Por Natalia Espinosa

Ya les he hablado anteriormente acerca de los paradigmas del dinero, sin embargo, hoy quiero enfocarme en la relación entre dinero y felicidad. Cuando estos dos conceptos se encuentran en una misma frase, generalmente se entienden como contrapuestos o excluyentes, es decir, si tengo uno carezco del otro.

Para ejemplificar lo anterior, compartiré una frase que leí hace unos días en una red social:

No sé si a ustedes les pasó lo mismo, pero instantáneamente la ecuación no me cuadró. Creo firmemente que en la vida hay más de un pilar que sostiene nuestra felicidad y todos son igualmente importantes.

Imaginemos que nuestra existencia se encuentra sobre una silla con 4 patas, en donde cada una de ellas representa un ámbito del que dependemos para nuestro óptimo y adecuado desarrollo:

  • Amor: Un concepto universalmente conocido como el motor del alma. Es la necesidad de entregar y recibir, de relacionarse con otras personas y dar cabida al apego. En el concepto de amor, se pueden ver diversas figuras, en donde lo que prima es la emoción que nos produce: pareja, padres, hermanos, hijos, amigos, mascotas, objetos, etc.
  • Salud: Esta pata de la silla generalmente revela su importancia cuando notamos alguna falla. Si presentamos problemas de salud, automáticamente se revela lo fundamental que es para nosotros. Si no lo consideran de ese modo, recuerden lo incapacitados que puede dejarnos una gastroenteritis (infección al estómago). Por supuesto, hay quienes están avanzados en el tema del autocuidado y no esperan a que se les presente un malestar para atender su salud.
  • Objetivo de vida: Este concepto se asocia a la autorrealización, es lo que nos motiva a levantarnos por las mañanas, a crecer y mejorar como personas, a adquirir y compartir conocimientos, etc., en definitiva, aportar con nuestro granito de arena, dándole sentido a nuestro fugaz paso por el mundo.
  • Dinero: Surge de la necesidad del ser humano de expandirse. En sus inicios, se conocía como trueque, ya que de esa forma las personas intercambiaban objetos o servicios por otros nuevos que les eran ajenos. Ha pasado mucho tiempo desde que nuestra economía pasó del trueque al dinero que conocemos, pero, en el fondo, hoy nos sigue dando acceso a la expansión, es decir, a tener cosas, adquirir conocimientos o recibir servicios a los que no podríamos optar por nosotros mismos o nos tomaría tiempo que queremos dedicar a algo más.

Vuelvo entonces a la frase que puse en un comienzo “el dinero no hace la felicidad”, yo le haría un ligero cambio diciendo: “el dinero, por sí sólo, no hace la felicidad” ya que ésta depende de otros ámbitos igual de fundamentales.

Si les enseñamos a nuestros hijos y a las demás personas a ser felices y no ricos, podríamos ser responsables de que pasen toda la vida creyendo que una silla coja es normal, aunque sea incomodísima.

Si realmente el dinero no es importante, ¿por qué casi todo el mundo busca un trabajo o una fuente de ingresos? Incluso lo hacen dejando de lado otro de los pilares fundamentales, que es el objetivo de vida. Reconocer que nuestro ámbito financiero es relevante no tiene que ver con la frivolidad, ni va en contra del amor o la felicidad, simplemente es entender que se trata de otra pieza para completar el rompecabezas de nuestra vida.

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