Por Patricia Collyer (psicóloga y periodista)

Aunque pareciera que al menos 100 minutos sería el tiempo ideal de una relación sexual para las mujeres, la vida real dice otra cosa… Al menos para las que están casadas. Al conversar con muchas chilenas, uno se da cuenta que en general la intimidad sexual la viven en sólo en 5 a 10 minutosincluso contabilizando los preámbulos. Respecto de la frecuencia, según una reciente encuesta del portal Ashley Madison, un 36% de las mujeres casadas (y un 45% de los hombres) tiene sexo cada dos o tres meses; solo un 4% lo hace más de tres veces al mes…

Los datos del sexólogo Christian Thomas, director del Centro de Estudios de la Sexualidad (www.cesch.cl), coinciden. Señala que la cantidad ideal de encuentros sexuales a la semana sería de 4 a 5 pero lo que se da con mayor frecuencia es uno semanal (o, en el mejor de los casos, dos). El psicólogo ha llegado a decir que la sexualidad chilena está tan afectada que “existen parejas jóvenes, de entre 30 y 40 años, que tienen relaciones una vez al mes, o incluso menos».

Según la citada encuesta de Ashley Madison, quienes tienen sexo poco frecuente es presa fácil de la infidelidad. Es al menos lo que señaló un 63% de los hombres y el 43% de las mujeres con sabor a poco…Quizás por ello, Chile es buen caldo de cultivo para el éxito de portales de Tecno-infidelidad, que han “arrasado” en comparación con su inserción en otros países latinos.

Probablemente, el temor a este tipo de hallazgos, a los que uno puede llegar asistemáticamente, en Chile nos hemos pasado casi 20 años sin investigaciones serias sobre sexualidad. El último estudio nacional disponible fue realizado en 1998 por el Ministerio de Salud. Recién en agosto del 2014 se anunció la Primera Encuesta chilena sobre Comportamiento, Deseo y Satisfacción Sexual, a cargo de investigadores de la Universidad de Santiago y con apoyo de la psicóloga Nerea de Ugarte, cuyo objetivo es conocer la opinión de nuestros compatriotas sobre un tema sobre el que poco o nada se sabe a ciencia cierta porque hay una notoria falta de estadísticas actualizadas respecto al comportamiento sexual en población mayor de 18 años.

Hay estudios extranjeros o encuestas sobre temas específicos. Por ejemplo, el año 2011 la agencia McCann Erickson dio a conocer los resultados de la investigación «Macho man: radiografía del hombre chileno», la cual entregó algunas luces sobre una realidad que no es muy luminosa. Llevado a cabo en tres ciudades de Chile (Antofagasta, Santiago y Concepción), y en otros cuatro países de Latinoamérica (Argentina, Colombia, México y Brasil), arrojó que sólo un 43% de los hombres chilenos estaba siempre dispuesto a tener sexo para divertirse, contra 72% de los argentinos, un 75% de los brasileros, un 78% de los colombianos y un 74% de los mexicanos. Para un 86% de los chilenos la mejor forma de divertirse era compartir un asado con los amigos y para el 74%, el fútbol, pasando por quienes preferían un buen auto al sexo… A lo mejor sus preferencias se originan en el temor a la nueva mujer que tienen enfrente: un 28% de los encuestados creía que los hombres habían perdido cosas importantes frente a una chilena más empoderada, siendo más fuerte este sentimiento en los santiaguinos de clase media baja. A pesar de todo, más del 50% de los encuestados decía estar satisfecho con su vida sexual.

Si se comparan los resultados de esta encuesta de McCann Erickson con la Encuesta Global de Sexo realizada el año 2005 por la empresa de condones Durex (la que lleva a cabo anualmente), algunas cosas han empeorado en Chile para los hombres. Hace 9 años, los chilenos revelaron tener sexo cada tres días (112 relaciones sexuales al año) y un 69,7% de los hombres dijo preferir el sexo antes que cualquier otra actividad… El sondeo, aplicado ese año en 41 países del mundo, arrojó que un 47,2% de las mujeres mostraba la misma disposición. Sí se observa un cambio positivo respecto del uso del condón ya que según la Encuesta de Calidad de Vida y Salud del año 2000, sólo el 4,6% de los hombres decía usar preservativo y, según una encuesta realizada el 2008 por el diario La Nación, un 24% lo usaba.

