Pasó de ser la primera mujer jefa de la policía de India, a convertirse en la activista social más relevante de su país, liderando dos fundaciones que se la juegan por la reinserción de privados de libertad, por la educación de niños vulnerables y el combate contra la delincuencia.

Esta mujer es llamada “la jueza” y no, no nos referimos a Carmen Gloria Arroyo ni a la doctora Polo y sus casos cerrados. Nos referimos a una mujer de la India que ha hecho de las leyes sociales y del combate contra la delincuencia, su razón de vivir; y que se ha convertido en uno de los referentes femeninos más potentes de su país en la actualidad.

Estamos hablando de Kiran Bedi, la primera mujer en graduarse como policía en la historia de India, la primera en convertirse en Inspectora General de Prisiones de la cárcel de Tíhar, en Delhi; y la primera en asumir el cargo de Directora General de la Oficina de Investigación y Desarrollo de la Policía del Ministerio del Interior.

Todo esto en las décadas del ´50 y ´60, época en que la mayoría de las mujeres no estudiaban ni mucho menos trabajaban, porque esos territorios estaban reservados exclusivamente para los hombres.

Hoy Kiran, quien además es abogada y doctora en Ciencias Políticas, tiene 69 años y aunque está retirada de la Policía desde el 2007, continúa cambiando la realidad de su país a través de su activismo social, de su rol de comunicadora en televisión y de sus dos fundaciones: Navjyoti e India Vision Fundation. Estas ya alcanzan a más de 10 mil beneficiarios en las áreas de tratamiento al abuso de drogas, escolarización de los hijos de los presos, educación, formación, asesoramiento y atención de salud para personas de bajos recursos de zonas rurales.

Además, ha sido galardonada con numerosos premios como por ejemplo: la Mujer del Año en varias oportunidades, el premio Madre Teresa de Calcuta por Justicia Social, el President´s Gallantry Award y el equivalente al Nobel de la Paz en Asia (Ramon Magsaysay Award); y fue votada como la mujer actual más admirada de la India y la quinta entre todos los personajes de la historia de su país.

Y es por eso que hoy, en El Definido, queremos destacar su historia de ejemplo que confirma que basta una sola persona decidida y con buenas intenciones, para cambiar la realidad de miles y miles de personas, por las que nadie daba un solo peso.

 

LA CÁRCEL COMO CASTIGO

Una vez convertida en policía, Kiran Bedi se comprometió a seguir las leyes y la justicia al pie de la letra, destruyendo el concepto de “ciudadanos privilegiados y ciudadanos de segunda categoría”; porque ella, lo que quería era velar por una justicia democrática e igualitaria para todas y todos.

Empezó entonces su carrera como policía de tránsito, impartiendo partes a quienes infringieran las leyes. Tal como la conejita de la película Zootopia. Y en una de sus rondas diarias, en 1982, multó nada más ni nada menos que a Indira Gandhi, primera ministra de India, por estar mal estacionada.

Su arriesgada hazaña la cobró cara: decidieron trasladarla de inmediato a la prisión más compleja de India, conocida como “el infierno”, para sacarla de la calle y evitar otra vergüenza pública. En pocas palabras, la “encerraron” para que dejara en paz a las autoridades y para que, como castigo, lidiara con la población más peligrosa de su país.

Obediente y fiel a sus convicciones de justicia, Kiran se trasladó a la prisión de Tíhar con cerca de 11 mil reclusos (entre ellos violadores, asesinos, mafiosos y terroristas), guerras de pandilla, extorsiones y un nivel de violencia y hacinamiento abismante. Y el primer día que puso un pie en la cárcel, decidió que su nueva misión sería cambiar diametralmente las realidades carcelarias.

Notó que la política carcelaria, utilizada hasta entonces, seguía la lógica de que a partir del aislamiento y el castigo, los presos no volverían a delinquir por miedo a regresar. Pero revisando las estadísticas se dio cuenta de lo errada que estaba esa teoría, porque las tasas de reincidencias eran altísimas.

La brutalidad y el terror no pueden seguir siendo el método, por eso me propuse convertir este lugar en un centro de desarrollo humano, en un espacio que apoye a estas personas para superarse. Darles herramientas que dentro o fuera de prisión les permitan elegir otras opciones de vida”, cuenta Bedi en el documental Doing Time, Doing Vipassana meditation, el que relata las reformas que ella introdujo en Tíhar como método de rehabilitación.

