Por Felipe Landaeta (psicólogo)

El creciente interés en el desarrollo personal, el autoconocimiento y la espiritualidad se encuentra ligado a un boom de nuevas terapias y enfoques. La Psicología Transpersonal ha quedado entremedio del gran número de personas en estos caminos y lo transpersonal.

En este campo la línea entre qué es Psicología Transpersonal (y qué no es) ha sido una discusión recurrente, y pocas veces realmente abordado. ¿Dónde están los límites de la disciplina?

En un estudio publicado el 2007 en el Journal The Humanistic Psychologist por Hartelius, Caplan y Rardin se hizo un análisis temático de las definiciones de Psicología Transpersonal que aparecieron en el Journal of Transpersonal Psychology durante 35 años. Como resultado general se observaron 3 dimensiones principales de definición de esta Psicología:

  1. lo Transpersonal como contenidos más allá de la psicología del ego, por ejemplo estados, etapas, caminos, potenciales, aspiraciones, valores y fenómenos más allá del ego, incluyendo el funcionamiento humano óptimo.
  2. lo Transpersonal como contexto para una psicología más integradora que abarca a la persona completa, incluyendo el cuerpo físico, lo socio-ecológico y los estados no ordinarios.
  3. lo Transpersonal como un catalizador de la transformación personal y social.

A modo de contribuir desde la propia experiencia y formación más elementos a esta discusión planteo lo siguiente:

Primero, y lo fundamental: se trata de Psicología. En este sentido como disciplina psicológica se podría esperar que lo que esté dentro del campo tenga una teoría que de explicación acerca de los fenómenos humanos, del comportamiento y/o de las dinámicas psicológicas. Estas teorías debiesen plantear hipótesis y explicaciones para ciertos fenómenos, las que como toda teoría se esperaría que fuesen posibles de ser observadas, ser refutables mediante nuevas observaciones y comprobaciones, y también ser modificables, actualizables y posibles de ser mejoradas gracias al nuevo conocimiento científico. Finalmente estas teorías debiesen ser reemplazadas por otras más abarcadoras y que den explicación a los fenómenos anómalos ya existentes y que harán insostenible el antiguo modelo.

Dado que se trata de Psicología entonces quedarían fuera del mapa de la Psicología Transpersonal aquellas prácticas que se sostienen sin teoría, sin modelos y que funcionan a punta de percepciones personales y juicios sin fundamento o fundamentados en si mismos (“esto es así porque así lo percibo”). Dicho de otra manera: estas pueden ser prácticas que incluyen experiencias transpersonales o accesos a lo transpersonal aunque sin teoría ni fundamentos entonces no podríamos llamarlas “Psicología”.

 

¿CUÁL ES LA LETRA CHICA?

La brecha aquí puede ser que a falta del conocimiento de los fundamentos y mecanismos de algunas prácticas y modelos pequemos de ignorancia y caigamos en lo mismo que el antropólogo Michael Harner cuestiona respecto a nuestra cultura: nuestro sesgo etnocéntrico basado en la creencia de que nuestra cultura y percepción es la única válida. En este sentido dentro de los practicantes de la Psicología Transpersonal también está el riesgo de negar el beneficio de psicologías más antiguas que la occidental por el simple desconocimiento, tales como las psicologías orientales, budistas, vedanta, o quizás las nativo americanas y chamánicas. Asimismo las prácticas mágico-rituales y visionarias muy usadas y en boga hoy si bien son prácticas transpersonales no serán psicologías transpersonales hasta incluir algunos de los elementos mencionados.

Dado que se trata de Psicología, la Psicología Transpersonal también está limitada en su práctica (y quizás en sus modelos teóricos) por la difícil misión de tratar con el sufrimiento que aqueja a una persona, a una psique individual. La creencia de que los que le sucede al individuo es de su exclusiva responsabilidad personal versus la mirada transpersonal-sistémica de que parte de lo que le pasa al individuo le pasa también a los sistemas a los que pertenece crea un área gris donde el abanico de prácticas es amplio. Algunos teóricos, estudios y modelos han “bajado” esto a lo práctico y dan cuenta por ejemplo de los traumas transgeneracionales y la forma en que estos se traspasan. Franz Ruppert por ejemplo y su trabajo con el trauma da cuenta de que a través del apego, de la forma de vincularnos con los padres y luego con los hijos, podemos traspasar entre generaciones una serie de dificultades emocionales cuando no han sido tratadas ni resueltas. Aquí entonces empezamos a ver que la dimensión transpersonal-sistémica de los sistemas COEX que plantea Stanislav Grof, o las lealtades invisibles que plantea Boszormenyi-Nagy, comienzan a tener ahora un fundamento observable.

Entonces y a modo de cierre de este apartado puedo mencionar que parte de las dificultades de delimitar el campo de la Psicología Transpersonal se relaciona con la definición del campo de la Psicología en sí, y que implica finalmente una concepción de ser humano que incluye la psiquis individual en relación e interdependencia con la psiquis global, lo transpersonal y los sistemas a los que pertenecemos y con los que interactuamos. Quizás pronto o tarde lleguemos a entender que “la gota no está separada de la totalidad del océano y posee en si la misma composición”.

