Felipe Landaeta Farizo
Psicólogo Transpersonal

La película “Olé” cuenta la historia de Ferdinand, un toro al que no le interesa comportarse como se espera de un toro. No le interesa pelear, agredir, ni menos aspirar a enfrentar al torero o “matador” en la gran arena.

Esta película por un lado cuestiona y hace un guiño a lo que se espera de lo masculino: querer dominar, agredir, intentar ser el “macho alfa”. A Ferdinand por el contrario le interesa la naturaleza, le gusta oler las flores, observar la puesta de sol, y parece gustar de la contemplación del mundo natural en general. También le gusta jugar, socializar y conectar con otros. Por supuesto que a los otros toros les parece extraño su comportamiento, aunque sin embargo, poco a poco, comienzan a reconocer que en el fondo lo que Ferdinand les muestra SI les hace sentido.

En otro nivel “Olé”, a mi juicio, es una oda a la empatía. Empatía con “lo diferente”, con “la otredad”, con “eso” que a veces consideramos “cosa” que sin embargo tiene un mundo interno y emocional. Esta película toca los asuntos relativos al respeto y sensibilización con lo que llamamos animales. Al crecer Ferdinand es visto constantemente como una amenaza para los demás, especialmente por los humanos, lo que contrasta con su realidad interior.

Al ver esta película recordé algo que viví en Sudáfrica el año 2011. Participé de un safari cerca de Cape Town. Antes de entrar a este parque el grupo se juntaba en una recepción y podíamos acercarnos al borde del parque. Recuerdo que caminé hacia allí, había una reja, y al otro lado había dos búfalos. Al caminar hacia el parque sentí que un búfalo me observaba. Pensé que esa sensación podría no ser cierta, decidí evitar su mirada, pero sentía algo en mi cuerpo que era incómodo. Seguí como si nada me pasara, mirando al horizonte, y pensando que “me estaba pasando un rollo”.

Al parecer este búfalo quería ser visto y se paró justo frente a mí. Allí pensé que tal vez no era tanto invento de mi mente, y que por algo se paró justo allí. Al mirarlo a los ojos me di cuenta que habían lágrimas, me emocioné, y pensé que “probablemente estoy equivocado” o que tal vez “yo estoy malinterpretando la situación”. Cualquier opción con tal de evitar la situación incómoda que estaba viviendo en ese momento. Prefería inventarme argumentos para no conectar con él.

Meses después participé de una respiración holotrópica y durante el proceso me vino la imagen de este búfalo. Allí ya me fue imposible evitar conectar con la emoción que sentí aquel día en que nos miramos con ese búfalo. Ese día creo que comencé a entender el sufrimiento de los animales: porque están encerrados, porque los separaron de su familia, porque su familia y/o amigos fueron asesinados, por la destrucción de su medio, etc… Las razones son incontables.

Tal vez una de las escenas más potentes de la película es cuando Ferdinand se enfrenta al matador en la plaza de toros. Y allí en su inocencia-consciencia el toro decide mirar al torero a los ojos; en esa presencia algo sucede, una conexión, un momento de lucidez donde parece que el humano se da cuenta de lo que está haciendo. En esta lógica “Olé” representa una llamada a la consciencia, donde se le pone voz a aquellos que hablan un lenguaje diferente y que no pueden más que luchar por defenderse de la depredación.

Creo que esta película es una invitación al entendimiento de que nos necesitamos y que con estos “animales” no somos enemigos; no están a nuestro servicio ni existen con fundamento de lo humano. Es decir, ellos existen por alguna razón más allá de lo humano, no necesariamente con fines antropocéntricos. A través del juego, el humor, y la empatía esta película nos invita a ponernos en los zapatos de los toros (que podría ser otro animal también dependiendo de la cultura), un ser considerado amenaza además de estar asociado a una tradición cultural, donde a partir de la dominación humana puede llegar a creer que su existencia sólo tiene relación con fines muy específicos.

El toro y su adoctrinamiento pueden representar también a cualquiera de nosotros que sienta que su vida está siendo conducida por las expectativas de otros. Muchos de nosotros queremos ser libres e independientes, aunque por otro lado nos cueste reconocer que nos aterra la ambigüedad de poder decidir qué hacer con nuestras vidas. “¿para qué vive?”, “¿para qué estudia?”, “¿para qué se dedica a esto?” son preguntas que he hecho a más de 500 personas en los últimos años. Es sorprendente que más de la mitad de las personas no tienen respuestas más o menos elaboradas frente estas preguntas. Interesante es también la cantidad de personas que dicen que lo hacen “por la familia”, “porque los papás quisieron”, o alguna respuesta en la que pareciera no haber sido una decisión propia. El toro protagonista podría representar entonces la búsqueda de la propia autenticidad en un entorno que tiene ciertas expectativas acerca de nosotros, por ser mujer, hombre, “por ser el primero de la familia en…”, “por ser la hija/hijo mayor”, etc… y las resistencias de su entorno.

Además nos encontramos en la película con la familia que lo ve y lo acoge en su unicidad. Ha pasado a muchas personas que quienes más los ven y reconocen son personas que encuentran en el camino, no necesariamente quienes han compartido más tiempo con ellas. En este sentido creo que la amplitud de mirada y la profundidad del encuentro no necesariamente se relacionan con la cantidad de tiempo compartido. Por otro lado, la disponibilidad para el encuentro y la calidad de la presencia son capacidades de otro orden que se pueden cultivar, primero consigo mismo y luego en la interacción con “los otros”.

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