Un estudio iniciado en 1938 probó que las madres son determinantes en el futuro de sus hijos hombres; ellas puede influir en la prosperidad que alcance y todo en relación a cuán acurrucado y querido se haya sentido.

Es más, el estudio comprendido en el libro “Triumphs of Experience: The Men of the Harvard Grant Study”, que se editó en 2012, estableció que si esa relación fue distante y mala, él era más propenso a desarrollar demencia en la vejez.

La pregunta que surge entonces hoy es, qué debe hacer una madre para lograr precisamente que el futuro de su hijo sea prometedor. O mejor aún, es tan cierto que la madre es responsable de la felicidad de su hijo.

Carolina Pezoa Carrillos, psicóloga de la Universidad Central afirma que no está en discusión la importancia de las relaciones iniciales en la vida de una persona, pues son los cimientos del desarrollo psicológico y social integral, sano y potenciador.

“El ser humano es un ser maravillosamente dúctil, que a pesar de las dificultades y carencias puede desarrollarse y potenciarse. Por eso, si un hombre no tiene una relación con su madre no se puede juzgar a priori”, asevera.

Una visión similar tiene la psicóloga Cecilia Aretio Aguirrebeña, directora del Programa de Formación de Psicoterapeutas de la UDP, quien señala que, efectivamente, son las madres quienes dejan una huella indeleble en la experiencia del hijo, incluso una vez que llega a ser adulto.

Sin embargo, destaca, que cada vez que hablamos de “madre”, se refiere a la figura que brinda especiales cuidados y protección desde el nacimiento. Por ende, no necesariamente es la progenitora biológica.

Pezoa precisa así, que el desarrollo de las personas depende de muchos factores y no existe una sola variable determinante. “Un niño puede haber tenido una relación inexistente o conflictiva con su madre, pero si ha tenido un vínculo con otros adultos significativos la solidez de su desarrollo sigue siendo potente”, declara la psicóloga.

Por lo tanto, afirma que para ser personas prosperas, seguras y sanas, como lo señala el estudio de Harvard, ya no es necesario dedicación exclusiva de la madre como lo hacían la mayoría de las mujeres de esa época, sino que es fundamental entender que el ser humano necesita, desde su nacimiento un vínculo afectivo.

“El apego con adultos que le sean significativos y con los que se sienta seguro y querido, pues esto será un pilar esencial en su desarrollo psicosocial”, reflexiona Pezoa.

A las nuevas mamás

Para las nuevas madres, y las que están creando relaciones de apego con sus hijos e hijas, la psicóloga Cecilia Aretio llama a trabajar el vínculo, simplemente estando disponibles, calmando el estrés en lo cotidiano, facilitando el goce y la exploración.

“Anímalos a comprender lo que les pasa vía mentalización, porque le ayudarás a construir un estilo de personalidad y un patrón de relacionamiento más saludable hoy, lo que es un factor de protección para toda la vida”, aconseja.

Pero para no perderse, entrega nueve sabios consejos.

– Disponer de tiempo de calidad diariamente para estar con el hijo hija.

– La dicotomía “tiempo o calidad” es una falacia. No hay tiempo de calidad si no hay tiempo disponible en lo cotidiano, en especial durante los primeros años de la vida. Es en los momentos presentes con tu hijo donde se juega lo prioritario para su desarrollo.

– Estar atentas a las necesidades cotidianas de sus hijas e hijos.

– Responder en el momento presente a dichas necesidades con respuestas contingente.

– Reflejar a su hijo lo que ella ve que le pasa. Reflejar la emoción = “leer” emocionalmente a su hijo. Este reflejo debe ser realizado en calma, transmitiendo calma.

– Contenerlo emocionalmente, lo cual implica calmar el estrés.

– Brindar experiencias de exploración gratificantes desde el primer año de vida.

– Estar atentas también a lo que les pasa a ellas frente a las distintas emociones de su hijo/a.

– La presencia física amorosa y expresiva, junto a las experiencias que le transmites a tu hijo, que tu “lo llevas en tu mente”, son vitales para que se sienta reconocido y desarrollo una positiva y realista autoimagen.

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