Por Todos Juntos

Todos somos estamos familiarizados con la gran cantidad de estadísticas que ilustran cómo los estilos de vida modernos se han convertido en insostenibles y cómo la humanidad ya está consumiendo los recursos naturales mucho más rápido de lo que el planeta puede producir o renovarlos. En un intento por revertir estas tendencias, cada vez más personas están tratando de consumir menos, reducir los residuos y reciclar con más regularidad. El rápido crecimiento de la economía de intercambio en los últimos años refleja esta creciente conciencia ambiental y el compromiso con un cambio en los patrones de consumo no sostenibles. Las posibilidades de intercambio que ya son infinitas en muchas partes del mundo; desde automóviles hasta conocimientos.

Mientras que la economía del compartir significa un desarrollo muy emocionante e importante en el comportamiento del consumidor, se ha hecho poco hasta ahora para cambiar las políticas, estructuras e instituciones que apuntan y promueven estilos de vida insostenibles. La creación de un mundo realmente sostenible requerirá en última instancia de los responsables políticos para que promulguen reformas mucho más radicales en la manera en que gestionamos los recursos del mundo y organizamos los sistemas económicos. Como muchas personas que participan en la promoción de la economía del compartir reconocen, cada vez es más importante apoyar también esos objetivos más amplios de reforma económica.

Los acontecimientos fundamentales de 2011 demostraron que ya hay millones de personas en diversos países que abogan por reformas sistémicas de transformación, desde el movimiento Occupy hasta la Primavera Árabe. Estos movimientos, junto a muchos otros grupos de la sociedad civil y los ciudadanos comprometidos, reconocen que será imposible crear un mundo futuro más justo y más sostenible a menos que reformemos las políticas que sostienen y mantienen el status quo. Según numerosos estudios, la promoción de valores “intrínsecos” que van más allá de las preocupaciones sobre uno mismo son, a la larga, mucho más propensos a promover estilos de vida sostenibles que un enfoque en valores “extrínsecos”, tales como la ganancia financiera personal. Las implicaciones de estos hallazgos son claros: si los que promueven la economía del compartir están de acuerdo en la necesidad de crear un cambio en la conciencia pública que pueda lograr una transformación real en la sociedad, es necesario hacer hincapié en los beneficios ambientales y sociales más amplios de intercambio y no sólo en los beneficios puramente personales, tales como el ahorro financiero. Sin la participación pública en la política, que mantiene estilos de vida insostenibles, será imposible hacer frente a las soluciones a largo plazo en la desigualdad y en el cambio climático.

La economía del compartir está todavía muy en sus comienzos y, dada la variedad de actores involucrados, su surgimiento como una fuerza del bien se está discutiendo entre una amplia variedad de perspectivas diferentes. Por un lado, están aquellos que ven la economía del compartir como una herramienta para hacer justicia social o solucionar las cuestiones ambientales – tales como las personas que establecen los bancos del tiempo, sistemas de distribución de alimentos o los estilos de vida bajos en carbono. En el otro extremo del espectro, hay muchos empresarios que están de pie para hacer millones de dólares con sus nuevas plataformas de intercambio, principalmente animando a la gente a alquilar los bienes infrautilizados que poseen.

www.todosjuntos.cl