Por Carla González C.

Hoy, pocos se salvan de vivir en piloto automático. No conocernos en lo más mínimo y actuar de manera inconsciente sin fijarnos ni siquiera en el ritmo de nuestra respiración, son males de la vida moderna que la experiencia del mindfulness puede ayudar a solucionar.

Puede que para la mayoría, el término “mindfulness” resulte desconocido; un nuevo concepto que se presenta como una alternativa para hacernos entender que la forma de vida que llevamos no es saludable, invitándonos a ser conscientes de ello para poder solucionarlo.

Sin embargo, el término fue creado hace más de dos mil años y nació precisamente como “un camino que buscaba enfrentar y superar el sufrimiento humano”. La idea entonces era presentar esta amargura, mirarla y afrontarla, todo esto desde la raíz de lo terapéutico.

“Mindfulness es un anglicismo que viene de otras palabras antiguas. Tiene un origen budista, del sánscrito Smrti, que tiene varios elementos, pero que se relaciona con la atención, concentración y presencia en el momento. Occidente tomó el término hace unos 30 años, pero se trata de una práctica que viene cultivándose hace mucho tiempo atrás”.

Lo anterior es descrito por Claudio Araya, psicólogo de la Pontificia Universidad Católica de Chile y uno de los profesionales que actualmente practica el mindfulness en nuestro país, específicamente para la reducción de estrés, quizás uno de los padecimientos que se ha visto más beneficiado con esta técnica.

Para el especialista, esta práctica no puede ser tomada como una terapia o un medicamento que se ingiere sólo por un periodo de tiempo, sino más bien se trata de una forma de vida que permite de alguna manera reencontrarnos con el presente y desde ahí “volver” desde otros tiempos en los cuales la mayoría se encuentra estancado.

A pesar de que lo anterior puede resultar extraño, después de todo estamos precisamente viviendo en el presente, hay un porcentaje muy grande de personas que “no están” en el hoy, sino pensando en lo que tienen que hacer mañana, en cómo solucionar problemas que lo más probable es que aún no se presenten o atrapados en lo que sucedió ayer y en recuerdos que – lo más probable – no valgan la pena.

Al respecto, el psicólogo dice que “todo ser humano tiene la capacidad de estar atento al momento presente” y por lo tanto nadie estaría ajeno a “volver con aceptación” al hoy de manera consciente y de la mano de nuestros sentidos.

 

“VIVIR EN EL HOY” ES TERAPÉUTICO

Desde hace 30 años que importantes universidades como las de Harvard y Oxford, junto con destacados investigadores han estado estudiando los beneficios del mindfulness y de cómo aplicar técnicas de meditación, respiración y yoga pueden producir efectivamente cambios en el ser humano.

Entre esas cosas que caracterizan a este método y que han podido ser motivo de estos estudios está – en palabras de Claudio Araya – su capacidad de ir más allá de ser “una técnica de relajación”, pues no se trata de deshacerse de los problemas, dejándolos atrás o minimizando su importancia, sino que de tener la conciencia de tomar la vida tanto con sus cosas agradables como con las desagradables.

Por otro lado, y acerca del uso de las herramientas antes mencionadas, el terapeuta menciona que son recogidas y utilizadas por el mindfulness, en este caso “a través de la meditación sentada y de un suave hatha yoga”.

A estas prácticas formales, el psicólogo suma las informales que tienen que ver con la aplicación de la técnica en actividades cotidianas como “caminar, comer, hablar, escuchar, etcétera, pero siempre con atención plena. Eso lo hace un método bien occidentalizado, tratando que todas las respuestas sean efectivas a la vida que llevamos aquí, después de todo ninguno de nosotros es un monje que vive en un retiro”, manifiesta.

Y precisamente porque estamos inmersos en la rutina es que para este especialista se presentan tantos trastornos – “males de la vida moderna” como la depresión, el estrés y la ansiedad – que pueden perfectamente desprenderse de la no-conciencia por el momento presente y la poca capacidad de detenernos.

 

EL MINDFULNESS ES UN ANTIVIRUS CONTRA EL PILOTO AUTOMÁTICO

No nos tomamos tiempo ni siquiera para respirar. Así de drástico es el diagnóstico que hace Claudio Araya al momento de observar el comportamiento del ser humano de este siglo. Transitamos por la vida siempre rápido, buscando resultados “express” a todo, pensando en qué será de nuestra vida mañana, todo siempre a largo plazo sin siquiera contemplar lo que ahora nos sucede.

