Por Ismael Berroeta

El fuerte rito iniciático tradicional simboliza, mediante la muerte y la resurrección, los cambios trascendentales de la vida humana. Todo ello aparece plasmado en los arcanos del Tarot.

Si consideramos las experiencias naturales del ser humano –excluyendo la muerte-, posiblemente no exista ninguna otra más dramática ni que marque de manera más profunda que el fenómeno del nacimiento.

Después de disfrutar varios meses en un medio acuático formando los órganos que le serán esenciales para el futuro, después de una existencia inicial placentera cuyo estado espiritual ha sido asimilado a una “conciencia oceánica”, este ser indefenso experimenta ahora un cambio brusco, salvaje, de las condiciones de su existencia.

En el noveno mes, se desencadena un proceso de desplazamiento no deseado para esta minúscula heroína o héroe anónimos. En medio de ese ambiente desprovisto de luz, fuerzas potentes y desconocidas lo empujan hacia el fondo de la cubeta que lo contiene, se evacuan la mayor parte de los líquidos protectores, y es precipitado hacia el interior de un inamistoso túnel. La sensación es de un extremo terror, cuya analogía más cercana es ser tragado por un remolino gigante, por una fuerza descomunal de succión.

Completado este proceso de encaje del feto, comienza la etapa de paso por el conducto vaginal. Las fuerzas amenazadoras y extrañas se multiplican a su alrededor, lo comprimen, lo empujan, lo azotan, lo asfixian. El miedo de este ser desvalido se hace máximo y la sensación de peligro de muerte se hace más patente y angustiante. La presencia y el olor de la sangre y de las secreciones de otras vísceras hacen aún más horrenda la experiencia.

Expulsado/a finalmente del vientre acogedor, cae en medio del mundo tridimensional en el cual se ve obligado/a a ingerir un nuevo fluido, el aire; a utilizar otros órganos y a sentir el roce brutal de los cuerpos, del sonido y de la luz. La angustia sólo se repliega definitivamente al contacto con el alimento proporcionado por el pecho materno.

La iniciación

Los pueblos antiguos sintieron especial respeto por la experiencia del parto, sacralizándolo de diversas formas y, dadas sus características traumáticas desde el punto de vista del feto y de la sensación de muerte para aquél, lo consideraron tanto un nacer como un renacer, tanto un inicio como un re-inicio. Tuvo tal importancia que fue tomado como símbolo sagrado en diversos ritos, conocidos en conjunto como iniciación.

Entre los ritos iniciáticos se puede mencionar aquéllos de paso a la adultez o de integración a la comunidad, los de incorporación a cofradías religiosas o de sanación, los de grupos secretos o esotéricos, los de maestría espiritual, etc.

Para un occidental contemporáneo, inmerso en la cultura moderna, resultaría asombroso e inaceptable que los líderes espirituales de su comunidad pasaran por su vivienda y le establecieran una fecha –con carácter obligatorio- para enviar a su hijo/a adolescente a un retiro forzado, en compañía de los restantes jóvenes de la localidad, ser apartados, sometidos a dietas especiales o ayunos, adoctrinamiento, marcas corporales o tatuajes e inconfortables pruebas físicas y espirituales, todo ello sin las finalidades utilitarias modernas y sin poder ejercer la libertad de trato y de educación de los padres hacia los hijos.

Sin embargo, tales actividades rituales persisten y aún pueden encontrarse en diversas etnias de América, África y Asia. Son valoradas por las sociedades tradicionales, y consideradas indispensables para integrar a los/as jóvenes a su entorno social, con nuevas responsabilidades y nuevas libertades. Desde el término del ritual iniciático, tendrán la obligación de procurarse alimento o producir; a cambio, dispondrán de la libertad de tener relaciones sexuales, casarse y procrear. En la práctica, toda la comunidad los considerará, de ahí en adelante, como nacidos a la vida adulta y muertos o fallecidos a la vida infantil.

Iniciación especial es la de los/as chamanes/as, en las cuales el objetivo es dar por muerto al ser corriente y conseguir la resurrección de lo divino-mágico, transformándose en el instrumento de comunicación de los dioses con la comunidad y vice-versa.

Otras iniciaciones tradicionales corresponden a las sociedades secretas, generalmente integradas por cófrades de un solo sexo. Actualmente, en la modernidad, se mantiene este tipo de rituales iniciáticos de incorporación en los grupos esotéricos, como los francmasones y las organizaciones de tradición hermética o gnóstica. En estos casos, la muerte ritual sigue siendo símbolo de nacer a una realidad que sólo pueden experimentar los hermanos secretamente juramentados.

En Oriente, existen las iniciaciones en que un maestro de mayor grado confiere la maestría a un iniciado, ritualizando el nacimiento a la capacidad docente, o sea, el arte de transmitir un conocimiento sagrado.

