Por Fabiola Murga

Vivimos un momento grandioso. Gran número de personas se decide a integrar la dimensión espiritual de la vida a su propia vida. Hoy se hace fácil llegar a informaciones que antiguamente eran prohibidas o negadas por una parte de la sociedad.

Qué significa esto? Que podemos recordar quienes somos y recordar el sentido de estar aquí en esta experiencia de seres humanos, más allá del trabajo, los negocios, la familia, los pagos. Más allá del nivel de sobrevivencia como un ser humano en la vida terrestre, aparece la dimensión espiritual de la vida que nos trae una profundidad y conocimiento sobre nuestra relación con aquello invisible a los ojos físicos.

Se abre una relación con el universo y ésta nos empodera para ir creando una vida cada vez más propia, más consciente, menos mecánica. En definitiva, podemos ir alejándonos del sufrimiento mediante un conocimiento que sólo podría definir como autoconocimiento. Aquél que nos torna conscientes.

 

EL ENCANTAMIENTO

Una vez que comenzamos a recordar que somos seres sin forma, que apenas contamos con un cuerpo físico, con una mente, con emociones, en fin, con todo un sistema inteligente que conforma nuestro mundo y nuestro YO-ego, percibimos que somos ilimitados.

Luego, percibimos que este YO identificado por las formas y sensaciones nos permite tener las vivencias, entonces sólo nos resta asumir el poder de conducción que hasta entonces estaba en el olvido. No somos más nuestra personalidad limitada y encajada, somos aquello anterior que no podemos ver sino tan sólo sentir, percibir.

Frente a esta posibilidad ilimitada de ser nos deslumbramos. Comenzamos a oír conceptos como PAZ, AMOR, SALUD, ABUNDANCIA, ARMONÍA y simplemente nos vemos encantados. Realmente queremos esto en nuestras vidas.

Atraemos libros, personas, películas, terapias, talleres que nos llevan cada vez más a un mundo que queremos experimentar y que nos realiza desde su presentación conceptual, es decir, cuando aún no los hemos probado. Vamos intentando.

En este momento del camino es cuando sin percibir comenzamos a compararnos con esos conceptos tan ideales. Aparece nuestra mente juzgando lo bien o mal que estamos en relación a la meta de Paz y Armonía que ya empezamos a conocer. Las críticas, juicios y condenas sobre nuestro pasado y sobre el resto se hacen comunes.

De cierto modo aparecemos como sombríos frente a nosotros mismos y nos vamos juzgando como distantes de ese SER DE AMOR PURO que sabemos que somos pero que aún no lo experimentamos como el YO que conocíamos hasta ahora. Aún no es nuestro YO cotidiano.

Algunas acciones nos hacen creer que aún no llegamos a la meta. Que necesitamos mucho para ser el ser iluminado que somos esencialmente. Nos vemos como menos o malos en alguna parte de nuestro ser.

 

LA INSEGURIDAD

Buscamos caminos y herramientas que nos ayuden. Queremos la paz interior, además de saber que somos buenos y que estamos yendo bien.

Y sin percibir estamos viviendo esta área profunda o espiritual de nuestra vida con la misma dinámica que vivíamos antes de tener consciencia. La comparación, las críticas, juicios y condenas forman parte del ser humano anterior, dormido por no recordar que somos Dioses en acción.

Y es aquí donde la inseguridad puede ser trascendida. Donde por un lado reconocemos a un YO-personalidad muy distante de la luz que queremos y, por otro lado, reconocemos que buscamos ansiosamente que algo nos asegure el camino hacia la meta, queremos garantía y la buscamos fuera. Queremos nuevamente que algo que hacemos o tenemos nos garantice el pasaje al SER ILUMINADO.

Reconocemos la necesidad de seguridad para ser alguien vs inseguridad por ser quien somos.

 

LA AUTO-OBSERVACIÓN

La simplicidad de la vida nos abisma. La posibilidad de simplemente vivir el momento presente es extraña. Por eso parece una práctica demasiado simple para nuestras mentes acostumbradas a detallados y lógicos manuales.

Sin embargo, en el momento presente es donde podemos observarnos y no hacer nada con lo que vemos de nosotros mismos.

La auto-observación libre de críticas nos abre el camino de abrazarnos, de reconocernos y de jugar a mirar nuestras sombras y personajes internos como lo que son: personajes. La desidentificación con ellos es la trascendencia de lo seguro y la inseguridad.

Así, la meta no es ser este o aquél SER ILUMINADO, sino ser quien soy en el ahora observándome.

Así, conocemos al SER que simplemente somos.

 

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