Por Fernando Sánchez, alumno programa de Certificación en Coaching Ontológico Integral, PCCO 2019 Asersentido

En los procesos de quiebres de transparencias personales, como mirar elementos de la vida de cada uno que están siendo disfuncionales y nos quitan nuestra tranquilidad, hay grandes costos.

Algunas veces estas situaciones que ya no son transparentes, ocurren por un despertar personal/espiritual espontáneo, pero la mayoría suceden por hechos o circunstancias que la vida nos pone en frente y nos es imposible soslayar. La vida nos obliga de una manera u otra.

Así se nos instala una piedra en el zapato, nos molesta, al caminar nos hace daño y cada vez parece más grande, es imposible no sentirla.

De esta manera, comenzamos a pasar por la llamada “noche más oscura” , donde miramos todas las pérdidas que ha tenido en cada uno la forma de ser con la que hemos vivido hasta ahora. Vemos como nos hemos dañado a nosotros mismos, muchas veces como nos hemos transgredido y también como hemos dañado a los demás, especialmente a los que más queremos. Vemos como hemos ido actuando inconscientemente y desconectados de nuestro corazón.

No es un camino fácil sostener esa oscuridad, por lo general no nos gusta mirarnos, ver nuestras acciones y juicios, que son producto de nuestros aprendizajes adquiridos y nos han quitado la paz.

Es valioso quedarse un momento en esa oscuridad para poder decantar el daño, y sumergirnos en nuestro mundo emocional, como el dolor, lo importante y transformador que es habitar nuestra vulnerabilidad. Sólo eso nos puede llevar a sentir que ya no queremos vivir desde ese lugar que hemos aprendido a ser, que no nos contribuye y decir no más, cuando sea necesario, no me hace bien a mi y al lugar donde habito, en este universo.

De la noche más oscura sacamos la fuerza para tomar las riendas de nuestra vida y decidir una transformación personal, para mirar que lo que en algún momento me sirvió para la vida, quizás hoy ya no nos ayuda a caminar. Además podemos mirarnos en que es lo que podemos rescatar de eso y también entender que no tenemos que castigarnos y que finalmente era lo que mi nivel de conciencia en ese momento me permitió hacer, lo mejor que pude hacer.

Decido salir del triángulo que me quita poder: víctima, victimario y salvador. No responsabilizo a nadie y a nada de lo que me ha ocurrido, ahora soy protagonista de mi vida.

Cuando entiendo que nada es afuera y todo es adentro, comienzo a hacerme cargo y a mirar cuál es el aprendizaje que tengo que incorporar para una nueva forma de ser, que este requiriendo en mi vida. Integro que hay costos que asumir para que esta transformación suceda, que muchas veces implica, soltar, dejar lugares, caminos y personas. Además, asumo que el dolor es valioso y que aunque no me guste, me incomode, lo abrazo, y le permito habitar en mi, escucho su mensaje de alerta para elegir una nueva vida.

Solo transitar la pérdida real, con sus costos, nos lleva a buscar una nueva forma de ser y entender que la transformación global, comienza por la interior y así no tenemos porque responsabilizar a nuestro entorno de nuestra paz.

De la noche más oscura sacamos la fuerza para decidir una transformación personal

Hago esta reflexión ontológica porque siento que es lo que nos está ocurriendo como sociedad y como país. Nos estamos transformando, con dolor, con pérdida y tomando conciencia, entendiendo que no podemos seguir actuando de la misma manera. Que la responsabilidad es personal y no de lo externo y que queremos vivir “más bonito” como decía un niño en una marcha. Con todo lo que la vida nos trae, alegrías, dolores, fracasos y éxitos, pero en conciencia.

Como ser orgánico, hay elementos dentro de esta sociedad que se resisten a la transformación, que todavía no despiertan, que nos les parece lo suficientemente doloroso vivir de esta manera, que han normalizado el tener, el parecer por sobre el ser. Que el lugar del aparente confort, que aunque es incómodo todavía lo pueden sostener.

Ineludiblemente, la energía transformadora de la mayoría de los elementos de esta sociedad van a mover a los que se resisten hacia otro lugar, lo quieran o no, ya está ocurriendo. Precisamente ahí está la esperanza y si queremos llevarlo a nivel transcendental ahí está la fe de que lo que tiene que ocurrir va a ocurrir.

Les dejo esta reflexión porque somos parte de una orgánica universal, somos más que la suma de cada uno, somos el todo y la transformación personal, transforma la realidad en que vivimos.

Es momento de comenzar por uno.
Fraternalmente,

Fernando Sánchez A.

Alumno programa PCCO Asersentido 2019