Por Silvia C. Carpallo

Estamos hiperestimulados e hiperconectados. Nuestra mente no deja de recibir y gestionar información constantemente y por eso nos cuesta concentrarnos en lo sencillo, en vivir el presente.

Quizás por eso vivimos la era del mindfulness o la atención plena. Para algunos, solo una moda absurda, y para otros, una forma de empezar a plantearse este absurdo ritmo de vida.

Según Yolanda Cuevas, psicóloga e instructora acreditada en Mindfulness MBSR, «mindfulness es la capacidad con la que todos nacemos de poder estar en el presente. Se trata de estar aquí y ahora de una forma particular, con curiosidad y sin juzgar. Es sencillo y parece fácil, pero no lo es porque a la mente le gusta viajar, pensar, no estar quieta, errante…». Básicamente es la habilidad para concentrarnos en lo que hacemos y no en las mil cosas que tenemos en la cabeza.

Tal y como explica la experta, «cuando no estamos atentos a lo que está pasando, vivimos en piloto automático y esta capacidad cognitiva que hemos desarrollado tiene sus ventajas puntuales, pero nunca puede ser un modo de vida sano y equilibrado porque está centrado en el hacer, en el automatismo». Algo que, qué duda cabe, también nos pasa entre las sábanas.

Es por ello que el mindfulness puede aplicarse a todas las áreas de nuestra vida, también al sexo. «Si profundizamos en la sexualidad, el piloto automático fomenta relaciones sexuales más impulsivas, ansiosas, con los sentidos dormidos sin conciencia plena».

De forma contraria, «escuchara tu cuerpo y aprender a despertar los sentidos en el desarrollo de una actividad sexual va a aumentar no solo la conexión con la pareja, sino el disfrute propio y mutuo. Cuando la mente no acompaña, el disfrute disminuye boicoteando el orgasmo en muchas ocasiones».

 

LA CREACIÓN DEL «SEXFULNESS»

Si queda claro que el mindfulness puede ayudar a mejorar la experiencia sexual, quizás pueda darse un paso más y crear una filosofía propia para vivir el sexo de otra manera. Lo que sería el sexfulness.

En este sentido, la psicoterapeuta Nicole Prado explica que «en realidad, sexfulnesses una palabra que me inventé hace unos años ante la tesitura de no encontrar una palabra existente que describiera adecuadamente la manera de cómo abordo, personal y profesionalmente, las relaciones íntimas». Así, para ella «el sexfulnesseses la intimidad emocional, relacional y sexual vivida con mindfulness». Algo que en principio tiene todo el sentido.

La idea clave es que «el mindfulness no es una simple técnica que aprendes y aplicas aquí sí, aquí no. Mindfulness es más bien un compendio de actitudes, procesos, estados y recursos interdependientes que, según los vas practicando y viviendo, los integras. Cualquier cosa que hagas entonces, lo acabarás haciendo con mindfulness».

De esta forma, según Prado, a lo largo de su trabajo con la sexualidad de las parejas se dio cuenta de que «la mayoría de las mujeres se han quejado sobre la no presencia de sus parejas durante el sexo. Lo que más tienden a valorar son las miradas a los ojos y ser escuchadas». Así se dio cuenta de que todo lo que había aprendido en el mindfulness podría trabajarse mucho mejor creando una propia disciplina desde esta perspectiva y buscando herramientas propias para dominarla.

 

TAMBIÉN UN POQUITO DE ‘SLOW SEX’

Respecto a cómo se consigue practicar el sexfulness, la experta relata que son múltiples las formas y las herramientas. Para empezar, aprendiendo a meditar «para estar y a ser en el momento presente», pero además reduciendo la velocidad a la que va nuestra mente para «enfocar nuestra atención intencionadamente», lo que en el sexo se traduce como «bailar el baile del aquí y ahora».

Igualmente, Nicole Prado recuerda que «cuando la falta de tiempo, el ajetreo cotidiano o la incompatibilidad de horarios realmente dificultan poder disfrutar de encuentros íntimos de calidad, la práctica de sexfulness puede ser de gran ayuda». Algo para lo que también ayuda el llamado slow sex.

«El concepto de slow sex (sexo lento) lo desarrolló la norteamericana Diana Richardson en un libro titulado Slow Sex. Teniendo en cuenta que mindfulness se basa en prácticas y tradiciones espirituales orientales que son también fuentes de tantra, es lógico que slow sex y sexfulness tengan bastante en común. Lo más destacable, para mí, es que los dos caminos insisten en la importancia de aprender a estar plenamente presente en momentos de intimidad y de tomar la decisión consciente de parar y dedicarle tiempo de calidad».

Para ello, en sus cursos y talleres sobre sexfulness «se investiga a fondo cómo nos sentimos, cómo reaccionamos y qué nos afecta en las interacciones sexuales y/o eróticas y en las prácticas meditativas», sobre todo desde un punto de vista práctico, que muestra a las parejas un nuevo camino, que deben recorrer ellos mismos si finalmente así lo deciden.

Sexfulness: conseguir la atención plena en el sexo