Por Felipe Mardones

Muchos amigos, muchísima gente por todas partes está sencillamente interesadísima, preocupadísima, y a menudo angustiadísima por tener más dinero del que tiene. Sin ir más lejos, es evidente el enorme interés que están teniendo los esquemas tipo “flores de abundancia” o “telares” (ver post Respecto de la ‘Flor de la Abundancia’). Existe un ansia por abundancia, por dinero en particular, que no está bien conducida.

Yo también estoy interesado en tener más dinero del que tengo. En los últimos años, diría que cada vez tengo menos dinero, cada vez tengo menos angustia por ello, y cada vez vivo más en abundancia (una de tantas paradojas). Pero a veces todavía tengo angustia. Cómo podría no tenerla, si el mensaje que tengo para dar es una tremenda paradoja: por un lado, el sistema actual necesariamente, matemáticamente es incompatible con la riqueza monetaria para todos (qué cosa más deprimente que escuchar eso, ¿verdad?). Y al mismo tiempo: el mensaje de que la vida ES abundancia. Ambas verdades coexisten.

El mensaje de que el dinero está asociado a la destrucción de la belleza: ¡ES VERDAD! (si alguno de Uds. a veces lo ha sentido). (Ver post Introducción a la Economía Sagrada para una comprensión introductoria acerca de la institución actual del dinero). Es natural sentir culpa, asco o vergüenza con el dinero. Habiendo sentido la verdad de todo lo que significa el dinero, uno se libera y puede abrirse a recibir toda la abundancia de la vida, incluido el dinero, sin culpa. Así es, hoy día voy a conversar de paradojas.

Dije que estoy interesado en tener más dinero, pero me pregunto ¿lo quiero de verdad? ¿Lo necesito de verdad? ¿Para qué lo quiero? Preguntas que dan para mucho. ¿Amo al dinero de verdad? Pues la verdad en este instante es que no lo amo. Cómo puedo amarlo si parte fundamental del mensaje que comparto es que la institución del dinero tiene que cambiar… Amarlo significaría en mi corazón amar la narrativa del progreso que está extinguiendo al Rinoceronte Blanco del Norte (ver el post En El Rinoceronte Todo), que está agotando la Selva Amazónica, que está dejando sin hábitat al Jaguar, que está dejando a mis hijos cada vez con menos playas limpias, menos momentos de silencio, menos vertientes de agua pura… (Ver post ¿Cuando Detendremos la Destrucción de la Naturaleza?).

O bien, ¿puedo aceptar el dinero tal y como es para que pueda cambiar? –Aceptar todo tal y como es para que pueda cambiar-.

Aceptar plenamente el dinero es, para mí, exactamente equivalente a aceptar todo tal y como es. Y declaro con fuerza que no haré absolutamente ningún esfuerzo en aceptar todo tal y como es. [Intentar “mejorarme a mí mismo” fue lo que más sufrimiento me trajo en mi vida]. A lo único que quiero “aceptar tal y como es” es a mi mismo. En este momento abrazo esta paradoja, esta contradicción con mucha alegría en mi corazón, sin ninguna necesidad de solución. Y, extrañamente, sin intención de por medio, me siento un poco más cerca de aceptar todo tal y como es.

Existen múltiples reflejos de esta ansia colectiva por tener más dinero. Varias personas que se acercan a mis talleres de economía sagrada tienen como motivación fundamental la pregunta «¿cómo le hago para tener más dinero?». Y yo me pregunto: ¿qué puedo contestar a esta pregunta? Precisamente es por eso que estoy escribiendo este ensayo.

Fue así que me enteré del señor Fernando Blanco, muy popular en California, que se dedica a enseñar básicamente cómo se hace para tener más dinero. En su página web “Curso Blanco para Prosperar”, se dice que “todo ser humano está obligado a tener una de estas dos cosas: o tiene dinero, o tiene excusas de porqué no tiene dinero”. En este tipo de mirada, la falta de dinero se debe a una falta de actitud (realmente quererlo), y específicamente a una falta de conocimientos técnicos que uno debe tener si quiere ganar dinero (conocimientos que por cierto es posible adquirir tomando dicho curso). Claramente, esta mirada es parte de la narrativa de la Antigua Historia, donde son los conocimientos, la educación, la ciencia, el control sobre uno mismo y sobre las fuerzas de la naturaleza y la adversidad, lo que resuelve nuestros problemas. Evidentemente ése ya no es el caso.

