Por Alexander Neaman

El Doctor en Ciencias Alexander Markov, profesor titular de investigación en el Instituto de Paleontología de la Academia Rusa de Ciencias se preguntó: ¿De dónde adquirió el ser humano la necesidad  del amor romántico a largo plazo y cómo influye este sentimiento en la formación de las parejas permanentes?

El investigador llegó a determinar que los mismos sistemas de regulación cerebral trabajan tanto en humanos como en animales y que son las redes neuronales las que controlan el comportamiento sexual y social de éstos. Sus  estudios neurobiológicos nos muestran que el amor es algo más que una emoción básica, está asociado con funciones cognitivas superiores.

El amor romántico incluye las actividades de las partes de la corteza, responsables de la cognición social  y la percepción de uno mismo, por tanto es dable concluir que el amor está basado en el deseo de extender la imagen interna de sí mismo, mediante la inclusión de la otra persona en esa imagen.

Luego, podemos entender el comportamiento de las parejas de enamorados.  Al principio de la relación todas las actividades que realizan son inclusivas, es decir, hacen todo de a dos. Desde ir de compras, practicar deportes, visitar a los amigos o escoger los muebles de la casa. Poco a poco va disminuyendo la periodicidad de estas actividades en común, mientras van afianzando su relación de pareja.

La imagen mental externa que construimos de la pareja “ideal” a través de todas las etapas de convivencia, debería darle importancia también a la imagen interna expresada desde la intuición y no sólo desde la razón. La intuición nos dice que es saludable invertir tiempo en la satisfacción de los deseos individuales, a medida que vayan surgiendo. La expresión de estos deseos no debería coartar los espacios necesarios entre el hombre y la mujer, ni los cambios en la relación a través de los años y la influencia del entorno. Nosotros, desde tiempos remotos ubicamos el sentimiento del amor en el corazón.  Nuestro cerebro sigue siendo el gran desconocido, al cual la neurociencia dedica actualmente muchas  horas de investigación. Tal vez no haya que analizarlos por separado y considerar a Pascal cuando sostiene que: “el  corazón tiene razones, que la razón no entiende”, refiriéndose al conocimiento que aporta el corazón con sus intuiciones, al cerebro que todo lo analiza.

El hombre es mucho más que un cuerpo que funciona de manera perfecta como el resto de los animales, es un ser pensante y sintiente, con un profundo deseo de trascendencia en el que razón y el corazón se conjugan a cada segundo; que busca prevalecer por sobre las otras especies y que necesita amar y ser amado para que la vida tenga sentido.

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