Por Todos Juntos

A pesar del panorama mundial en cuanto al impacto ambiental que deja nuestro consumismo, la producción de bienes y servicios no se ha detenido, sino que continúa aumentado. Las campañas ecológicas y los argumentos apocalípticos sobre la vida en el planeta -consecuencia del consumo excesivo- parecen alarmar sólo a un grupo reducido de la población; y el mito de la desmaterialización no deja de ser sólo eso: un mito.

Si la mayoría de los argumentos científicos, sociológicos y filosóficos nos están indicando la necesidad de un cambio y no podemos asumir esta responsabilidad, tal vez el colectivo humano necesite mayores crisis para acercarse a la comprensión de pensarnos como un todo integral, es decir, cuando una parte del sistema que llamamos planeta se desequilibra por las acciones del hombre, nos estamos desequilibrando también a nosotros mismos.

¿Qué podemos hacer entonces ante esta evidencia? Es verdad que estamos llegando a un punto de inflexión que nos obliga a bucear en el vasto océano de la economía para hallar respuestas, pero también en nuestras relaciones personales, en el porqué todavía el consumismo está relacionado a la competencia con los demás. Si mi vecino tiene un automóvil costoso, yo quiero uno mejor; y trabajo más duro para conseguirlo, obviando las necesidades reales y básicas del entorno que me rodea para satisfacer las mías en primer lugar.

Como expone en su artículo George Monbiot: “El fracaso inevitable de una sociedad construida sobre el crecimiento y la destrucción de los sistemas vivos de la Tierra son los hechos contundentes de nuestra existencia. Son el gran tabú del siglo XXI, y nos están generando distancias entre amigos y vecinos”. Estamos aquí en una verdadera competencia egoísta que no conduce a ninguna parte, pero que, vista como una posibilidad de cambio, nos obliga a cambiar el enfoque radical de nuestras relaciones sociales para sobrevivir a esta crisis.

De hecho, si creemos en un mundo de paz y justicia social, no podemos vivir en una sociedad de crecimiento económico indefinido, necesitamos una prosperidad sin crecimiento. Necesitamos educar a los desempleados -cuyo número aumentará en la medida que baje la producción- sobre la integralidad del mundo y las nueves leyes de vida que irán surgiendo en todos los países. Además, la creciente interdependencia en el mundo globalizado puede convencer a los responsables políticos a centrarse en la cooperación y el beneficio mutuo, lo que nos permitirá abordar temas que son perjudiciales para todos nosotros, como la desigualdad y la degradación del medio ambiente.

El sistema social mundial necesita ser actualizado, al igual que el sistema de relaciones personales de cada individuo para con los demás. Las personas necesitarán una renta básica para sus necesidades primarias y educarse en campos de valor para vivir de acuerdo a las normas de la sociedad integral, con proyección hacia las futuras generaciones, que podrán superar los problemas que el capitalismo ha creado hoy. Para esto se requerirá ahondar en una verdadera sabiduría de conexión entre todos los habitantes del mundo.

www.todosjuntos.cl