –y valga la redundancia- por este problema. Rosenvaig, quien hace años está dedicado a la meditación zen, aborda este tema luego de haber escrito sobre el opuesto: la falta de deseo en su libro “Amor y desamor en la pareja”. Y se centra en el caso de los hombres que lo padecen, a partir de su experiencia clínica.

“Me centro en testimonios de hombres. Mi impresión es que para esta alteración las mujeres eligen tratarse con mujeres, probablemente porque dada su adicción terminarían abordando al médico. Yo trato a hombres adictos al sexo, y mi postura, a diferencia de las escuelas restrictivas, que apuntan a limitar, culpabilizar y castigar la conducta, busco orientar la terapia hacia el crecimiento personal”.

Reproducimos aquí parte del testimonio anónimo de uno de sus pacientes (el libro es una seguidilla de testimonios), de uno que disfruta sexualmente cuando se viste de mujer.

“Nadie condena al que se fuma un habano o se toma un whisky, claro porque el placer que obtienen no es sexual. Si fumarse un habano diera placer sexual, sería igualmente condenado. Es que nos han formateado para condenar la obtención de placer sexual, más aún si este se obtiene individualmente. Durante siglos, la Iglesia Católica mandaba no debiese provocar placer y debía ser practicado sólo con fines reproductivos. Incluso en los años noventa, un profesor universitario de filosofía nos enseñaba en la Universidad Católica que el acto físico conyugal sólo debía tener como fin la reproducción, si no se deslegitima. Placer sexual, igual pecado. ¡¿Cómo no sentir culpa?! Al final, la culpa y la vergüenza es lo peor de esta situación y si bien lo paso bien haciéndolo, me encantaría no tener que hacerlo y caer exactamente en los cánones de lo que es normal. Pero por más que quisiera dejar de sentirme atraído por la ropa femenina, no lo puedo conseguir”, escribe y su caso, raro, llamativo, es uno más de los que integran “Demasiado Sexo”.

Quienes quieran participar del sorteo de un ejemplar del libro del doctor Rosenzvaig dejen aquí o en la cuenta de Twitter @xitorrescautivo su comentario.

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