Lo segundo es que trata con experiencias. La espiritualidad, la dimensión clave incluida en esta cuarta fuerza de la psicología como la llamó Abraham Maslow, se puede percibir a través de la experiencia directa, las que pueden ser primariamente personales y también compartidas con otros. En este sentido la amplia gama de estudios y observaciones clínicas acerca de experiencias místicas, de conversión religiosa, experiencias cumbre y psicodélicas, el viaje chamánico, las emergencias espirituales, el trabajo en grupos de encuentro y otros se encuentran dentro del campo. En esta línea estarían los estados no ordinarios o estados holotrópicos de conciencia. Es por este énfasis en las experiencias que muchos estudios se han enfocado en la dimensión experiencial a través de estudios científicos de tipo cualitativo, como lo son los estudios desde la fenomenología, fenomenología interpretativa y fenomenología-hermenéutica. En este campo también debiesen pensarse los estudios y modelos de la Psicología Positiva acerca del funcionamiento óptimo y estados de flujo, así como los estudios acerca del Mindfulness.

En tercer lugar: se trata de algo más que experiencias personales privadas. Esta es una de las críticas de Jorge Ferrer, uno de los actuales referentes dentro del campo transpersonal. En el énfasis humanista y transpersonal acerca de la experiencia personal se llegó a asumir dentro de estos campos que las experiencias nos pertenecen y hablan acerca de nosotros, fomentando así el narcicismo y el ego espiritual. Ferrer nos reencuadra recordándonos que las prácticas transpersonales sólo nos hacen conectar con una dimensión trascendente y nos aclara que los fenómenos transpersonales son no-locales y nosotros sólo podemos resonar con ellos.

Desde esta mirada se nos abre la consciencia respecto al narcicismo, el ego y materialismo espiritual y otro fenómenos que se pueden observar en nosotros mismos y en muchos practicantes de diferentes caminos espirituales y algunos de los propios promotores de disciplinas transpersonales.

Es importante entender que mientras nos ocupemos exclusivamente de experiencias privadas interiores los movimientos transpersonales están destinados a promover la individualidad, el narcisismo y el yo, lo que atenta contra los principios de la misma disciplina. Sería interesante recordar que lo transpersonal no se agota en mi contacto con lo trascendente sino que es una dimensión que está allí todo el tiempo y que hay varios caminos transpersonales como el estudio de escrituras y textos sagrados, la disciplina, la práctica devocional, la entrega y el servicio desinteresados, el amor y la compasión, el desarrollo de una vida con sentido trascendente y más.

Nuestra misión entonces, en caso de que creamos que hay algo más grande que nosotros, es entender que sería esperable que lo transpersonal permee nuestra vida cotidiana para que podamos ser canales de lo divino y enactuar estas comprensiones en nuestro quehacer cotidiano. Sólo de esta forma es posible que nos transformaremos en luces de accionar consciente en nuestros entornos y relaciones. En este sentido, por ejemplo, el Budismo nos recuerda que no basta con la propia iluminación sino que luego de esta debiésemos aspirar a ayudar a otros a alcanzar la liberación. Y también esto nos recuerda, al menos en mi caso, de que existen grandes maestros y practicantes de lo transpersonal, y la mayoría de ellos nada tienen que ver con la llamada “Psicología Transpersonal” ni con las “prácticas transpersonales”, sino que son personas que encarnan y viven en coherencia con estos valores en su vida cotidiana y que viven orientados a algo más que si mismos.

En cuarto lugar la Psicología Transpersonal y los practicantes de esta rama debiesen estar orientados en finalmente a la transformación personal y social. En este sentido sus practicantes debiesen estar en un camino constante de autoconocimiento y de desarrollo personal y espiritual, además de promover la transformación en las personas con las cuales les toque trabajar o acompañar.

Para esto es crucial la coherencia y congruencia entre lo que se enseñe y lo que se vive, pues sabemos que más se aprende y enseña por el ejemplo que por conceptos teórico. Sería indispensable entonces que la transmisión de conocimiento fuese desde el lugar en el que el profesor, facilitador, trainer (o como quiera llamarse) se encuentre en su vida. Sólo podemos dar aquello que tenemos en nosotros, el resto es teoría, modelos y principios. En esto entonces tenemos que moderar nuestras expectativas teniendo claro si estamos en búsqueda de un profesor, un terapeuta o un maestro espiritual, siendo este último un ejemplo vivo de coherencia viva.

Sea como sea aprenderemos del ejemplo, y cada cuál entregará desde su lugar una manera de ser y hacer que será clave en el aprendizaje y la transformación de otros. El trabajo personal entonces no sólo está orientado a uno mismo, sino también para ir transformando nuestro entorno a través de las nuevas actualizaciones de quienes somos, con nuestras luces y sombras.

Aquí también es importante mencionar que una parte será la investigación, desarrollos teóricos, discusiones de modelos, y reflexión sobre el quehacer mientras que otra dimensión clave correrá por parte de los practicantes y ejecutores que lleven esto a sus vidas cotidianas y sus procesos de acompañamiento. Ambos son necesarios, y no siempre van de la mano. He conocido a varios teóricos que, por ejemplo, no son terapeutas, sin embargo manejan un amplio conocimiento del campo y en profundidad. Otros tal vez sin conocer tanto de la teoría han desarrollado un “know how” que sólo la práctica y el acompañamiento de personas puede entregar. Ambas alas son necesarias para que exista un vuelo equilibrado.

Claramente esta es una conversación y reflexión en curso y no se agota aquí, espero que sigamos conversando, discutiendo, compartiendo visiones y creciendo como teóricos y practicantes, siempre teniendo en cuenta que el foco final no es la imposición del propio modelo, sino que la transformación personal y social.

felipe.landaeta@uai.cl