Por Ximena Ávila (Psicóloga clínica)
Facilitadora terapias y talleres para mujeres

Desde tiempos históricos inmemorables, el útero fue simbolizado cómo una vasija vacía en la cual se creaban todas las formas de vida. Podemos rememorar por ejemplo, la búsqueda incansable del Santo Grial por los caballeros de la mesa redonda, así como la confección de innumerables cántaros de greda en el arte del paleolítico superior, los que aludían a una poderosa cualidad femenina.

Sin duda se deseaba manifestar la percepción de la capacidad de recibir del útero, capacidad que le permitiría recibir la vida y gestarla por nueve meses. Personalmente he considerado mucho la idea de que las mujeres somos un útero con patas, por lo que creo que la salud de este órgano dice mucho acerca de cómo se encuentra nuestra vida familiar y relacional e incluso nuestros aspectos más íntimos. Considerando esto, pasamos a convertir al útero en la gran síntesis biológica, emocional, mental y energética de nuestra vida, siendo éste un espejo que reflejaría nuestro inconsciente.

Según ciertas visiones de medicina alternativa el útero femenino representa metafóricamente el «nido de nuestra vida», aquel núcleo donde incluimos a aquellos seres más importantes y cercanos para nosotros, nuestro círculo familiar y relacional íntimo. por lo que según ello, existen situaciones alusivas a los integrantes de este círculo que pueden generar emociones que dañan directamente este órgano apareciendo bloqueos tales cómo quistes o tumores. Pues muchos de los cánceres de útero tienen directa relación con pérdidas importantes del nido, que han generado en la mujer un shock emocional tan fuerte, no esperado y no expresado lo que ha terminado por manifestarse en el cuerpo como una forma de recalcar  que existe en nosotras un proceso emocional necesario de considerar y sanar.

Sin embargo en lo personal esto no resulta un motivo de preocupación, ya que creo que debemos aprender a aceptar las pérdidas y la muerte como parte de la vida, lo que es muy posible de integrar con apoyo afectivo de terceros.

Lo que realmente me causa preocupación (y sé que a muchos terapeutas también) es la forma indiscriminada en que hospitales y clínicas privadas están realizando la práctica de histerectomías planteándola como la «única y la gran alternativa» para sanar a una mujer con el útero enfermo. Esto provoca y suma otro duelo a quien ya se encontraba viviendo una pérdida, generando en ésta un sinfín de nuevos problemas emocionales y físicos.

Como mujer y terapeuta esta tala indiscriminada de úteros me aterra, ya que creo firmemente que toda enfermedad es un mensaje del cuerpo el cual en el caso del cáncer no es más que un llamado desesperado a cambiar paradigmas autodestructivo profundamente
enraizados en nosotros. El sacar el útero a una mujer no la ayuda a comprender su proceso, sino que por el contrario este seguirá haciendo ruido desde su inconsciente, generando la posible aparición de nuevas dolencias en el cuerpo.

Por lo tanto el mensaje que en estas pocas líneas me importa transmitir, es que toda dolencia puede ser curada siempre que descifremos su mensaje y hagamos un cambio profundo en nuestra forma de vivir. Y en especial los problemas de útero invitan a soltar y
dejar ir aquello que ya no estará más en nuestra vida, practicando el desapego en todos los sentidos y aceptando las pérdidas humanas o de otra índole como parte necesaria de nuestra evolución consciente.

www.cantarosagrado.cl