Por Natalia Bullon 

Una de las cosas que más profundo han tocado mi corazón y que siguen transformándome son los vínculos. Vínculos de todo tipo: Con mis padres, con mis amigos, con mis parejas, con el mundo. En varios años de mi vida sentí que muchas de las cosas eran conflictos sin resolución: me llevaba cada vez peor con mis padres, no le caía bien a nadie, nadie me terminaba cayendo bien, mis relaciones de pareja eran dependientes, andaba enojada por la vida y cualquier acontecimiento insignificante, como el tráfico de Lima, terminaba por desatar mi ira. El mundo entero me caía mal y me parecía que había que cambiarlo.

Al principio, yo creía en verdad que el mundo estaba mal y que yo también estaba mal pero no tanto. Con el pasar del tiempo, cuando las cosas que quería que sucedieran no sucedían, me comencé a preguntar si la que estaba haciendo algo mal era yo. Allí comenzó todo. Me di cuenta que lo que yo padecía era ceguera. Ceguera de no ver que todo el descontento que yo veía afuera no lo podía ver adentro. Que allí era donde tenía que empezar a construir. Hablo de esto último porque, al identificar las dinámicas que me movían en los vínculos más íntimos pude también identificar por qué éstos no me estaban funcionando, por qué no lograba consolidar vínculos profundos, duraderos y prósperos, libres de demandas infantiles.

De acuerdo a las constelaciones familiares, en todos los vínculos se debe cuidar el equilibrio del intercambio. No existe posibilidad de un vínculo maduro y adulto si no hay equilibrio entre el dar y el tomar.

¿Qué significa esto?

Que en todo intercambio de dos adultos en un vínculo es necesario experimentar un “Yo te doy tú me devuelves”
“Yo te doy algo para luego tomar algo”.

Bert Hellinger, quien da a conocer el método terapéutico de las constelaciones familiares, dice que todos tenemos un órgano interno que nos sirve de sensor para saber si el intercambio ha sido logrado, que nos sirve para mantener el equilibrio. Es como una balanza. Sabemos cuándo experimentamos deuda o somos deudores. Desde allí seguimos dando o tomando las veces sean necesarias para permanecer en el vínculo.

De la misma manera que el vínculo se puede lograr en la medida que se da y toma constantemente en un intercambio cada vez más profundo, también el vínculo entra en peligro cuando se lastima el equilibrio, por ejemplo cuando uno da mucho y el otro no puede tomar lo que se le está entregando. Si lo tomase entonces sería mucho para él y no podría permanecer en su dignidad. Lo que puede suceder en estos casos es que aquel que no puede tomar experimenta que lo que le entregan es demasiado y se tiene que ir de la relación. De esa manera no se siente culpable por no entregar lo que debería dar. Por otro lado, puede ser que quien experimenta que está dando mucho, en un acto de dignidad propia y lucidez como adulto, se vaya de la relación al darse cuenta que sus necesidades no están siendo satisfechas a pesar de haberlas expresado claramente.

En este largo y divertido camino que es la vida, al menos desde mi experiencia, podemos sentir que estamos a veces en un lado como dadores incondicionales en una relación, o como personas que no podemos tomar, cuando nos parece que el otro nos abruma con lo que nos entrega. Es necesario poder ser honestos con nosotros mismos al nivel de preguntarnos si lo que estoy dando lo estoy dando como amigo, pareja o si estoy tratando de suplir algo más grande, por ejemplo, una madre o un padre.
¿Me estoy comportando como madre/padre al tratar de dar todo lo que el otro necesita?
¿Será que me cuesta dar porque quiero que solamente me den, así como los padres dan todo a un niño?
Desde ambos lugares, identificándonos con un estado padre o niño, no hay mucha posibilidad de un encuentro como pareja adulta, pero si un encuentro para otros tipos de relaciones.

A veces cuando las personas reclaman mucho en los vínculos es porque pueden tomar poco. Suena enredado, lo sé, pero es necesario que vayamos lento en esta parte. Para reclamar mucho es necesario mantenerse hambriento, y la única forma de mantenerse en este estado parásito de pedido continuo es no tomando aquello que me es dado, y originalmente dado de mis padres. Cuando nos detectamos en este estado es porque hay algo de mí que no está tomando en el corazón a ambos padres. Así, me mantengo en la indigencia y en el victimismo, en el reclamo continuo y te reclamo a ti lo que en realidad quiero reclamarle a mis padres.

Cuidar los vínculos significa darle al otro aquello que es capaz de tomar y que puede compensar de alguna manera manteniéndose en su dignidad. Suena titánico y un trabajo de constante presencia, pero es vital poder mirarnos con sinceridad en nuestras fortalezas y limitaciones así como mirar al otro en lo que puede y lo que no.
No aceptemos aquello que no somos capaces de dar.
No demos más de lo que el otro no puede recibir.
A veces damos más no dando, a veces ayudamos más no ayudando.

El buen amor significa poder mirar claramente al otro y respetar en él sus dificultades.
Con esa realidad vista, puedo elegir quedarme o marcharme.
De esa manera también respeto mis propias dificultades y limitaciones.

Hay varios estudios sobre la felicidad en donde miles de personas dicen que lo más importante que han construido a lo largo de la vida no han sido sus bienes, logros o títulos académicos, sino más bien los vínculos de corazón que lograron establecer con otros. En ese sentido, considero aún más importante cuidar el equilibrio del intercambio para experimentar relaciones llenas de alegría y nutritivas, por ejemplo; en los amigos, como cuando alguien me obsequia algo y yo de alguna manera le retribuyo para su cumpleaños, en la pareja como cuando tú me heriste (intercambio negativo) y es necesario que yo restablezca el equilibrio con un poquito menos de dolor. La maestría está en poder restablecer el equilibrio expresándonos con sinceridad acerca de lo que esperamos recibir (para corroborar que no sean meras expectativas) versus lo que estamos dando y con amor para volver al camino donde tú y yo nos sigamos vinculando. Si así lo queremos.

No soy fan del positivismo porque siento que nos quita un poco de realidad humana doliente; sin embargo, debo decir que a pesar que este camino puede parecer tortuoso es también muchas veces divertido. Si ambas partes pueden salirse un poquito del “yo”, si ambos como amigos o pareja pueden mirar hacia un amor más profundo que los une, si nos mueve una profunda ternura por vuestra existencia y por lo que significas para mi, se puede caminar con suerte con una mochila ligera y llena de entusiasmo para seguir aprendiendo en el infinito espiral de las relaciones.

¡Que vivan los vínculos humanos!

 

LA MAESTRIA DEL DAR Y EL TOMAR EN LAS RELACIONES