REFLEXIÓN SOBRE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL DE LOS HOMBRES

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Por Felipe Landaeta

Muchos de nosotros aprendimos de pequeños que el contacto físico era para reprimir, castigar, y/o violentarnos de alguna forma.


Muchos recibimos el mensaje de que teníamos que arreglárnoslas solos, pues nuestros pares eran competencia y nuestro padre era una figura, si es que «presente», emocionalmente lejana. De ahí que algunos aprendimos a desconfiar y negar la necesidad de cariño.


Temprano aprendimos que habia que respetar a nuestros profesores por miedo al castigo y nos acostumbramos al abuso de poder.


Muchos aprendimos a esconder y en el mejor de los casos limpiar nuestras heridas emocionales en solitario, pues no era posible que nos vieran vulnerables: eso podría amenazar nuestra identidad y pertenencia.
Muchos tuvimos que aprender a buscar formas de reconocimiento, a veces absurdas, porque sin importar lo que hicieramos nunca nos sentimos suficiente y nunca nos sentimos vistos en quienes realmente somos. Por esto en el fondo, profundizando sólo un poco muchas veces encontramos un hoyo emocional que nos aterra.


Aprendimos algunos hace mucho tiempo que enfermarnos era una forma de pedir atención y cariño, primero de nosotros mismos y luego de otras personas. Porque enfermarnos es «más digno» que reconocer que nos sentimos rotos por dentro.


Muchos llegamos a la vida adulta con una realidad emocional de niños pequeños y heridos. De ahí que muchos de nosotros hemos tenido que aprender de nuestras parejas y con su Paciencia (con mayúscula) a reconocer lo que sentimos y saber hacer algo con eso, porque nunca nos enseñaron ni acompañaron en nuestro desarrollo emocional.


Hoy veo a muchos hombres, y a veces a mi mismo, y reconozco un inmenso dolor por estas realidades silenciadas y esos niños-adultos tremendamente heridos que nos carcomen por dentro. 


Pido y llamo a que nos hagamos cargo de nuestras heridas, a que nos reunamos, conversemos, nos encontremos para dejar de ser víctimas que nos terminamos transformando en victimarios.