Por Pilar Sordo

En una conversación con su abuela, ella le dijo:

“…no entiendo por qué hoy la gente no se ríe y no se ve feliz, cuando en mi época teníamos que lavar de rodillas , hacer la comida desde cero porque no existía nada preparado ni en conservas, lavar pañales, encender la estufa con carbón, andar a pie o en micro, etc. etc…”.Entonces, la investigación consistió en indagar ese por qué, es decir, por qué la gente no se ve feliz.

Primero, descubrió que existe ‘un culto o respeto’ al mal genio. Es decir, la gente respeta y considera ‘importante’ a la gente que anda con el ceño fruncido o que no se ríe. “En una revista aparecieron las fotos de los 10 Gerentes Generales de empresas que se ganaron el mejor lugar para trabajar, en Chile: a lo más 3 sonreían….”.Hoy si te ríes o llegas a la hora pareciera que no tienes nada que hacer, es decir, eres poco importante.

Los médicos, si atienden a la hora, es porque ‘no tienen pacientes’. Pareciera que hoy, el que se ríe es el que tiene que ir al psicólogo (“hazte ver”).La persona sonriente tiene que entrar a explicar por qué está así. Sin embargo, a la amargada no se le pregunta porque ‘eso es normal’.

Imaginen el ejemplo a nuestros niños, no aprenden a sonreír. La sociedad será cada vez más seria.

Segundo, existe el fenómeno de la “invisibilidad”: no vemos a las personas de nuestro entorno. No se ‘personifica’, nadie es llamado por su nombre, ni menos se saluda, especialmente a personas que otorgan servicios a nuestro alrededor como las que hacen el aseo, guardias de seguridad, el jardinero, etc. También la gente es conocida por lo que hace y no por lo que es.

Días atrás fueron a instalarme unas cortinas, me presenté y le pregunté el nombre al cortinero. El cortinero se quedó pensando y me dijo: sabe Sra. Pilar, yo casi no uso mi nombre porque yo soy “el de las cortinas”. Lo cierto es que cuando le preguntan el nombre a alguien, éste se asusta, porque normalmente es para retarte o acusarte al jefe.

Un simple saludo puede ‘cambiar’ el ciclo de la sociedad,

La gente que saluda, que es amable, que mira y respeta a los demás no se nota en el día a día, pasa ‘piolita’. Los que sí se notan son las personas agresivas, los que gritan y atropellan. Es decir, la sociedad fomenta este tipo de personas transformándose en modelos a seguir por los jóvenes.

Incluso hoy se está “capacitando a las personas para ser amable”.

Otra costumbre que atenta contra la felicidad es esa manía de “guardar cosas”.

Por ejemplo, manteles, copas, cuchillería, etc., etc. Yo me crié creyendo que las aceitunas eran sólo para las visitas, y si mi apuran, también el maní. Lo peor de esto es ¿para quién o para qué se guardan estas cosas? ¿Para las visitas que no sabemos quienes son ni cuando vendrán? Por último, si supiésemos quienes son, los podríamos llamar para decirles que se apuren en venir para usar esas cosas…!.

Mi papá (con vergüenza) me contó que iba a botar una botella de champagne vencida, que compró cuando yo nací, hace 43 años atrás, es decir, nunca la usó para celebrar algún logro mío. Y así estamos todos, paralizados esperando que el resto empiece a hacer algo, que salude, etc.

¿Qué hacer?, ¿cómo ser feliz?:

Primero: “Decidir” ser feliz.
Es una decisión personal sonreír, ser amable, saludar, ver a las personas, ser positivo y no hacerle caso a los que cagan la onda, a los mal genio, a los que no saludan, etc.

Ser feliz con las desgracias reales incluidas. Uno puede andar contento o sonriente aunque tenga penas o tristezas (ejemplo, a Pilar se le murió el marido y anda dando charlas ….”feliz de la vida”” dice una vieja mal hablada… pero ya se va a dar cuenta que se le murió el marido y …).

Segundo: “Ser agradecido”.
Si yo pregunto ¿cómo fue tu día ayer? y me dices “como todos, común y corriente”, ¿has pensado en la ducha caliente, en la cama blanda con ricas sábanas, en que vas a alguna parte y te subes al auto, o en la comida, o que tu familia está con buena salud, etc. etc.?. Pues debes tener claro que, todo eso no lo tienen todas las personas, más de la mitad del planeta no tiene agua caliente para bañarse.

Y tercero: Vivir el Presente.
Disfrutar del hoy y ahora. No ducharse pensando en lo que voy hacer o dejé de hacer, si no disfrutando la sensación del correr del agua por nuestro cuerpo.

No creamos, ni practiquemos el dicho: “la risa abunda en la boca de los tontos”.