Si uno realmente entiende el sistema económico actual, entiende que es un sistema matemáticamente equivalente al juego de las sillas musicales, donde cada vez que se detiene la música alguien se queda sin silla. Y la “música” está deteniéndose cada vez más seguido en estos tiempos: las crisis financieras son cada vez más frecuentes. Cada vez que hay una crisis financiera, alguien (persona, institución o país) cae en bancarrota. Por ejemplo, alguien pierde su casa. El banco la remata y otro la compra. Resultado: hoy en día cada vez menos gente es dueña de su propia casa (mayoría rentan y proporción va en aumento), y las propiedades se van acumulando en cada vez menos manos. Es decir, unos pocos se van enriqueciendo. ¿Problema de avaricia? ¡NO!, el problema de fondo es que el dinero es emitido como deuda y ello exige crecimiento económico, y sencillamente hoy en día queda en el planeta menos y menos posibilidad de crecimiento económico.

Es cierto, la pobreza y la desigualdad son endémicas en el sistema. No se pueden resolver con políticas públicas, ni tampoco es un tema de corregir intenciones, actitud o conocimientos.

Y al mismo tiempo existe una magia de la vida, una abundancia que está por encima de la métrica, de la lógica lineal. Existe el dar, el regalar desde la confianza en la generosidad de la vida (no desde el ameritar). Existe un abrirse a recibir, que es llenarse de amor a uno mismo. Existe ese misterio, lo estoy viviendo yo mismo con mi familia. Como dije antes, cada vez tengo menos dinero y cada vez vivo con más abundancia: tengo zapatos nuevos, tenemos auto, tomamos mate importado, y cada vez compartimos más sin reparar en la “justicia” de nuestro compartir, o sea cada vez un poco más relajados y sin condicionar en lo que recibimos a cambio. Es mi mujer Javiera la que más me ha animado a abrirme a dar y recibir, simplemente porque como mujer ella sabe lo que es hermoso y lo que es feo (Gracias mi amor).

Una curiosidad. Al escribir el párrafo anterior, donde menciono la abundancia que poquito a poco, día a día, vamos viviendo en mi familia, imagino a la gente que viene a mis talleres a veces. Los imagino diciendo “ah que bueno, Felipe ya vive en abundancia. Qué alivio. Entonces eso significa que puedo hacer un aporte más pequeño para el taller de economía sagrada”. Casi borro el párrafo anterior por esta razón. Tendemos a pensar que nuestra abundancia personal depende de dar menos: que si doy menos a otros me queda más para mi. ¿Se fijan como la noción de abundancia basada en la concepción del ser separado es contraria al compartir? El ser separado tiene un haber personal, y cuando da se queda con menos. La noción de abundancia en la concepción del inter-ser no se trata de qué y cuánto tengo yo, sino lo que co-tenemos, lo que tenemos y compartimos todos. Más profundamente, siento que nuestras nociones de abundancia pueden cambiar de muchas formas inimaginables.

-Aceptar todo tal y como es para que pueda cambiar-.
Hace poco ví el video “Ordenes de la Abundancia”, donde Brigitte Champetier des Ribes es entrevistada acerca de la abundancia desde la perspectiva de las constelaciones familiares. A pesar de que la mirada de la Economía Sagrada es bastante diferente a la mirada de Brigitte Champetier des Ribes, decidí escuchar, abrirme y preguntarme qué puedo aprender. Me he dado cuenta que si me desplazo hasta el lugar desde dónde otro esta mirando, puedo entender porqué ve las cosas cómo las ve, puedo ver más o menos como el otro ve. Todo ser humano tiene algo valiosísimo que aportar. La mirada de Brigitte y las constelaciones me parece muy interesante, muy sanadora, y pienso además que es representativa de un amplio espectro de miradas acerca de la economía desde la consciencia. Por eso me dieron ganas de compartir algunas reflexiones en este blog, moviéndome a través de mis propias búsquedas internas.

Permítanme recoger algunas de las cosas que Brigitte Champetier des Ribes expresa. En primer lugar, dice Brigitte que el dinero es una energía de agradecimiento, que nos llega cuando servimos a otros, cuando damos, cuando amamos a aquellos que son difíciles de amar. El dinero representa para ella un intercambio que ocurre de manera proporcional a un servicio. La abundancia viene en un clima de agradecimiento; si uno está a disgusto con la vida no puede haber una respuesta del universo.

Los problemas con el dinero o la abundancia son, en esta mirada, un reflejo de algo del pasado que no ha sido asumido. Por ejemplo una deuda es un modo sistémico de pagar por una culpa no asumida de un ancestro (a veces nuestra). Ello genera una actitud que no permite que el universo sea generoso con nosotros.

Agrega que las personas con dificultades de dinero han abandonado la gratitud a la vida, no tienen respeto o amor al dinero, entonces el dinero sencillamente se aleja. Si, en cambio, acepto la vida como es y agradezco lo que me toca y poder servir, entonces la vida misma me lo agradece: estoy en el disfrute de la vida.