Otro tema álgido y poco difundido es el orgasmo. Eduardo Díaz del Río, Director de Fundación en Pareja, señala que a partir de datos de encuestas extranjeras, ha podido concluir que alrededor del 75% de los hombres alcanza un orgasmo cada vez que tiene sexo, mientras que sólo el 29% de las mujeres lo hace. Y del porcentaje restante, entre un 10% y un 15% de las mujeres, nunca lo logra. Además, sólo el 38% de las parejas dice estar satisfecha con su vida sexual pero el problema es que el 58% no se siente cómodo diciéndole a su compañero sexual exactamente lo que quiere en la cama, explica Díaz del Río.

Por ejemplo, ¿saben nuestras parejas que en el hombre la excitación y la etapa de meseta (etapa transitoria antes del llegar al orgasmo) es mucho más rápida que en la mujer? ¿Y que en la etapa post orgásmica, el hombre necesita mucho más tiempo que la mujer para recuperarse y volver a tener una nueva relación sexual?

¿O que el preámbulo es muy importante para la mujer porque en ese juego sexual previo (que debiera durar a lo menos 20 minutos) en ella se producen cambios físicos, corporales y genitales claves para prepararla para el orgasmo (o para una relación satisfactoria), como la lubricación y ensanchamiento de la vagina, la erección del clítoris o la verticalización del útero para permitir la entrada del pene?

¿O que el orgasmo femenino consiste en una serie de contracciones muy rápidas a nivel de los músculos vaginales (entre 3 y 15), del periné, del útero y del ano y que dura, en promedio, unos 13 segundos (con un rango que puede ir entre 6 y 20 segundos o más) y que casi todas las mujeres son potencialmente multiorgásmicas? ¿Y que el orgasmo masculino dura entre 3 y 10 segundos y es uno solo?

¿O han pensado que el orgasmo es corto porque mientras éste se desarrolla, la tensión arterial y los latidos cardíacos suben al doble o más y que la frecuencia respiratoria puede dispararse a 40 respiraciones por minuto o más cuando lo normal es entre 15 a 20, todo lo cual conlleva un significativo aumento del gasto cardiaco?

¿Saben acaso nuestras parejas que si la mujer quiere llegar al orgasmo la masturbación es la clave, razón por la cual hay que elegir posturas que se parezcan lo más posible al modo en que se masturba? La clásica penetración vaginal suele no ser suficiente, siendo clave la estimulación del clítoris y de otras zonas erógenas.

Esto último pareciera que sí ha sido asumido por chilenos y chilenas. Así lo cree la norteamericana Jane Morgan, “Japi Jane”, quien vive en Chile desde hace más de una década y desde hace 8 comercializa juguetes sexuales. “Las mujeres valoran mucho la conquista, la sensualidad, y han aprendido a que no solo con penetrar llegan al orgasmo. Por eso se han destapado y vienen a comprar aceites, disfraces y juegos para disfrutar en la totalidad del sexo”, afirma.

En fin. En todo caso, la ignorancia o la información errada respecto de las características del encuentro sexual sigue siendo significativa. Por ello, no solo respecto del tiempo que dura un coito la realidad es una y la teoría es otra.

Otro ejemplo de esta brecha lo entregó un estudio del año 2011 realizado por el Centro de Encuestas de La Tercera, el cual reveló que en Chile existe un escaso conocimiento de la anatomía femenina ya que un 54% de las mujeres encuestadas no sabía dónde estaba el clítoris: un 31% creía que estaba en la vagina, un 17% lo ubicaba en la pared interior uterina y un 6% no tenía idea.

Por otro lado, mientras un abrumador 80% de los hombres estimaba que las mujeres no pueden tener una relación sexual con un hombre al que no quieren, las féminas predican (y buscan practicar) cada día con más vehemencia la amistad “con ventaja”…

Al respecto, la sexóloga Magdalena Rivera Becker, quien participó hace 3 años en un reportaje del programa Contacto sobre la sexualidad de las chilenas, señaló por entonces que “la mujer chilena habla más de sexo, quiere más sexo y es cada vez más consciente de su derecho al placer y a hacer uso de su cuerpo como le plazca; está cansada de los tabúes las ansiedades y las vergüenzas producto de una sociedad exageradamente culposa”, agregando que “están experimentando un quiebre y reaprendizaje con respecto a algunas idealizaciones románticas en torno a la pareja y la sexualidad; cada vez menos se cree en príncipes azules o una iniciación sexual con fuegos artificiales”.

