Por Felipe Landaeta Farizo
Psicólogo Transpersonal

Hace unos días miraba la película “Demolition”, donde un hombre vive el duelo por la muerte de su esposa. En este proceso se hace amigo de una mujer, quien tiene un hijo que se encuentra en el proceso de formación de identidad de la adolescencia. Este niño a veces se pinta las uñas, se hace el rockero, en una escena se pinta los labios y se viste de mujer. Él le pregunta al protagonista “¿crees que soy gay?”.

En un amoroso y brutalmente honesto diálogo el protagonista le hace algunas preguntas y lo guía hacia una respuesta. A este personaje le toca hacer de una especie de padre postizo contenedor, que escucha, dialoga y guía, e independientemente de la respuesta acoge a este adolescente en su incertidumbre.

Este proceso de definición de identidad es un tema evidente y a la vez callado de los hombres. Nosotros atravesamos el túnel desde la adolescencia hacia el ser hombres, proceso masculinizante que comienza en la primera infancia con los colores con los cuales nos visten nuestros padres o cuidadores, sumados a las expectativas que puedan tener.

Germaine Greer en “Mujer Completa” reflexiona en torno al proceso masculinizante, indicando que para muchos hombres se trata de un camino angustioso donde muchos sentimos que debemos pertenecer a un prototipo, y en caso contrario, en el no pertenecer, podemos sentimos aparte de la masa de los hombres.

El prototipo cultural de lo masculino para Greer tiene relación con elementos como la violencia, la fuerza, la capacidad de mando, de manipular el ambiente, y de hacer que otros hagan lo que uno quiere. Desde esta lógica lo masculino tiene relación con ejercer poder sobre otros, con la capacidad, de alguna manera, de someter: a las mujeres, a la naturaleza, a otros hombres, al mundo.

Desde esta lógica recuerdo la película de los 80 llamada “Cuenta Conmigo”, donde unos adolescentes se embarcan en un viaje para encontrar el cadáver de un niño perdido que se supone fue asesinado. El viaje de estos adolescentes está marcado por la confrontación con la muerte, con la incertidumbre y el riesgo, y sobretodo por los conflictos con un grupo de adolescentes mayores que ellos.

Estos conflictos entre ambos grupos están teñidos por la lógica de quién domina a quién, quién es más fuerte, o en otras palabras quién es más hombre. Esta lógica del más fuerte está presente en muchos dominios de nuestra sociedad, y se corresponde con la lógica de “quién caga a quién”. Es la lógica del famoso “dedo de Jara”: “uso mi astucia, hago que te descontroles, te someto y gracias a provocar tu error te gano… y además lo ve mucha gente”. Esta conducta refleja la bajeza a la que podemos llegar con tal de lograr lo que queremos, y de pasada te humillo y dejo claro quien es más fuerte y mejor.

Además, hemos crecido junto a muchas historias de héroes que han superado dificultades gracias a su astucia, y sobretodo por sus destrezas físicas como la fuerza, la velocidad y algún súper poder. El héroe es el centro de alguna historia, y tiene un rol clave en algún logro de relevancia social, cultural, o de la humanidad completa. Estos héroes son muy reconocidos, se destacan claramente por sobre la media, y de una u otra forma llegan a un éxito, en esta vida o gracias a una muerte recordada que los transforma en héroes o mártires.

No son muy conocidas las historias del hombre que vivió junto a su familia en un campo, cultivando la tierra, y colaborando con su entorno. Se espera, parece, grandes obras del hombre en el mundo. Tal vez porque al no poder concebir hijos debemos crearlos a través de obras que nos trascienden. Somos los que creamos cosas, y especialmente los que hemos destruido.

Este desarrollo de lo masculino crea la imagen de que los hombres, y sobretodo lo masculino es más o menos lo que aquí se describe. He escuchado a muchas mujeres hablar negativamente sobre los hombres, incluso sobre los que no conocen. Y también he escuchado a muchos hombres estar incómodos y cuestionar este prototipo.

La identidad del hombre está en juego en este punto, especialmente si para nuestros grupos de referencia el hombre y lo masculino se relacionan con lo que aquí se plantea (y otros aspectos afines). Si yo no soy así, entonces ¿soy hombre?, ¿soy masculino?, ¿pertenezco?… y si soy diferente ¿sigo siendo hombre?, ¿puedo ser masculino sin dominar a otros?… ¿necesito ejercer poder y dominación sobre otros para sentirme más hombre y masculino?… si dejo de dominar, entonces ¿qué hago y quién soy?.

Algunas preguntas para comenzar a pensar y dialogar.

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