Por Natalia Bullon 

¿Qué es lo más difícil de estar sólo?
El hecho de estar solo.

Mientras tomábamos un té con un amigo una tarde de domingo, nos pusimos a conversar sobre qué es lo que más nos cuesta de estar “solos” y la primera respuesta fue “el hecho de estar solo”.

Parece ser que cuando nos alejamos de un contexto social (que a veces es una constante en nuestras vida llena de eventos) tenemos menos tiempo para entretener nuestra mente y no nos queda de otra que volcar esos ojos para adentro. Estamos con más posibilidades (que no significa que estemos atentos) a ver nuestro propio mundo interior y “tolerarnos” con todo lo que surge, nos guste o no.

En estos tiempos donde todo está apresuradamente conectado por las tecnologías, existe una dualidad muy profunda y abismal; existen todas las herramientas creadas para conectarnos por un sólo click; buscamos me gustas, buscamos ver la vida de los demás de través de las fotos, buscamos ser parte de un grupo y aceptación conectando con otros como seres humanos (que es una característica intrínseca del ser humano) pero a veces en la búsqueda de más nos perdemos de lo sutil. En nuestro intento de buscar afuera perdemos lo valioso del fenómeno de la conexión con nosotros mismos.

Todas las experiencias humanas son un campo de vida para otras experiencias. Todo existe en base a causas y condiciones, sólo que no vemos los ingredientes del pastel cuando estamos a punto de comernos el pedazo de pastel. Vemos la soledad como el estado que queremos evitar, lo queremos negar en lo profundo y no vemos la tremenda oportunidad que representa. Una tierra fértil donde puedo comenzar a plantar semillas de buen amor para mí. Tomará tiempo (seguramente años) pero lo cierto es que puedo comenzar HOY.

Estar solo es una oportunidad para ver de cerca nuestras emociones y comenzar a ponerles nombre, sentirlas, lidiar con ellas y poder mirar con claridad que son emociones que están dentro de mí y que no son la consecuencia de que el otro está en mi vida. El otro, los otros, no son más que el objeto que desencadena mis celos, mi envidia, mi felicidad, mi éxtasis, mi descontrol, mi paz, mi ira. Más allá de ellos, del evento, todas las emociones ya residen en mí.

Es una oportunidad para hacer las paces contigo, para dejar de luchar por lo que deberías ser o los pensamientos que deberías pensar, porque deberías estar a gusto ya que “lo tienes todo” y sigues mirando el vaso vacío, porque tratas de pensar positivo pero no lo estás logrando, porque deberías pero no puedes. Tente paciencia. Recuerda que los tratados de paz toman años en los países, que incluso después de la paz las generaciones posteriores siguen sufriendo los estragos de las guerras. Recuerda que cuando estás enojado con alguien toma tiempo hacer las paces con esa persona. De igual manera, hacer las paces contigo mismo toma tiempo. Todos somos aprendices de aceptarnos tal y como somos.

Si bien es cierto nunca estás solo (están amigos, familia, comunidad, etc) uno puede percibir que está solo. Si estás sin pareja, se puede sentir que una parte importante con quien compartías todo (y casi siempre era un mejor amigo) no está disponible y que esa energía que volcaba en compartir mi experiencia, mis traumas, mis miedos, mis rollos internos o mi rabia, ahora sólo se vuelca hacia mí. Puede ser que sigas canalizando esa energía hacia tu familia o tus amigos sin darte cuenta, pero cuando haces una pausa te das cuenta que no son ellos. Es cuestión de mirarse un poco más.

Es una oportunidad para convertirte en tu mejor amigo, de verdad. No sólo estar ahí para ti porque te toca estar (y dices-que más porque habito este cuerpo o mente y no la puedo cambiar) sino que comienzas a construir ladrillo a ladrillo tu propia casa interior. ¿Cómo vas a invitar a alguien a tu casa si no puedes soportar estar tú en ella? Comienza por reconocer tu casa, tu mente, tu cuerpo, así como es. No hay nada malo en ella. Absolutamente. Todo lo que crees que es exactamente eso, CREENCIA y eso va para ambos lados. Si crees que eres lo máximo del mundo o si crees que no vales para nada, ninguno de esas creencias es lo que tú eres. Ambos corresponden a lados opuestos de la misma moneda; de la excitación continua o de la depresión. Eres lo que eres.

Una vez que te sientas cómodo y a gusto en tu casa (mente, cuerpo, alma) y sepas que es la única que tienes y que no es mejor que las demás ni peor, que es única, estarás preparado para recibir invitados y dejar de esperar que ellos te traigan la comodidad o la alegría a la misma. Ellos podrán venir, traer flores, los más hermosos mantos para cubrir los sillones, dejar perfumes en cada esquina, pero habrá un conocimiento interior a prueba de balas que por más que todos tus invitados se vayan, tu casa seguirá siendo lo que un día construiste, y habrá cambiado porque ahora tiene la marca invisible de todos aquellos que pasaron por ella. Celebrarás que los invitados llegaron, tal como en tu cumpleaños, y que hayan compartido lo más íntimo contigo, pero de la misma forma podrás amar su partida, porque la semilla de ellos y de vuestro encuentro ya se grabó en lo profundo de tu corazón.

Es la oportunidad de perdonarte, de mirar los reclamos que te estás haciendo, mirar el enojo que vive dentro de ti y que no tiene como canalizarse, de observar que quieres escapar de ese estado de soledad buscando anclarte en algo (celular, películas, conocimiento, amigos, TV, libros, etc). Este es el tiempo de mirar con buenos ojos el intenso deseo de escapar de ti mismo, de dejar de juzgarte porque no deberías escapar de ti. Benevolencia con nosotros mismos porque hoy, este momento, es una nueva oportunidad para comenzar a construir.
Perdónate y desde el perdón a ti mismo nacerá automáticamente el amor para ti y todo lo que existe.

Es la oportunidad de derrumbarlo todo. Como si el castillo de arena en la playa se hubiera destruido y quedaran los restos de arena dispersos y visibles. Es parte del proceso de “muerte” sentir tristeza y hacer el duelo porque queríamos que ese castillo siga de pie; sin embargo, en algún momento esa destrucción se convierte en el campo de posibilidades para construir algo nuevo, con otros ojos, desde otra perspectiva. Podría seguir en el ciclo de buscar nuevas experiencias para anclarme (y de alguna manera distraerme) o también podría respirar hondo, tomar valor y afirmar mi convicción. Es la oportunidad de morir y de nacer cuantas veces lo necesite.

Es la oportunidad de comenzar a diferenciar qué es lo que verdaderamente me trae alegría; desde leer un libro en la tarde en vez de ir a la playa con 20 amigos, o ir a un bar a tomarme una cerveza en vez de quedarme en casa meditando. Es llevarte a la pregunta interna de si esto me entrega alegría independientemente de los condicionamientos sociales. Si te entrega alegría interior seguramente es un ladrillo de oro para la casita que estás construyendo dentro de ti.

No digo que nos aislemos del mundo, digo que cada oportunidad es un campo de más oportunidades y el estar sólo es un campo ávido de semillas de amor para nosotros y por ende, para el mundo entero.

Pienso que el día que estemos tan a gusto en nuestra casa interior nuestros vínculos contribuirán a nuestra alegría de vivir, dejando de pedir al mundo y a la vida que me entregue lo que creo que me hará feliz, comenzaré a compartirme desde el dar: porque encuentro que dando y dándome estoy devolviendo lo grandioso que he recibido por tantos años: la oportunidad de vivir.

LA ALEGRÍA DE ESTAR SOLO