Por su parte, El Global Sex Survey de la empresa de condones Durex de diciembre de 2013, que recogió opiniones sobre sexo en más de 30 países de los 5 continentes, concluyó que 4 de cada 5 adultos consideraba que una buena vida sexual es parte esencial de la vida y que el sexo es beneficioso para su salud y bienestar porque “pone de mejor humor, hace sentir menos estresado, aporta a ser una mejor pareja, hace sentir más atractivo y da más energía”. El problema es que, a diferencia de los resultados del año 2005, esta vez el 54% de los encuestados no se sentía satisfecho con su vida sexual. Las razones: un 47% porque no llegaba siempre al orgasmo, un 46% porque no tenía tanto sexo como hubiera querido, un 37% porque quería que el sexo durara más y un 37% porque quería más juego previo.

Se ha detectado también que el clima y la cultura influyen en cómo se vive y practica el sexo. Y en un país tan largo y diverso como el nuestro, obviamente se dan diferencias. El doctor Christian Thomas describe la sexualidad del Norte Grande: “En general se vive de forma más carnavalesca (…) Hay más luz, y eso los condiciona porque la luz es fundamental en el funcionamiento del cerebro y de la sexualidad”. Allí, la migración y los trabajos lejos del hogar alentarían la infidelidad. “El norte es de rudeza, mineros, amores ocasionales, de putas. La infidelidad es más propicia como falsa ilusión ante la soledad de hombres y mujeres”, precisa Thomas. Respecto del sur, el profesional señala “por el mismo clima, hay un opacamiento; algo más frío, más distante y melancólico”. En grandes urbes como Santiago, el sexo es amenazado por otros factores. “La sobre estimulación laboral, el consumismo, la tendencia perfeccionista y de rendimiento deja poco espacio a la privacidad y la intimidad, y las parejas -incluso las jóvenes- tienden a dejarse poco espacio para ello, lo que con el paso del tiempo va corroyendo la relación amorosa”, señala la psicóloga Carmen Gloria Fenieux, directora del Centro de Sexualidad.

El año 2012, el doctor Juan Enrique Blummel dio a conocer un estudio sobre disfunciones sexuales entre mujeres latinoamericanas entre 40 y 59 años. Detectó que el 59,8% las presentaba, atribuyéndolas a que casi el 36,4% entre los hombres de entre 50 y 59 años presentaba disfunción eréctil y un 28,2%, eyaculación precoz. Experto en climaterio, Blummel señaló que las causas podían ser emocionales o “técnicas”. O sea, si la pareja se llevaba bien y tenía problemas era fácil de tratar. Sin embargo, los problemas de relación serían más complejos porque, según el estudio, es raro que un problema sexual, de duración prolongada, se desenrede solo; necesariamente hay que acudir a un profesional para que ayude.

Un censo sexual realizado el año 2009 por los realizadores de la película “Grado 3”, arrojó datos respecto de la infidelidad, mostrando que un 70,6% de los hombres y un 68,6% de las mujeres había sido infiel alguna vez en su vida. Un 37% de las mujeres lo había sido con alguien de su pasado y el 36% de los hombres, con alguien desconocido.

Jaime Collyer, en su libro “Pecar como Dios manda”, en el cual investigó la historia de la sexualidad en Chile, entrega un interesante punto de vista: “Bien puede ser que el doble discurso respecto al sexo, la tendencia tan criolla a vivirlo desinhibidamente en privado y hacer un discurso pacato en público, sea fruto de las dos grandes cosmovisiones –la indígena y la hispánica– que nutren a la nación chilena, las cuales, por estar perpetuamente confrontadas, no llegaron a fundirse jamás o conciliar de veras sus respectivas propuestas”.

¿Será que los chilenos estamos condenados a vivir el sexo con esa eterna dualidad: con las ganas de pecar como Dios manda pero con el miedo vivo de enfrentar su ojo inquisidor?

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