 

El proceso

La iniciación se entendería como un proceso. Se trata de una secuencia de fenómenos internos y externos que tienen un comienzo y un final. Cuando decimos breve, podría ser algunos minutos u horas. Cuando largo, podrían ser días, meses o algunos años, como aún puede acontecer en grupos apartados de la civilización occidental moderna.

Al factor proceso se agrega el factor viaje o desplazamiento. Tanto las ceremonias antiguas como aquéllas que restan en el mundo moderno, incluyen la consideración mítica del iniciando cual un héroe que realiza un viaje legendario, desplazamiento virtual en el cual pasará por pruebas rituales, recorriendo otras realidades o dimensiones, como un espíritu o fantasma que, al final, triunfante, retornará a la vida entre sus iguales.

La iniciación se entiende en el marco de una tradición, contexto en el que un conocimiento ancestral, trascendental o secreto requiere ser transmitido al candidato, de maestro a discípulo. Iniciación es equivalente de transmisión. No sólo son transmitidas las formas del ritual, sino, además, historias o mitos sobre el origen de la comunidad o de la cofradía, símbolos específicos, palabras y gestos especiales o saludos reservados a los iniciados.

Se subraya que el proceso comporta un rito, ceremonia normada mediante riguroso protocolo de los pasos ceremoniales. En las sociedades arcaicas dicho protocolo se mantiene por tradición oral, a través de determinados líderes que cumplen funciones sagradas. En las sociedades modernas, los protocolos están registrados en papel y se mantienen bajo secreto o discreción.

 

Sentido de cambio

El sentido profundo es el cambio. El entorno espera un cambio de parte del candidato, quien deberá vivenciarlo tanto en sus sensaciones físicas como en su espíritu, sentirse y verse a sí mismo diferente.

La ceremonia iniciática, llevada a cabo en un lugar consagrado, confiere la posibilidad de ir más allá del Yo, de la personalidad, y de adentrarse en el inconsciente y lo trascendente, de experimentar el trance o el arrobamiento, una comunión indefinible sea con lo divino, sea con el alma.

La iniciación marca un comienzo, el envión inicial para que la individualidad participante pueda avanzar un paso más en su autodominio, el cual sólo podrá conseguirlo mediante el autoconocimiento y la autoaceptación de su realidad interior y ¿por qué no?, hasta la autosanación que provee de paz a una conducta neurótica.

Finalizado el ceremonial, el iniciado será tratado de manera diferente por quienes lo rodean. Debería ir adquiriendo una suerte de madurez, aplomo y solvencia. No hay cambio externo que no sea fruto de un cambio interior, el cual sería desencadenado por la ceremonia iniciática.

Las religiones inmersas en la modernidad, a pesar de su sentido más bien exotérico, continúan realizando ceremonias iniciáticas tanto para sus creyentes como para sus sacerdotes. ¿No le suena cercano a los católicos la aplicación de los llamados sacramentos, uniones con la divinidad en distintos momentos de la individualidad?

El ser humano común, incluso en el ámbito de su Ego, puede ir experimentando el morir y el renacer. Cada vez que se adquiere un conocimiento, se muere a la ignorancia y se nace al saber; cada vez que la vida golpea con una frustración o un gozo, fracaso o éxito, no somos los mismos. Hasta las burdas ceremonias de recibimiento de estudiantes en la universidad o la imposición de pagos de comida a quienes se incorporan a un trabajo, no serían más que restos descompuestos de tradiciones más nobles.

 

Herramienta oracular

El Tarot, libro de imágenes bajo el aspecto de una baraja, es un instrumento que clasifica dentro de la cartomancia. Se conservan cartas de tarot que se remontan al siglo XV, así como registros de su existencia en documentos del siglo XIII.

Esta baraja tiene un valor múltiple: esotérico y de conexión trascendente o psíquica. Presenta elementos de fuentes antiguas y casi míticas: hermetismo, alquimia, numerología, entre otros. Cada carta recibe el nombre de arcano, es decir, secreto. ¿No juramentan las hermandades guardar el secreto de la ceremonia iniciática?

El iniciado en sus significados no sólo quisiera conocer el futuro, sino también encontrar respuestas a inquietudes espirituales y anímicas más profundas, desafíos, cargas, sombras, angustias y ansiedades inexplicables. Podrá pasearse por los arcanos como en un mapa o sendero que le orientará en los vericuetos de su laberinto interior, descubriendo sus monstruos y sus dioses, los momentos de cambio interior y las luces de su renacer.

