Por Felipe Landaeta
Psicólogo Transpersonal

La vida se nos dio como un regalo. En el proceso de crecimiento a los hombres se nos suele enseñar a fortalecer el yo, a la competencia y a intentar ser el mejor en un ámbito. Por otro lado, a las mujeres se les suele enseñar a colocar el foco en las relaciones y la colaboración, evitando la competencia, al menos de forma evidente.

Y es así como nos vamos encontrando hombres y mujeres, y también parejas del mismo género, que deciden caminar juntos la vida. ¿Pero qué es la pareja?

La concepción de la pareja para toda la vida ha ido cambiando, desde la noción de pareja heterosexual para toda la vida, a diferentes tipos de pareja en término de miembros de la relación y de la forma en que la pareja acuerda constituirse. Hace unos años se creó en Chile el Acuerdo de Unión Civil, el que de hecho el último año se incrementó en relación a años anteriores y donde poco más del 70% fueron realizados por parejas heterosexuales.

La concepción de la pareja además ha ido cambiando, y aquí me referiré a parejas heterosexuales principalmente, dado el cambio del lugar de la mujer en nuestra sociedad.

La lucha por los derechos de las mujeres ha logrado efectos importantes, y su inclusión en el mundo del trabajo, que antes pertenecía casi exclusivamente a los hombres ha generado un remezón que aún estamos intentando comprender. Aunque todavía existe discriminación en los sueldos entre hombres y mujeres que tienen puestos similares en la mayoría de las organizaciones, la incorporación de la mujer es una tendencia en crecimiento, así como el número de mujeres que van a la universidad. Rose Marie Murano, por ejemplo, referente feminista brasileña afirma que en los últimos años los datos indican que en las aulas universitarias se ven más mujeres que hombres, y que la tendencia va hacia allá.

Esto ha cambiado la forma en que hombres y mujeres nos relacionamos, y la antigua concepción de que la mujer se dedicaba a las labores del hogar y de crianza, y que el hombre realizaba trabajo remunerado fuera de casa ha ido modificándose.

Hoy cada vez más voy conociendo casos de parejas donde las mujeres ganan más dinero que sus parejas hombres, lo que para algunos está bien y es una circunstancia natural, mientras para otros es fuente de problema de pareja y en relación a su círculo familiar y social.

También hoy he escuchado bastante la queja de las mujeres respecto a las parejas hombres, como que ellas han avanzado mucho y los hombres no hemos hecho gran trabajo con nosotros. Lo que puede ser cierto. Sin embargo quiero tocar aquí el tema de la queja. ¿Quién es el que se queja?

 

EN MI EXPERIENCIA SE QUEJA:

(a) quien pretende exige una respuesta de un otro, generalmente desde una postura infantil, para que otro satisfaga sus necesidades, así como un niño o niña que hace un berrinche;

(b) quien se siente oprimido y se queja y reclama por sus derechos, para intentar a la fuerza establecer un nuevo equilibrio;

(c) quien desde una postura clientelista reclama sus derechos porque “yo pagué” por este servicio y “tu deber es hacer lo que yo pagué”

(d) En una relación “porque yo he hecho tanto y tu tan poco”. Aquí se reclama un equilibrio de dar y recibir, donde una parte se siente superior a la otra.

Joan Garriga señala, en relación a este último punto, que en su experiencia son más las mujeres que se sientes mejores que sus parejas que hombres que sienten esto. Entonces, me pregunto, si me siento superior a otro, ¿por qué es esto?. ¿Qué he hecho que me atrevo a colocarme por sobre?

Recuerdo una conversación respecto a este tema con una consteladora familiar argentina. Ella indicaba que esto sucede porque la mujer junto con la capacidad de generar vida en su cuerpo, y la decisión de querer continuar con esta gestación o no, además se ha insertado en el mundo del trabajo, por lo que poco a poco puede percibir que hace tanto o más que el hombre, desplazándolo a un plano secundario. Si además el hombre se mueve al terreno físico de la mujer, esta consteladora planteaba, se queda sin mucho que aportar, pues no es protector ni conocer del espacio, la que sería la labor principal.

Entonces se plantea una interesante encrucijada hoy. He escuchado mujeres plantear que los hombres “son un mal necesario”, y es posible que hacia el futuro muchas decidan tener hijos por su parte, ayudadas por los nuevos métodos de la ciencia, y fuera de una familia constituida por hombre y mujer.

El empoderamiento de la mujer viene a restablecer seguramente la injusticia a la que se han visto expuestas históricamente. Sin embargo aquí cabe un detalle, y es que los hombres de hoy no somos los opresores del pasado, y muchos estamos activamente involucrados en un trabajo consciente y profundo de desarrollo personal y espiritual.

Desde este lugar, y en este contexto actual, me propongo pensar la pareja como un equipo:

  • Basado en la confianza mutua y en el reconocimiento que juntos logramos cosas que cada uno solo no puede.
  • El compromiso es clave, sobre todo en las crisis y momentos difíciles, que sirven para replantearse, acercarse o alejarse.
  • Ninguno es más importante, aunque hay momentos en que uno sabe más y por lo tanto tiende a liderar.
  • Nos desafía a crecer y desarrollarnos.
  • Nos permite trascender y saber que pertenecemos a algo más grande.
  • Tomando la propuesta de Losada en relación a los equipos, y llevada por Gottman al campo de pareja, debe combinar positividad con un realismo que nos permita poner los pies en la tierra.

Tal vez mirado así, ambas partes de una pareja podrán entender y colaborar, desde el reconocerse como necesarios para alcanzar lo que decidan lograr, desde una actitud de reciprocidad, de dar y recibir… tal como un equipo.

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