Un día me preguntaron qué es ser un «ser de luz», concepto que utilizo a veces en mis publicaciones en redes sociales. Recién entonces noté que tenía una connotación un poco sobre dimensionada, suena a demasiado elevado.

Ya es tiempo de desmitificar algunos conceptos. Ser de luz no es leer el campo áurico de quien se nos cruce por delante, ni levitar por la vida abstrayéndonos de nuestra experiencia terrenal. La verdad es mucho más simple y cercana; todos somos potenciales seres de luz sin importar nuestro pasado, y aún considerando nuestras imperfecciones en tanto humanos somos, ya que se trata solamente de aspirar a ser la mejor versión de nosotros mismos todo el tiempo, en todo contexto; abrazando nuestras imperfecciones y vulnerabilidades, y cayéndonos en el intento.

Ser del luz significa tener la capacidad de iluminarnos nosotros y a los demás sin importar las circunstancias. Se trata de elevar la conciencia para ser protagonistas activos en el arte de hacer el bien, para mejorar nuestras posibilidades de tener una mejor experiencia de vidas para nosotros y para quienes nos rodean.

Ser de luz es ser coherentes con nuestro relato personal. Es aprender a estar en paz y a amar en todas sus formas: perdonando, aceptando, sonriendo, abrazando, entregando, compartiendo, enseñando, construyendo. Es decir, todo aquello que sea un canto a la vida, que nos haga ser mejores personas, y que nos acerque más a Dios, Buda, Mahoma o cualquiera que sea la Energía Suprema que nos haga sentido.

Raimundo Silva
Coaching Ontológico Asersentido
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