Por Raimundo Silva Guzmán

Ya no es un secreto que las palabras construyen realidad y condicionan nuestra forma de ver el mundo, porque son la materialización misma de la energía del pensamiento. Para bien y para mal.

Palabra y pensamiento van de la mano. La palabra es el acto y el pensamiento que la precede es energía que movemos en la mente a nivel neuronal; y como nuestro cerebro goza de una neuroplasticidad notable, es posible modificar nuestra forma de pensar y sentir fisiológicamente, es decir para siempre.

Por eso cada vez que usamos el lenguaje verbal como canal de expresión de nosotros mismos, de nuestro entorno y de la realidad deseada, estamos ejerciendo el poder transformador y sanador de la palabra, cuyos efectos se pueden apreciar de inmediato y más aún en el largo plazo.

El ejemplo más emblemático de este poder es la palabra “perdón”. Todos hemos podido experimentar alguna vez el cambio extraordinario que se genera en nuestro interior cuando lo pedimos, y más aún cuando lo entregamos. Aunque es mágico, no hay brujería, sino pura energía que se mueve, y es tan real como tomarnos un vaso de agua.

Crear el hábito es súper fácil y gratis, sólo hay que desearlo. Con expresiones tan simples y cotidianas como las señaladas a continuación podemos empezar a cambiar nuestro pensamiento, nuestro estado de ánimo, nuestros vínculos y nuestra realidad:

“Gracias”, “permiso”, “por favor”, “perdón”, “te perdono”, “me perdono”, “te amo”, “me amo”, “me gustas”, “me importas”, “te quiero cerca”, “necesito un abrazo tuyo”, “eres inteligente”, “eres atractivo(a)”, “valoro lo que haces”, “te necesito”, “eres bueno(a) en esto”, “eres importante en el equipo”, “eres único(a)”, “valoro tu presencia”, “pase usted”, “buenas tardes”, “hasta luego”, “que Dios te bendiga”, “Namasté”, “shalom”, “soy feliz”; “me gusta mi vida y lo que hago”, “yo puedo”, “soy capaz”, “hoy todo saldrá bien”, “esto no tiene por qué ser un problema”, “estoy en paz”, etc.

Probemos un mes a ver qué tal nos va.

El poder transformador y sanador de las palabras ¡Ponlo en práctica!