Por Felipe Landaeta
Psicólogo

Nuestro mundo ha cambiado, tenemos mayor apertura y permeabilidad a nuevos conceptos, formas de ver el mundo y vivir la vida. Cada día más se incorporan nociones espirituales de tradiciones diferentes a las nuestras, como tradiciones nativas y orientales. Hace unos días, justamente, escuchaba a una persona comentar que “antes nadie hablaba de temas espirituales y hoy mucha gente tiene una opinión al respecto”.

Parece ser que también la caída de la credibilidad en algunas instituciones que concentraron el poder y “la verdad” ha ido acompañado de un movimiento hacia la búsqueda de la verdad interior. Este cambio parece una historia inacabada de la psiquis humana en busca de la Verdad, de las certezas inmutables, y en la caída de la ilusión de que hay seres sobrehumanos entre nosotros. Esta es la imagen que vemos en las historias donde un supuesto ser divino acapara el poder y la mayoría se subyuga a él debido a un supuesto estatus espiritual, hasta que gracias a la valentía de un héroe el colectivo se da cuenta de que en realidad se trataba de un humano común y corriente.

Gracias a la apertura de nuestra sociedad van cayendo las “vacas sagradas” en relación al mundo espiritual y religioso, y así estos seres “sobrehumanos” pueden ser juzgados por el colectivo y por la ley como cualquier otro humano “común y corriente”.

Y es así como en este camino muchos hemos ido explorando nuevas prácticas y estados de consciencia, accediendo a nuevos entendimientos e insights acerca de nosotros y de la realidad. En este proceso es importante recordar el impulso original de la búsqueda, generalmente orientado a la búsqueda de la Verdad, de una libertad interior, de sentirnos expandidos, conectados, en unión o comunión con la vida, con nosotros mismos y con los otros seres.

Y en este movimiento a ratos podemos perdernos y llegar a creer que una nueva verdad es LA Verdad última. En este sentido no es difícil caer en la idea de que “mi verdad es más verdadera” o “mi camino es EL único camino”. Recuerdo una vez una conversación hace unos 8 años con una mujer, y yo le comentaba mis dificultades en mi camino espiritual. Ella me dijo “tú no estás en el camino” agregando que “ustedes los psicólogos suelen visitar experiencias dolorosas en estos viajes interiores”. En ese tiempo me molestó que me dijera eso… y hoy que lo miro hacia atrás me pregunto ¿a qué se refería con “tú no estás en el camino”?, y también me pregunto si las experiencias dolorosas en el camino de autodescubrimiento y espiritualidad sólo le ocurren a los psicólogos.

En mi experiencia personal y profesional puedo dar cuenta que no conozco a nadie que realice un proceso espiritual transformador sin visitar aspectos dolorosos. Y tampoco he visto que exista UN SOLO CAMINO. En estos años que acompañado casi 2000 personas en diferentes instancias de crecimiento personal, y puedo agregar muchas horas de conversación con amigos y amigas con quienes hemos abierto el corazón a esos procesos íntimos que hemos experimentado. Y aún no reconozco un camino igual e idéntico.

También creo que hoy necesitamos de mayor pluralismo espiritual y religioso. Debemos avanzar hacia valores transversales como verdadera aceptación y diálogo. En este sentido, ¿De qué sirve que hayan muchas personas despiertas «atrincheradas» en nuevas creencias espirituales o religiosas, o en una «tolerancia» que disfraza un ninguneo sutil de las diferencias?

Desde estas Verdades básicamente seguimos funcionando desde la misma convicción narcicista y desde la ceguera de creer que mi verdad es mejor que la de otros. Aceptación mutua, NO tolerancia.

No creo que hayan verdades mejores que otras, pero sí verdades más abarcativas. Esto no las hace mejores, sino que simplemente incluye, abarca y unifica más formas y expresiones diferentes en una coherencia que nos trasciende.

Rajiv Malhotra en su libro “Being Different” (“siendo diferente”) explica este fenómeno en el mundo del diálogo interreligioso. A través de ejemplos y situaciones concretas entre líderes religiosos Malhotra demuestra como la arrogancia y la negación de la diferencia están a la base de grandes conflictos y de formas de vida actuales. Partiendo desde una visión que “mi verdad es más verdadera” la tolerancia se transforma en realidad en una negación sutil, y a veces burda, de las diferencias de creencias.

El verdadero respeto y mutua aceptación aparecen como claves para el diálogo constructivo, y no sólo para el diálogo en el mundo religioso, sino que para todos los ámbitos de la vida. Porque basta que examinemos honestamente nuestras conversaciones y veremos cuántas veces queremos tener la razón, o nos molesta cuando nos contradicen, o nos sentimos incómodos cuando percibimos que hay un otro que nos quieren convencer de alguna idea o creencia, o tal vez cuando nos sentimos cuestionados en nuestras convicciones. Y es que en el diálogo y encuentro la posibilidad de transformarnos es alta, entonces la negación del otro es en el fondo una forma de protegernos de la amenaza de la transformación.

En este sentido creo importante reconocer cuando “nos casamos” con una nueva verdad para reemplazar a la verdad anterior, y así mantener una ilusión de estabilidad. Me hace sentido lo que Joan Garriga plantea respecto a la maduración y su relación con la capacidad para mirar y abrazar formas de vida diferentes, y verlas como potencialmente propias. Hoy me siento en coherencia con la idea de que la maduración espiritual tiene relación con el ir desarrollando una visión más profunda que reconoce los fenómenos como interdependientes, una mirada que discierne para elegir y que no separa con juicios tajantes sino que tiende a unificar, avanzando así hacia una visión honesta de nuestra historia (con lo que expande y contrae), y con un corazón más abierto hacia quienes somos, hacia otras expresiones, y hacia las transformaciones naturales que nos suceden en cada encuentro.

Espero continuar con los diálogos e intercambios que me han llevado a lo que hoy creo y me es coherente. Y seguramente estas ideas seguirán evolucionando hacia otras nuevas, más abarcativas, menos sesgadas, y ojalá con más corazón.

felipe.landaeta@uai.cl

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