Por  M. José Errázuriz

Esta coach asegura que los patrones de conducta adquiridos en la primera infancia se pueden revisar y abandonar sin que con ello se rompa afectivamente con la persona a la que están ligados. Apunta a hacer más consciente el inconsciente que maneja el 95% del cerebro.

Cree que toda persona puede ser su propio entrenador personal y así promover cambios que sean el camino hacia la felicidad. Sin embargo, observa que las personas hoy lo están pasando mal, y especialmente los niños, porque se someten a creencias que no les permiten actuar con entera libertad.

Patricia Valenzuela, coach e instructora de Programación Neurolingüística (PNL), asegura que la mayor parte de los seres humanos interactúan y reaccionan en su quehacer diario guiados por patrones de comportamiento heredados (mapeos) que en cierta forma hacen que nos enfrentemos a la vida con un par de lentes de un solo color.

“Y cuando usamos lentes de un solo color, no existe apertura mental de que la vida puede ser diferente, de otros colores”, dice.

Por lo mismo, propone que cada persona en su fuero interno revise los patrones emocionales con los que se mueve y se ponga en marcha para hacer los cambios necesarios que mejoren su calidad de vida.

Para lograr lo anterior, acaba de editar junto Edmundo Velasco, un libro o guía práctica “Coaching para una vida feliz” en el que se entregan instrumentos y métodos de trabajo personal que pueden ser el inicio de esos cambios.

-¿La gente le tiene miedo a los cambios?
“Sí, terror, ponerte en una zona de cambios es sacarte de tu zona de confort. La zona de confort primaria es el vientre materno, donde nacen todos los aprendizajes emocionales, porque se trata de un lugar seguro. Cuando salimos a la vida exterior, se produce un terremoto, porque se entra a un mundo frío, duro, muy distinto al que se estaba.
“La sensación de pérdida puede hacer que más adelante uno se quede en una relación de pareja sin amor”.

-¿Por qué cuando eres adulto, cuanto tienes ya capacidad de razonar, sigues teniéndole miedo a los cambios?
“Porque esos patrones son ciegos, están aprendidos en la primera infancia y uno se da cuenta de que los usa o cómo los usa. Hay que hacer trabajos de regresiones para detectar el problema y encontrar dónde nació. En esa revisión uno se pregunta dónde nació el temor a encontrar una pareja, o a estar sola, o a encontrar trabajo. Ahora, estos patrones y miedos son una herencia de esa familia, de cómo se comporta ese núcleo”.

-Hay una visión de que todos los cambios se tienen que gestar con la ayuda de otro, un psicólogo, un psiquiatra, un coach.
“Creo que eso se relaciona con los paradigmas ciegos; yo quiero cambiar, tú quieres cambiar, pero no sabes por dónde empezar, cuál es la hebra que se debe tomar. Para eso sirve el psicólogo o el coach que te ayudará a trabajar tus experiencias”.

-¿Pero se pueden hacer estos cambios solo?
“Totalmente; se puede hacer un camino solo convirtiéndose uno en tu autocoach, pero alguien tiene que mostrarte la forma. Hay coaching de todo tipo, pero el coaching con el PNL te pone herramientas en tus manos para que puedas obtener determinados resultados y aplicar en diversas circunstancias”.

-Dices que ponerse en la zona de cambios es salir de la zona de confort. Eso trae a colación que el ser humano es una especie de costumbres. ¿Eres una convencida de que podemos dejar de serlo?
“Se trata de sacarse los lentes, esos de los que hablábamos al principio y mirar que hay otros colores, que primero, pueden dar miedo, pero que después te llevarán a otro estado donde vivas nuevas experiencias. Muchos niños violentos lo son porque sus papá son golpeadores, y los abuelos también, pero si se les entregan herramientas, podrán cambiar esas conductas al ver los otros colores”.

-El inconsciente maneja la mayor parte del cerebro, el 95%. ¿Debemos esforzarnos para hacer más consciente el inconsciente? 
“Todo lo que se relaciona con la palabra esfuerzo genera rechazo. Creo que hay que usar una palabra más amistosa como descubrimiento, cómo hacerse amigo del inconsciente porque es éste el que maneja el sistema inmunológico, respiratorio y todos los otros. Cuando el inconsciente manda un dolor de cabeza, un dolor de estómago está mandando una señal porque no tiene voz. Pero qué es lo que hacemos, en vez de mirar y descubrir, tomamos una pastilla y matamos el mensaje”.

