Por Raimundo Silva

Es ese momento íntimo, pero hermoso en que dejamos que nuestras almas desnudas se expresen sin filtro, desde lo más profundo y auténtico que somos.

Es ese momento en que reconocemos nuestras debilidades y nos entregamos a la vida sin más escudo que nosotros mismos.

Es ese momento en que sentimos la necesidad de liberar esas energías ásperas que nos asfixian hasta no poder tragar.

Es ese momento en que bajamos la guardia para transformarnos en los niños vulnerables que nunca hemos dejado de ser, y que buscan el cobijo de mamá.

Es ese momento en que nos rendimos a la verdad, sin más argumentos que nuestro lenguaje más auténtico y ancestral.

Es ese momento en que tomamos conciencia de que no podemos controlarlo todo, y soltamos sin más porque las fuerzas ya no dan.

Es ese momento en que abandonamos el ego para reencarnarnos en la dimensión humana y limitada que realmente somos.

Es ese momento en que los ángeles nos lavan las penas con nuestras propias lágrimas, y nos hacen sentir que estamos listos para florecer nuevamente.

Es ese momento en que reconocemos  ser polvo de estrellas, para hacernos uno solo con el Universo.

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