Con esto dice que “mindfulness plantea algo muy simple (y complejo a la vez) que es volver a nuestra respiración y a nuestro estado natural, siendo a modo de metáfora como un antivirus anti-piloto automático. Es poder ponerle cortafuegos a nuestra agitada vida”, postula.

Consciente de que hoy existen muchas alternativas para meditar, para lograr el control de la respiración y más aún lugares donde poder practicar yoga, el psicólogo indica que a diferencia de todo aquello el mindfulness “es una actitud y una herramienta de volver a nuestros sentidos tal cual como los tenemos en el momento presente y en eso se diferencia, por ejemplo, de algunas técnicas de meditación donde se usan imaginerías, visualizaciones o cierto tipo de desconexión”.

A ello agrega que “el mindfulness en ese sentido es minimalista, donde más que crear nuevas realidades, es mirar con ojos de principiante lo que uno ya tiene. Es como volver a casa más que descubrir algo nuevo”, explica.En relación a cómo una persona puede cambiar sus hábitos de vida, Araya menciona que hacer de esta técnica parte de lo cotidiano, permite lograr que el paciente se haga responsable de su cambio y también de la toma de conciencia frente a sus acciones. Con ello asegura que se ha observado una disminución notable en los índices de estrés, quizás uno de los trastornos a los que más apunta este trabajo.

Entonces, tomar conciencia de qué es lo que hacemos para terminar enfermos, de nuestra postura corporal y respiración, comprometernos y tomar medidas para finalmente recuperar nuestra salud y disfrutar del ahora son los principales objetivos del mindfulness, experiencia que no necesita de retiros alejados, sino de la práctica diaria y constante. Es una suerte de “scanner corporal” del cual cada uno debe hacerse responsable.

 

EL MINDFULNESS Y LA BIOLOGÍA

Regular las emociones, la activación del hemisferio cerebral izquierdo – donde se encontraría la felicidad – y otros efectos a nivel neurológico tan sorprendentes como el cambio en la morfología del cerebro, son actualmente estudiados por científicos y profesionales como Richard Davidson (director del Laboratorio para las Neurociencias de los Afectos), David Goleman (psicólogo y padre de la inteligencia emocional) y Jon Kabat-Zinn (Doctor en biología molecular y fundador del Centro para la Plena Conciencia, Estados Unidos).

Frente al posible efecto placebo que podría tener esta experiencia, Claudio Araya dice que investigaciones al respecto han concluido que pacientes de mindfulness consiguen importantes resultados, que difieren de quienes han sido sometidos a talleres relacionados con otras actividades.

Por su parte, el médico español y catedrático de Psicobiología de la Universidad de Valencia (España), Doctor Vicente Simón, comparte para Punto Vital su artículo “Mindfulness y neurobiología”, texto donde resalta la importancia de los avances tecnológicos para conocer acerca de cómo las emociones afectan a nivel neurológico.

Al respecto, el académico menciona que “estas técnicas nos están permitiendo conocer la interacción mente-cerebro por primera vez en la historia de la humanidad y ellas han podido hacer posible saber lo que sucede en el cerebro cuando se practica el mindfulness”.

De esta manera, el Doctor Simón menciona que “desde el punto de vista científico, podemos definir mindfulness como un estado en el que el practicante es capaz de mantener la atención centrada en un objeto por un periodo de tiempo teóricamente ilimitado”, o sea, “es mantener viva la conciencia en la realidad del presente”.
Así, manifiesta que “cuando la información procedente de los órganos de los sentidos se abre paso a través de sistemas sensoriales hacia zonas cada vez más elevadas del sistema nervioso, se ve constreñida y modelada por la actividad nerviosa de extensas redes neuronales, que la filtran con criterios basados en la experiencia vital previa de cada sujeto”.

Esto es reafirmado por el psicólogo chileno quien sostiene que el mindfulness se presenta no para enfrentarse a una reacción automática, sino más bien a una “con mayor atención y conciencia”.

Lo anterior sin duda puede trabajarse y los estudios que se han realizado al respecto han arrojado que “en ciertas zonas del cerebro de los meditadores existía un grosor mayor de la corteza cerebral”, lo que demuestra en palabras de Araya que “la experiencia del mindfulness no sólo provoca cambios funcionales transitorios, sino que también deja huellas estructurales en el cerebro”.

Para el Doctor Vicente Simón en tanto, “con la práctica prolongada del mindfulness, se producen cambios neurológicos duraderos en las zonas cerebrales cruciales para los procesos de integración, cambios que, yendo más allá de la actividad concreta que los provocó, acaban modificando una gran cantidad de comportamientos y formas de reacción del individuo”.

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