-¿Cuáles son los beneficios de hacer consciente el inconsciente?
“Significa poder dejar de repetir, como un robot, las mismas conductas que dan los mismos resultados. Si una mujer se quiere casar y no consigue encontrar una pareja, quiere decir que lleva haciendo lo mismo hace tiempo y no está haciendo ninguna limpieza interior, mental. Es como cocinar, nunca vas a modificar el sabor si sólo cocinas con sal; las cosas cambian si le echas aceite de oliva o una especie”.

-Hablas de cambiar nuestro mapeo, pero eso implica romper con muchas cosas, especialmente, aquellas que nos ligan a afectos. ¿Eso no es fácil? 
“Romper con los afectos de la crianza da la sensación de quedar huérfano, de estar traicionando a tus padres o tus profesores o hermanos. Pero cuando se rompe con los mapas se rompe con la experiencia y la enseñanza, no con la persona. Uno puede romper con modelos como ‘los niños no lloran’ ‘las mujeres son de su casa’, pero no con el padre o madre. Si uno mantiene esto atado al inconsciente por amor a esos padres, esto será algo negativo que va a trabajar en tu contra”.

-Nos preocupa poco la salud del cerebro; pocos tienen presente la posibilidad de hacer gimnasia cerebral. 
“Es verdad y por eso es tan interesante trabajar con niños. Si los adultos fueran un poquito más infantiles, más juguetones, le podrían dedicar tiempo a su gimnasia cerebral que permite estar más activo.
“La gimnasia cerebral busca crear nuevos archivos neurológicos, las conexiones de las neuronas y los circuitos que forman. Cuando se dejan de hacer circuitos, en la adultez, estos se pueden perder y puede generar un efecto dominó sobre otros hasta que aparecen enfermedades como el Alzheimer. Por eso, se deben estar generando siempre nuevos circuitos”.

-En el libro plantean lo conveniente de usar las afirmaciones positivas, pero ¿qué pasa si pese a su uso, todo deriva en frustraciones?
“Las afirmaciones necesitan tres requisitos, para que ellas resulten se deben unir tres canales de comunicación que se manejan en PNL que son: visual, sensorial y auditivo. Si uno hace una afirmación como ‘hoy tendré una actitud positiva’, pero mientras se verbaliza lo que se piensa es en las cosas que hay que hacer, la pelea con el marido, y los problemas de los niños, eso no sirve. El cerebro necesita los tres sentidos comunicados.
“Cuando se usa un solo canal de comunicación, las afirmaciones positivas no resultan y frustran”.

Patricia se detiene aquí para señalar que el negativismo en la vida se da, principalmente, por osmosis, o sea, por estar rodeados de personas y situaciones que son negativas, tóxicas, que te contaminan. “Ahora, esto no significa tratar de tapar el sol con un dedo y no darse por enterada de las cosas, sino que, al contrario, enfocarse en las cosas positivas que nos rodean”.

-¿La gente no se autocuida, en el sentido de que no se preocupa de rodearse de personas positivas?
“Es verdad, cuando uno puede establecer quién es quién, es porque se logra mirar los mapas de cada una de las personas que nos rodean y se puede resolver qué se desea de compañía. Y es mucho más fácil creer en las cosas malas que en las buenas. Los dolores de cabeza, los dolores de estómago tienen nombre y apellido, sabemos qué o quién los provoca y por eso, hay que saber no dejarse llevar por los mapas de las otras personas. Puede sonar egoísta preocuparse de uno, pero si no nos cuidamos no podemos ayudar a los otros; es como ir en un avión y tener que ponerse la mascarilla, primero el adulto y después el niño”.

-¿Hay que ser ambiciosos en los cambios?
“Hay que ponerse metas que sean un desafío; si uno se pone una meta que es fácil de lograr, el cerebro no se estimula. Hay que fijar una meta y una línea recta, pero no la que es más fácil, porque ésa no resulta. En PNL la línea recta no es la distancia más corta entre dos puntos, sino la más larga.
“Si se quiere bajar de peso, no basta con una dieta porque esa fracasará; hay que además, hacer ejercicio, y revisar patrones como las enseñanzas de la mamá que nos bombardeo con ´las penas con pan se pasan´ o ´guatita llena, corazón contento’”

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