Por Sara Espejo

Cualquier tipo de apegos genera sufrimiento, pero el aferrarse a algo a alguien que ya nos ha soltado puede mucho más sufrimiento. Evidentemente cada uno de nosotros tiene una curva de tiempo que debe respetar en sus procesos, cada quien lleva un ritmo, que si bien puede ser contraproducente acelerar, tampoco es sano alargar los lapsos.

Si estamos aferrados a una relación del pasado por ejemplo, en donde se hace evidente que esa persona con la que mantuvimos un vínculo, ha continuado con su vida, o al menos eso es lo que deja entender, será muy complicado torturarnos con pensamientos estériles que no nos llevarán a nada bueno, más que a la generación de drama en nuestras vidas.

El drama no nos permite salir a la superficie, podemos estar rodeados de grandiosas experiencias, podemos tener a personas a nuestro alrededor que nos ofrezcan relaciones de mayor calidad, podemos estar frente a muchas oportunidades y el drama como una bruma no nos dejará verlas. Nuestro pensamiento se enfocará en aquello que nos tortura, que nos hace sentir nostalgia, culpa, rabia, que nos hace querer volver al pasado para cambiarlo y no nos permite avanzar.

Si la persona que se roba nuestra atención está enfocada en algo más, esto debe ser un estímulo adicional para seguir adelante. Puede doler el cerrar un ciclo, pero muchas veces resulta necesario. Si el desprendimiento cuesta demasiado, comencemos por marcar la intención sin ser radicales. Asumamos una postura del tipo: “la vida da las vueltas necesarias, lo que debe ser será y ocurrirá de manera natural”.

Cuando nos creemos este tipo de afirmaciones que me producen sentimientos encontrados, se nos hace sencillo el permitirnos, el soltar, pero quizás con la ligera esperanza de que las cosas a futuro resulten diferentes y ese espacio que nos damos muchas veces resulta suficiente para lo que necesitamos, que es dejar de prestarle atención a aquello que acapara nuestros pensamientos. Y normalmente cuando nos percatamos de la realidad y nos observamos, ya ni siquiera deseamos lo mismo que cuando decidimos soltar la necesidad de control.

Muchas veces sabemos que una situación o una persona no nos conviene en nuestras vidas, sin embargo, la necesidad de hacer nuestra voluntad o lo que consideramos es mejor, nos impide soltarla y por ego resultamos lastimados y malgastando tiempo y energías valiosas y necesarias para emprender cualquier otra experiencia.

Aprende a soltar, a identificar lo que realmente te conviene, no observes la situación desde el miedo, sino desde la confianza, confianza en que todo estará bien y que lo mejor está por venir.

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