Para un neófito el tarot no pasará de ser una abigarrada y caótica multitud de cartas y de signos. Para el iniciado o tarotista habrá disponible señales, que al cruzarse, irán tejiendo una red, mostrando posibilidades que tarde o temprano pondrán a la vista un hilo conductor. Irán apareciendo hitos relevantes de la vida personal, se constelarán oportunidades de cambios importantes, se mostrarán las pruebas que la vida depara.

No sólo eso, saltarán a la vista los momentos en los cuales es posible un camino espiritual, de madurez y perfección, en suma, de servicio a quienes deberán, a su turno, despertar. Abriéndose a un enfoque distinto del tarot, que favorezca descubrir elementos iniciáticos entre la variada y jamás superada simbología que contiene, nuevas rutas se ofrecerán a los ojos ávidos de señales esperanzadoras.

Algún arcano inspirará para golpear la puerta de una cofradía y postular su admisión; otro estimulará estudiar en profundidad alguna disciplina esotérica o alguna técnica de sanación; más allá, alguno dará pistas para establecer una nueva ética, más rigurosa y generosa, en el tratamiento de los consultantes.

 

Significados iniciáticos del Tarot
Convendría repasar algunos de los arcanos mayores del Tarot en los que es más llamativa la herencia iniciática que parecen esconder.

Arcano sin número. El Loco. Es el viajero, el individuo que se arriesga, que sale a la aventura de conocer y conocerse. Se asimila a la figura del neófito que ha comenzado el proceso de búsqueda de sí mismo. No sabe dónde golpear ni preguntar; probará una y otra vez hasta que encuentre la puerta o el punto de partida de su laberinto interior. Lo que su conciencia no sea capaz de advertir lo captará su instinto.

Arcano 07. El Carro. El dosel tiene prendido un paño tachonado de 12 estrellas, signos del zodíaco que representan el universo, el cual, como un espejo, refleja el mundo interior. El vehículo es símbolo de viaje, de proceso, de iniciación, de movimiento traslaticio que marca la madurez del neófito al ofrecerse voluntario a la iniciación. Se ha escogido un sendero del cual no se puede retroceder.

Arcano 13. Sin Nombre. Largo uso tienen la calavera y el esqueleto como símbolos de la muerte virtual. Representa la transitoriedad, la verdad enfrentada hasta sus últimas consecuencias, el proyecto de cambio y de limpieza interior. Sentido de transformación, dejando de ser lo que se es para nacer a ser otro distinto y mejor. En las sociedades tradicionales, se utilizaba el calendario lunar de trece meses. El mes 13, en el solsticio de invierno, se daba muerte al rey sagrado y se escogía uno nuevo, la colectividad se preparaba para un cambio fundamental, comenzaba un nuevo año y un nuevo ciclo vital.

Arcano 12. El Colgado. Se presenta al neófito en plena prueba de iniciación, puesto en una situación límite, obligado a hacer un recuento de su pasado, su vida, sus actos. Nos recuerda las pruebas de iniciación señaladas en la mitología. Antiguas versiones lo presentan descalzo, entendiendo la desnudez como conocimiento de la verdad interior. Se destaca la reflexión, el cuestionamiento, el sacrificio, la autenticidad de la búsqueda.

Arcano 09. El Ermitaño. Representa la búsqueda de la iluminación por parte del neófito, la claridad en la sabiduría interior. Proceso lento, requiere perseverancia, combate con la oscuridad, la duda, el temor, la ignorancia, la culpabilidad, los traumas, etc. Insinúa la iniciación chamánica.

Arcano 19. El Sol. Las figuras aparecen bajo el astro radiante. Los iniciados han superado el muro que representa su prueba o desafío. Son héroes que retornan jubilosos. Han conseguido la luz verdadera que los transforma en niños que empiezan una nueva vida. La desnudez se asocia al conocimiento de esa verdad. Se destaca la claridad, la renovación, el éxito, la alegría.

Arcano 02. La Papisa. El velo del templo impide que el profano pueda acceder a los secretos sagrados. Si el iniciado aspira a ser admitido después de pasar las pruebas, deberá jurar silencio sobre las escrituras herméticas.

Arcano 5. Sumo Sacerdote. El Maestro tiene a sus pies a los iniciados, a quienes toma juramento, después de haber superado las pruebas iniciáticas y los recibe como miembros de la cofradía. La escena está montada entre las columnas del Templo. Se destaca el ritual, las normas éticas, el orden. Los neófitos realizan los signos de reconocimiento que los identifican como aceptados.

Arcano 01. El Mago. El neófito ha pasado las pruebas y, convertido en iniciado, tiene todos los elementos a su disposición para combinarlos sabiamente en la construcción de su individualidad. Puede aprestarse a desbastar su piedra interior, hoy rústica y llena de asperezas. Se abre un presente esperanzador, lúdico, pleno de iniciativa, creatividad y acción.

Arcano 21. El Mundo. Representa la integración de las pruebas iniciáticas.

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