Por Felipe Landaeta
Psicólogo Transpersonal

Juan comenta que estaba hace unos días en un carrete con amigos: “Había tomado un poco, y habían varios amigos bien curados. Estaba ahí conversando con ellos cuando uno se pone a hacer la talla sexual. Esa donde se hace pasar por un desbordado sexual, un potro salvaje, y donde todo es un objeto sexual para usar”.

Juan comenta que su amigo lo toma por la cintura y cual acto masturbatorio comienza a hacer como un “jueguito de punteo”. Él dice que la talla no le hizo gracia, le molestó y que tuvo un primero impulso de pegarle al amigo: “mi amigo se dio cuenta que me molestó su chiste, y empezó a decirme que me relajara, que era normal, como si estuviera seduciéndome”.

Juan finaliza comentando que en su lógica prefirió dejar pasar la situación. Dice que si él hubiese hecho algo más, por ejemplo enfrentar a su amigo, él y los demás le habrían hecho saber que él era el inadecuado. “En estas situaciones, que las he visto en muchos otros casos, se le dice al que se enojó que ¿por qué se enoja?, ¿cuál es la gravedad?… son chistes de amigos”.

La historia de Juan revela algunos elementos para reflexionar. Primero es la violencia sexual como un chiste de hombres borrachos. Juan se veía molesto e incómodo con la situación, sintiéndose transgredido en sus límites y usado para un chiste de mal gusto. Es preocupante que se use la violencia sexual como un chiste considerando la realidad mundial y lo que se conoce del abuso sexual. La historia de Juan, en este sentido, pareciera revelar que la violencia está tan naturalizada que hasta se usa como un chiste de dominación.

Desde este lugar es para que los hombres nos preguntemos cómo este tipo de situaciones, que entre algunos grupos de amigos parece algo “normal”, nos puede llevar a comprender la realidad de las mujeres, y también de los hombres que han sufrido algún tipo de transgresión de este tipo.

Sin ir más lejos, en las noticias del último año nos hemos enterado del acoso sexual en universidades y en las diferentes ramas de las fuerzas armadas en Chile. Estas denuncias han sido de hombres y mujeres.

No es nuevo plantear que las mujeres sufren algún tipo de acoso o transgresión sexual a diario en la calle. Creo que los hombres requerimos reflexionar respecto a nuestro actuar y las consecuencias que este tipo de “juegos” o “chistes” pueden tener en un otro que se siente vulnerado. Y también qué dice de nosotros cuando los llevamos a cabo.

Además, este tipo de “tallas” revela una mirada homofóbica. Aún en muchos círculos de amigos hombres se usa el chiste discriminador, esa talla para marcar una línea imaginaria entre “nosotros-hombres-de-verdad” y “los-otros”. Estos chistes van desde lo sutil hasta lo burdo de la historia de Juan. Es para preguntarse qué identidad necesita defender un hombre o un grupo que usa estos mensajes y códigos. A mi juicio son de épocas antiguas, arcaicos, y representan una mirada pobre de la realidad.

Cada día me topo con más hombres que deciden “no seguir el juego” del abuso, de la inconsciencia, de la discriminación, del sexismo y de la homofobia. Son “códigos” muy básicos, binarios, que hablan de una forma de percibir la realidad que niega lo diferente y coloca a estos hombres en una supuesta posición de poder y dominación. Una triste realidad que suele contrastar con una pobre y lamentable vida interior.

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