por Maria Damiani

Hans Selye, fisiólogo y médico austriaco, es considerado por muchos como el “padre del concepto moderno del estrés”. Debe su fama a su obra cumbre, aparecida en 1950 bajo el título de Stress, que supuso un hito en la historia de la medicina moderna.

 El estrés se describe como una reacción física y emocional ante un cambio.

Cada persona responde de una manera diferente ante el trabajo, el ritmo acelerado de la vida cotidiana o el peso de múltiples responsabilidades. Muchas de ellas a menudo se sienten muy agobiadas tras un evento o circunstancia determinada.

 ¿Cómo se puede vencer el estrés?

Cuando determinadas situaciones se están tornando agobiantes es necesario tomar un espacio para reflexionar y orar, elevando el pensamiento hacia la Mente divina, para ponerse en armonía con el ser interior.

Una estrategia para resolver los desafíos es no centrase en el problema y aceptar la situación como aprendizaje. Profundizar el problema tiende a magnificarlo, pero llenar la mente de pensamientos sublimes ayuda a mejorar la salud mental y física y, por consiguiente, disminuye el nivel de estrés. La mayor parte del estrés es temporal y puede desaparecer.

Según un reciente estudio publicado en la revista Social Psychological and Personality Science, compartir los problemas o emociones con personas que están experimentando  situaciones similares puede aliviar la tensión.

En muchos casos, algo que puede resultar beneficioso para combatir las emociones que provocan agobio o estrés es focalizarlas desde una perspectiva espiritual y encontrarse con uno mismo, escuchando la voz interior. Eso es una oración, un instrumento muy eficaz, pues permite aquietar la mente y las emociones, comunicarse con lo Supremo y centrarse en el núcleo de nuestro verdadero ser. La oración metafísica  tiene que ver con la comprensión de la naturaleza divina y permite purificar la consciencia.

Mary Baker Eddy, investigadora de la conexión Mente-cuerpo, en el siglo XIX, sostuvo que “el cuerpo mejora bajo el mismo régimen que espiritualiza el pensamiento; y si la salud no se manifiesta bajo ese régimen, eso comprueba que el temor está gobernando el cuerpo. Esa es la ley de causa y efecto, o sea, una cosa produciendo su igual”. Las perspectivas y actitudes influyen mucho en la manera en que se perciben las situaciones y la manera de pensar y la actitud positiva provocan un cambio favorable. La vida espiritual abre el corazón a soluciones saludables.

El cambio está dentro de uno mismo y lo que está en la conciencia se proyectará en la vida.

¡Por eso es posible vencer al estrés! ¡Todos pueden intentarlo!

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