 

MEDITACIÓN: PARA CORREGIR EL DAÑO

Y así, enfocada en su filosofía de vida, que consiste en que sólo el 10% de los acontecimientos de la vida son azarosos y que el 90% restante dependen exclusivamente de las decisiones propias; Bedi decidió aplicar esta misma teoría con los privados de libertad. Y le dio en el clavo: quiso instaurar un nuevo modelo de policía, basado en “el poder de corregir, el poder de prevenir y el poder de detectar”, dejando al olvido el “poder de castigar”.

Entonces, convencida de que las mentes dañadas se deben trabajar desde el reconocimiento propio de ese perjuicio, identificándolo y digiriéndolo; Bidi se la jugó por enseñarles a los presos una técnica de meditación ancestral hindú, llamada Vipassana, que significa “ver las cosas tal como realmente son”.

Una técnica de entrenamiento mental enseñada hace más de 2.500 años por Buda, que no contiene componentes religiosos y que funciona como un remedio universal para calmar y liberar la mente de odios, depresión, ira, agresividad y toda clase de estados negativos.

Era práctico y abarcaba varias urgencias: un método novedoso que atrajo inmediatamente la atención de los reos; un método gratuito que sólo requería de un mentor voluntario que guiara la meditación; un método de enseñanza y reconocimiento, que permitía que los propios reclusos lideraran las meditaciones una vez aprendidas las técnicas; y un método que, para practicarlo, exige una desintoxicación de todo tipo, incluidos los vicios y la violencia.

Entonces, Bidi seleccionó a los reclusos más hostiles y conflictivos del penal y los envió a un curso de meditación en silencio de diez días. Y cuando regresaron, estaban más tranquilos y sus propios compañeros notaron los cambios y quisieron sumarse y cooperar. Luego hizo lo mismo con los gendarmes y policías; y finalmente empapó a todos con esta nueva filosofía y las cosas empezaron a cambiar. Y no sólo en la prisión Tíhar, sino en varias otras de India, hasta la actualidad.

 

EMPODERAR A LOS PRISIONEROS Y EDUCAR A SUS HIJOS PARA “SALVAR A LAS PRÓXIMAS VÍCTIMAS”

Además de la meditación, Bidi quiso empoderar a los hombres y mujeres privados de libertad y empezó por algo simple para que todos pudiesen expresar sus sentimientos y sentirse escuchados: abrió un buzón de quejas, mediante el cual los reclusos compartían todas sus molestias, peticiones, denuncias de abusos, vejaciones e injusticias.

Y a través de esas cartas, se empezó a trabajar junto a los guardias, gendarmes, funcionarios de trato directo e incluso con los parlamentarios, para cambiar la realidad penitenciaria por una donde prevaleciera el respeto y cumplimiento de los derechos humanos en su totalidad.

Así identificaron también las principales falencias de la población penal, sus limitaciones personales y sus preocupaciones más relevantes: la necesidad de terminar sus estudios, de adquirir habilidades laborales, de adquirir conocimientos jurídicos para comprender sus condenas y velar por sus beneficios carcelarios; y, por sobre todo, de proteger a sus hijos en el exterior y evitar el abandono y que se transformen en futuros condenados.

Y, de a poco, Bidi y su equipo de voluntarios empezaron a capacitar a los reclusos y reclusas en distintas técnicas laborales, conocimientos computacionales e informáticos, a mediar por mayores horas de visitas familiares, a exigir tratamientos psicológicos tanto para los internos como para sus familias, a impartir talleres de valores y habilidades parentales, a asesorarlos jurídicamente; y a hacerse cargo también de fomentar la educación integral de aquellos niños con sus padres tras las rejas, poniendo a disposición guarderías para ellos y programas educativos en barrios críticos y colegios.

Ha sido tal el éxito de las técnicas carcelarias de Bidi, que hoy se implementan en numerosos recintos penitenciarios de India y Asia. Ejemplos como el de esta mujer nos inspiran y nos hacen creer en el poder de los agentes de cambio, cuando están inspirados por verdaderas convicciones.

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