Una superviviente del Holocausto explica por qué decidió estrechar la mano de un exguardia del campo de concentración nazi de Auschwitz que está siendo juzgado en Alemania.

A día de hoy, e inmersos de lleno en el 70 aniversario de la muerte de Adolf HitlerOskar Gröning cuenta con el dudoso honor de ser uno de los pocos guardias de Auschwitz que siguen vivos y no han sido condenados.

Es cierto que existen otros miembros de las SS que –según se cree- siguen en este mundo (como Gisela S. o Charlotte S.) pero, a día de hoy, él es uno de los más que más notoriedad ha ganado a nivel mediático. No es para menos, pues hace apenas unas jornadas pasó por el juzgado acusado de ser cómplice de más de 300.000 muertes (algo que él se limitó a negar afirmando que era un mero «contable»).

Haya o no haya sido cómplice de las vejaciones cometidas por los germanos en este campo de concentración, Gröning no deja de ser la prueba viva de la crueldad que los nazis derrochaban aquellos años.

Por ello, los presentes no pudieron evitar sorprenderse cuando observaron que la octogenaria Eva Kor –una víctima de los crueles experimentos del sádico doctor Josef Mengele– se levantó y se acercó decidido hasta la silla de ruedas del antiguo miembro de las SS para ofrecerle la mano y su perdón. Por su parte, el alemán hizo un gran esfuerzo por levantarse para darle un abrazo que la superviviente no rechazó.

El momento fue captado en una emotiva instantánea que ha dado la vuelta al mundo y ha planteado un serio debate: «¿Se puede llegar a perdonar la infamia realizada por los nazis?». Kor tiene una opinión clara al respecto, la cual ha compartido con la versión digital del diario «The Independent».

«Quería darle la mano porque estoy interesada en ver lo que pasa cuando una víctima se encuentra con su verdugo. Yo solo le di la mano y le dije: “Aprecio el hecho de que usted esté dispuesto a venir aquí y se enfrente a esto, pero me gustaría que inste a los viejos nazis que siguen vivos a hacer lo mismo y que aborde el problema de los nuevos neonazis que hay hoy en Alemania”».

Sin embargo, tras esa frase el alemán se levantó y, en un acto que cogió por sorpresa totalmente a Kor, la agarró, le dio un beso en la mejilla y la abrazó. «Yo probablemente no habría ido tan lejos, pero supongo que es mejor que lo que me hizo hace 70 años», completó. Con todo, la anciana sabe que esta imagen es controvertida y no gustará a todos, algo que entiende. «Muchas personas me van a criticar por esto, pero que así sea. Fue el reencuentro de dos seres humanos 70 años después de aquellos sucesos», añade la octogenaria en declaraciones al diario británico.

 

EL VIAJE DE KOR

Según añade Kor, tuvo que viajar más de 6.500 kilómetros para poder ver el juicio del alemán y hablar con él. No obstante, en la primera jornada del juicio, cuando se acerco a él, el anciano se desmayó de la impresión. Ella no se rindió y, finalmente, logró su objetivo, transmitiéndole sentimientos latentes en ella desde hace más de 75 años.

«Mi perdón no te absuelve de tu responsabilidad. Así que te pido que digas a los jóvenes neonazis que Auschwitz existió, que la ideología nazi solo trajo derrota y dolor y que en vez de odiar o matar vayan a la escuela y aprendan una ocupación o un oficio». Luego explicó algo más. Su lección. La que hay que enmarcar en todos los corazones: «El perdón es un acto de curación y de liberación».

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