Reconoce Brigitte Champetier des Ribes que existe una creencia de que el “dinero es malo”. Sin embargo, desde la mirada de que el dinero es simplemente una energía de intercambio, eliminar el dinero no significa eliminar la energía de intercambio. En otras palabras, que da igual si se llama dinero o de otra manera: sigue siendo la energía de intercambio.

Bueno, en primer lugar, siento que tiene su importancia, tiene su lugar, ver el dinero tal y como dice Brigitte, como una energía, desde la paz, desde la gratitud. La verdad vale la pena mirar todas las cosas, inclusive la basura, las bombas nucleares y el propio ego, desde la pura paz y el puro agradecimiento. Me tocó en lo profundo, siendo yo un activista por el cambio radical de nuestra civilización y sistema económico, escuchar la frase: “Aceptar todo tal y como es para que pueda cambiar”, como la paradoja fundamental. Una frase que no es nueva, y que generalmente aplica a lo personal. En mi experiencia, cuando he visto algo de mi mismo que no me ha gustado, y he querido cambiarlo con mi voluntad y esfuerzo, el resultado no ha sido el esperado: el remedio es peor que la enfermedad. Los cambios profundos en realidad no ocurren por medio del esfuerzo por “mejorarse”, sino por medio del amor, la paz, la aceptación.

Así que, querida Brigitte, gracias porque de sus palabras de su corazón, siento un llamado que llega hasta mi ser, a aceptar el dinero tal y como es. No es un pequeño llamado el que Ud. me hace, porque para mi es el mismo llamado, sin diferencia alguna, a aceptar la extinción del Rinoceronte Blanco del Norte, a aceptar la destrucción del Amazonas y una serie de cosas que me entristecen mucho. Una serie de cosas con las que tengo mucho apego, a la vez, como todas mis urgencias para que el sistema cambie, para que nuestra cultura de separación cambie. Imagínense lo absurdo que soy, cuando despliego mi bandera de que “tenemos que construir una cultura de inter-ser que reemplace nuestra cultura de separación”. ¿Qué puede haber ‘más separado’ que tratar de cambiar una cultura de separación?

-Aceptar todo tal y como es para que pueda cambiar-.
De regreso a la mirada de la Economía Sagrada, el dinero no es solamente una energía o forma de intercambio. Es también una institución social, que nace de una narrativa de progreso. Que es reflejo de una cultura interna o arreglo neuronal colectivo. No es solamente una forma de intercambio porque toda moneda oficial es emitida como deuda, y como tal, obliga al crecimiento económico. Por ende, detener la destrucción de la belleza de la vida es incompatible con la institución del dinero que tenemos hoy en día. Lo voy a repetir para que se escuche bien: Detener la destrucción de la belleza de la vida es incompatible con la institución del dinero que tenemos hoy en día(Ver los posts Introducción ala Economía Sagrada y ¿Cuando Detendremos la Destrucción de la Naturaleza? para entender este punto fundamental). He aquí la gran paradoja, lo que hemos de aceptar.

Y, dicho sea de paso, una institución diferente de intercambio -un dinero diferente-: no es un tema de mejorar la ingeniería de su diseño. No se trata de imprimir dinero sin deuda y ya. Es necesario primero un cambio de cultura, de arreglo interno de neuronas, que reemplace el concepto del “progreso” como meta permanente de la humanidad. Es necesaria una expansión desde el ser separado hacia el inter-ser: una expansión de nuestra mente y corazón. Una nueva institución del dinero sólo podría nacer de una expansión de este tipo, ser reflejo externo de una nueva realidad interna. Porque solo somos capaces de crear lo que somos por dentro. Lo que creamos refleja nuestro estado interno y no nuestras intenciones. (Por eso que insisto tanto que no es un tema de mejorar nuestras intenciones.)

-Aceptar todo tal y como es para que pueda cambiar-.

Pues en realidad que a menudo me he sentido muy absurdo, muy utópico hablando de la necesidad de una nueva institución del dinero, misma que solo podría nacer de una nueva realidad interna. ¿Qué tan convincente puede sonar hablar de una realidad que nunca hemos vivido como humanidad? Entonces, llamo en este instante a la antipoesía: amar el dinero y el sistema actual tal y como es. Un amor que nace con poca sinceridad pero con mucha necesidad, con mucha pasión. Con un abrazo sensual, sí.
Gracias a todas las personas que desde la consciencia llaman a aceptar el dinero tal y como es. Solo les pido, les ruego entonces, que abran también su aceptación a un futuro de cemento y caca de cerdos (ver En El Rinoceronte, Todo), porque no se puede aceptar lo uno sin lo otro. Por mis hijos, para que aquello que aceptemos pueda cambiar, sin pedirle que cambie.

