Por Felipe Landaeta Farizo
(Psicólogo Transpersonal)

“¿Cómo uno puede ser muchos, y muchos ser uno?.
Esta pregunta no puede responderse en la mente,
sólo puede responderse a través del cuerpo”
-Peter Campbell- SJ.

El paradigma occidental, la ciencia y nuestra visión de mundo están ampliamente marcadas por algunos supuestos. Por ejemplo el “pienso luego existo”, desde el cuál comenzamos a creer que la mente va primero que las emociones y el cuerpo, y que además éstas son entidades separadas.

Luego, a partir de la postura científica y particularmente de la Física, desde las cuáles comenzamos a creer fielmente que somos entidades no sólo internamente disociadas entre mente y cuerpo, sino que independientes y separadas de todo lo demás. Esto se revela en ideas como que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio, o de que yo estoy “aquí” y tu estás “allá”… o simplemente a partir de la idea de un “yo” y un “tu” separados… Entonces cada unidad es aparentemente independiente del resto.

Si a estas ideas sumamos una vida espiritual pobre, la que suele estar centrada en ceremonias donde se rinde culto a personas del pasado, donde la participación en el espíritu es prácticamente nula, donde las ceremonias están dirigidas por personas con un cuestionable trabajo interno y espiritual, nos encontramos frente a una compleja encrucijada.

La idea de que el tiempo es una dimensión lineal e independiente que va desde el pasado al futuro sin detenerse es otra de las tantas creencias limitantes que tenemos para nuestro desarrollo espiritual, crecimiento y evolución. Ya ni siquiera quiero hablar de “crecimiento interior”, porque cada vez me convenzo más de que el crecimiento es en todas las dimensiones, y porque además yo crezco porque tu creces, y nuestro crecimiento me hace crecer a mi. Estamos intrínsecamente vinculados, por lo que hablar de “crecimiento interior” es en realidad una forma de entender, sin embargo no hay crecimiento sin “vida interior”. Sólo hay crecimiento mientras más abiertos estamos a la vida. Pero ¿dónde ocurre la vida? ¿dónde sucede el crecimiento espiritual?

A través de las sensaciones del cuerpo podemos ser conscientes de lo que nos sucede “adentro”. Este “adentro”, al ser profundizado, nos lleva a acceder a algo más grande, algo que parece estar “afuera”, en nuestras relaciones, en nuestras familias, parejas, en los sistemas más grandes a los que pertenecemos. Esta conexión con lo que vibra en “nuestro interior”, al ser mirado con detención, es lo que vibra también “entre nosotros”, constituyendo campos de fuerza de atracción, rechazo e indiferencia.

A través del conocimiento de lo que ocurre en el cuerpo en realidad vamos más allá y trascendemos la distinción y la diferencia clara entre “adentro” y “afuera”, y nos damos cuenta que ambos son parte de un continuo. Cuando miro a los ojos a un amigo, a una pareja, o a alguien con quien vibramos y estamos en sintonía, eso que siento no sólo está “dentro mío”, sino que pareciera estar también “allá en el otro”, y también “entre nosotros” y “a nuestro alrededor”. Tan poderoso es que los demás pueden percibirlo desde “afuera” y reconocer “ese algo que hay entre ustedes”.

Si observas detenidamente por ejemplo a las hormigas, una bandada de pájaros, o un grupo de mamíferos, podrás observar que parece haber algo que los agrupa, una especie de energía o campo de fuerza. Es quizás una sabiduría mayor que los hace funcionar como un cuerpo, como un todo. Esto es muy similar a cuando miramos el cuerpo humano, y nos damos cuenta que cada parte funciona como lo hace gracias a ser parte de algo mayor. Un hígado por si sólo no tiene sentido de ser, sino que su existencia radica en el ser parte de un cuerpo para el cual tiene una función y sentido. Y esto es tan obvio que si quitas un órgano de su totalidad este tenderá a morir. Esto mismo nos pasa a los seres humanos: cuando nos separamos del cuerpo mayor tendemos a decaer, a deprimirnos, enfermarnos o a morir.

Es importante aquí reconocer que el cuerpo trae información preciosa para nuestro crecimiento y evolución. El proceso a través del cuál el cuerpo se actualiza implica la conexión y revelación de información a través de símbolos que nos permiten hacer consciencia, crecer y evolucionar, el que es un proceso de crecimiento espiritual. El atender a esta información que viene “desde dentro” es una competencia clave para llevar una rica vida espiritual en el tiempo actual. Si, una rica vida espiritual. Independiente de las creencias o prácticas religiosas que se tengan, esta relación de atención amorosa hacia el cuerpo es y será una de las claves para el correcto discernimiento en los tiempos actuales y los que vienen.

En este sentido es fundamental comprender que la cualidad de la atención es más importante que cualquier experiencia por si sola. El cambio en la calidad y cualidad de la atención es lo que hace posible que estemos presentes cuando cualquier cambio pequeño o gran transformación ocurra. En si mismo este cambio en la calidad y cualidad de la atención es una transformación pues crea un contexto, un entorno, un ecosistema interior donde todo lo que ocurra tiene un lugar para ser sanado, contenido o para desarrollarse.

Muchos de los sentimientos considerados como “negativos” justamente tienen su origen en la falta de contención que les dimos en su momento. Es una oportunidad de crecimiento desde la juventud, durante la vida adulta y sobretodo a través de los caminos de la espiritualidad el aprender a llevar una relación atenta hacia nosotros mismos. De esta manera aprenderemos que no son las experiencias las que nos transforman, sino que la más profunda transformación es proporcional a la manera en que tengo una mejor calidad de relación con cualquier experiencia.