Por Felipe Landaeta
(Psicólogo Transpersonal)

Hace unos 8 años estaba en un intensivo de Respiración Holotrópica en Brasil junto al que considero mi maestro en esta técnica, Tav Sparks. Ese intensivo tenía como foco de trabajo las adicciones en la vida y en el camino espiritual. Una de las prácticas centrales que aprendí en dicho retiro fue la posibilidad de entregar a lo superior algo con lo que uno no es capaz de lidiar.

Esta práctica de entrega a lo superior se relaciona directamente con los 12 pasos de recuperación en el trabajo de Alcohólicos Anónimos y, como indicó Tav, es también una práctica asociada a diferentes trabajos espirituales. Abriendo estos pasos más allá de los AA se puede reformular de la siguiente manera. El primer paso tiene relación con reconocer la propia impotencia e incapacidad para manejar la situación presente. El segundo implica el reconocimiento de un poder superior. El tercero implica la entrega de si mismo, y de este asunto, a lo superior, poniéndonos en las manos de este poder mayor.

En estos pasos recae una inmensa sabiduría accesible para nosotros y más allá del contexto de AA. En el momento actual de nuestro mundo existe una narrativa y tendencia a orientarnos hacia el control de nosotros mismos, de nuestras vidas, de los tiempos, de los ciclos de la vida, de la natalidad, de la producción… control sobre la materia, sobre la vida… estar en control es una habilidad reconocida y declarada. Estar en control es bien visto, es evaluado como “positivo” en la mayoría de los contextos actuales. En nombre del control contamos con un ejército de medicamentos disponibles… para mantenernos en control.

Leyendo “Femenino y Masculino” de Rose Marie Muraro y Leonardo Boff, me topé con un capítulo donde explican la génesis de la vida y de la sexualidad, relatando cómo es la procreación en la amplia diversidad de seres que habitan el planeta, desde los unicelulares a los mamíferos. Al leer esos párrafos e imaginar las células trabajando y el quantum de energía necesario para duplicarse o fundirse con otras células, pude entender que la vida nunca está en control. El control es algo de nuestra mente y nuestra forma de vivir, y la vida es más salvaje y animada de lo que estamos acostumbrados en nuestro modo neurótico y medio muerto en que vivimos.

Alejandro Jodorowsky expresa esta “vida muerta” en su película “Poesía sin fin” al representar la vida de un pub, sus trabajadores y clientes, y cómo el amor llega a su vida al encontrarse con una mujer que rompe con esa forma “adecuada”, “controlada”, y “neurótica” de vivir. Yo sé muy bien de qué trata esto de vivir así, pues fue mi forma por muchos años de mi vida, hasta que me di cuenta que viviendo de esa manera sólo me enfermaría, no sólo físicamente, sino que del alma. Allí fue que decidí comenzar un camino hacia mi propia felicidad, y desde ahí a aportar a un mundo mejor. Ese fue, creo, mi primer paso consciente de entrega a lo superior.

Entregarse a lo superior se hace muy necesario actualmente. Por un lado cuestiona las creencias de muchas personas que han creído que esta confianza se le entrega a otros seres humanos que median la relación con lo divino o superior. Hoy eso ha ido cambiando, y ha llevado a una crisis valórica y moral profunda, de grandes cuestionamientos a las jerarquías religiosas. Esto es sin embargo sólo un reflejo del cuestionamiento interior y de nuestras creencias, revelando una crisis más profunda respecto a la calidad de nuestra relación con lo divino, sagrado, lo superior.

La vida con sus ires y venires, con su constante creatividad, es capaz de colocarnos frente a nuestros mayores temores. En general nos lleva a cuestionarnos, a expandirnos, así como las células que luchan por sobrevivir y expandirse. Nosotros no somos muy diferentes, y necesitamos expandirnos, crecer, evolucionar espiritualmente. Esto se ha confundido con un crecimiento y expansión hacia afuera, lo que va asociado a una serie de conflictos micro y macros, y sobre todo a la expansión asociada a lo económico y al poder.

Además la vida nos puede llevar a tocar fondo, a tener experiencias “nadir”, como las llama Russell Stagg. Estas experiencias de llegar hasta la más profunda oscuridad, como una especie de noche oscura, son en realidad muestras de avance en el camino espiritual. El discurso de la felicidad suele ser más o menos lineal, de acción y reacción, como si se tratase de una lógica, sin embargo la vida tiene poco de lógico. Esta falta de lógica se encuentra en varias de las grandes paradojas que nos ocurren, por ejemplo al encontrar la felicidad luego de un gran sufrimiento, perdernos para encontrarnos, amar a una persona que no calza con nuestros esquemas o ideas, encontrarnos como padres o madres sin sentirnos preparados, querer a nuestros enemigos, que nos hagan lo mismo que hicimos, que terminemos ayudando a quien nos hizo daño, terminar viviendo experiencias de las cuales renegamos tantas veces, tocar fondo para volar alto, etc.

En muchas ocasionas la vida nos pone frente a la encrucijada donde las cosas van más allá de nuestras manos. Es precisamente en esos momentos donde es posible crecer en sabiduría, donde podemos reconocer el lugar propio y la relación con la sabiduría mayor. Es a este tipo de experiencias que se les podría llamar de conversión, en caso de que no creyéramos antes en lo superior y frente a la adversidad nos abrimos a esa posibilidad. Es en la relación entre el todo y la parte donde además podemos encontrar la pertenencia a algo que nos trasciende y nos abarca, de lo cual venimos y a lo cual retornamos. Esta última comprensión puede llenar la sensación de vacío que muchas personas hoy declaran estar experimentando en el fondo de sí mismos.

 

www.holotropica.cl