A todos los que sienten dificultad con el dinero, ya sea que les genere asco, rechazo, vergüenza o culpa. Quisiera decirles que tal vez su sentimiento es totalmente legítimo, y no una parte de su ser que es necesario “mejorar”. [Y, ¿por qué no?, revisar qué patrones o asuntos antiguos en nuestro pasado no han sido asumidos, que puedan estar bloqueándonos.]

A todos aquellos que se sienten inadecuados o inadaptados porque no logran hacer suficiente dinero, quisiera decirles: “no es medida de salud estar bien adaptados a un sistema profundamente enfermo” (Krishnamurti). Quisiera decirles: ASÍ ES, es la realidad que todos estamos viviendo: es más fácil hacer dinero participando de la fealdad, de la inercia comercial que ya hay, que co-creando una nueva realidad de belleza.

El movimiento natural que debiese tener el dinero en este momento en la historia de la humanidad, es el de regresar a su origen. El dinero nació y se acumuló por siglos de transformar bosques en celulosa y comunidades humanas en redes de transacciones comerciales impersonales. Es decir, el propósito natural del dinero hoy en día es restaurar los Comunes (nuestro patrimonio natural, social, cultural y espiritual). Es bien simple: no es posible ganar dinero limpiando un río contaminado. ¿Por qué creen que tanta gente que sueña un mundo diferente tiene tantas dificultades para generar dinero?

Y otra pregunta: ¿de verdad necesitamos más dinero? Si uno decide aceptar el dinero tal y como es, teniendo como meta que el aceptarlo traerá más dinero, entonces hay una pequeña trampa: uno no está en la aceptación de que la realidad colectiva sea una realidad de poco dinero. Esa posibilidad también hay que aceptarla.

Se supone que si uno habla de economía y espiritualidad, la palabra correcta es la abundancia. La posibilidad de la escasez, en cambio, es como un tabú, como si fuera una traición de lo Divino hacia la creación… Pero en la naturaleza siempre ha habido desiertos y las poquitas plantas y animalitos que viven en el desierto no parecen quejarse. En la naturaleza siempre ha habido tiempos de sequía por ejemplo. ¿Qué tal si esta etapa en la historia de la humanidad es una etapa de sequía, en la que de plano habrá menos dinero en nuestros bolsillos? ¿Qué tal si existe otra abundancia escondida dentro de la aparente escasez? Al cambiar de mentalidad, nuestras nociones de abundancia y escasez pueden cambiar completamente, impensadamente. Si me dispongo a aceptar el dinero tal y como es, así como la extinción del Rinoceronte Blanco del Norte, ¿por qué no podría aceptar la escasez? ¡De hecho no parece tan difícil aceptarla! De hecho siento que al aceptarla ya cambió, ya surgió una nueva abundancia detrás de la escasez que no se mide con la misma métrica, que no se abarca con las mismas palabras.

Querida amiga Brigitte, gracias nuevamente. Sueño lo mismo que Ud., un mundo donde prime la cooperación por sobre la competencia, para que todos mejoremos y no solo uno. Todo mi apoyo y respeto por su trabajo. De este encuentro virtual colaborativo, me quedo con 2 cosas. En primer lugar, el llamado a Aceptar todo tal y como es para que pueda cambiar. Continuaré abriéndome a este llamado que intuyo valiosísimo. Y en segundo lugar, que mejorar no significa necesariamente tener más dinero (ni tener más dinero significa necesariamente mejorar). Quizás mejorar significa abrazar lo que creíamos que era escasez y en ese abrazo descubrir una nueva abundancia, menos lineal, más misteriosa.

Para no abrigar malos entendidos, no estoy haciendo una apología de la escasez. Mejorar tampoco significa tener menos dinero, ni tener menos dinero significa mejorar. Digamos las cosas como son: quien crea que por tener menos dinero tiene el mérito de participar menos de la corrupción del sistema está viviendo una ilusión, porque en primer lugar, sigue participando igual que el que más. Y en segundo lugar, está viviendo la trampa de pseudo-amarse a si mismo a través de una historia donde se adjudica un mérito, pero en la verdad más profunda mientras uno rechaza algo externo (el sistema), uno se está rechazando a sí mismo.

La única mejora que puedo identificar es la que tiene que ver con derrumbar nuestros conceptos de mejorar, nuestras distinciones de escasez y abundancia, para dejar que una nueva mentalidad pueda emerger.

Abrazar el misterio.

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