Por Felipe Landaeta
Psicólogo

Cada día escucho más la frase “soy un buscador espiritual”, la misma que yo mismo usé por muchos años. Lo que después se transformó en “soy un encontrador espiritual”, pasando del “deseo de” al “encuentro con”. El tema es que en el deseo de una vida más plena de sentido y de felicidad nos ponemos en la búsqueda de aquello que nos llene, y aquí está la paradoja: ¿qué es lo que realmente estamos buscando?.

Chogyam Trungpa, maestro budista, cuestiona la verdadera naturaleza de la búsqueda espiritual pues nuestro ego “puede apropiarse ilícitamente de todo para sus propios fines. Incluso puede explotar la espiritualidad”. Cabría preguntarse incluso a qué se refiere cada persona cuando dice “espiritual”. He conocido algunos que lo espiritual es estar en la iglesia, para otros estar meditando, para algunos consumir una sustancia, otros al servicio a través de su trabajo o una obra, y la minoría refiere a la vida espiritual como una totalidad, como el sentido mismo de nuestra existencia.

Trungpa nos advierte que cuando tomamos las enseñanzas para fortalecer el ego entonces se usan como algo externo, como un ropaje, algo a imitar, y sin un real interés de transformación interior. Esto es complejo pues la única forma de incorporar realmente las enseñanzas de cualquier camino o tradición es a través del proceso interior y de adquisición e incorporación de las enseñanzas. Se trata de un camino de desarrollo de una nueva coherencia.

Una vez escuché a alguien decir “yo he hecho muchos retiros, me conozco mucho, he estados con este y tal maestro, estoy muy evolucionado”. Esas palabras quedaron reverberando un tiempo en mi mente y me hacían ruido. Hasta que entendí que este era un ejemplo de materialismo espiritual, del uso de experiencias y caminos andados como chapas para mostrar, diplomas que ofrecer al mundo, en este caso para sentirse especial y mejor que los demás. Esto es muy egótico, el querer sentirnos especiales, tener un lugar de privilegio, ser mejor que otro. Y aquí hay otra paradoja: cuando los caminos se hacen elitistas, para ciertos grupos de personas especiales o elegidas, a veces con sesgo económico, ¿no estamos frente a otro aspecto de lo mismo?.

He leído que el budismo plantea que el camino no tiene mucha relación con experiencias de ningún tipo en especial, sino más bien con la práctica sostenida y continuada, con el mantenerse en una forma de vivir caracterizada por ciertos principios. Para le budismo las  experiencias en estados extraordinarios de consciencia no tendrían un rol importante.

Jorge Ferrer, por otro lado, indica que la espiritualidad implica ir al encuentro de realidades que nos trascienden y que sería un error del ego atribuir las experiencias a la condición personal. Es decir Ferrer nos invita a darnos cuenta que las experiencias que tengamos no nos pertenecen, sino que son fenómenos no locales con los cuáles sintonizamos y participamos de ellos.

Creo que la espiritualidad es accesible para todos, no elitista, nos conecta con la profundidad de la vida y también con lo concreto y cotidiano, nos pone más en el mundo, nos compromete, nos hace sobretodo humildes pues nos ubica en relación con lo que es vasto y que todo lo abarca, lo que es más grande que nosotros, y nos lleva a querer contribuir a un mundo mejor. Cuando estos elementos no están presentes me pregunto a veces ¿qué entendemos por espiritualidad?, me cuestiono, indago, converso con otros, y voy aprendiendo y creciendo en esta visión.

felipe.landaeta@uai.cl